Viernes, 28 de julio de 2017

Día de la madre, día de toda la familia

Todos debemos dedicarlas nuestro cariño y todos debemos celebrarlo a lo largo de todo el año. El amor de madre es tan grande y desinteresado que, aunque no se sienta correspondido,  nunca lo manifestará. Desgraciado el hijo que hace sufrir a su madre

Nunca me declaré entusiasta de esa moda, inventada por las grandes superficies, de dedicar de forma interesada y unilateral determinados día al padre, la madre, los abuelos – y así hasta encontrar motivos para completar los 365 día del año- porque, detrás del consabido bombardeo publicitario, adulteran la propia iniciativa de quien debería acordarse de sus seres queridos no solamente ese día. Hablando del padre, la madre o los abuelos, que son los pilares en los que descansa la familia, conviene dejar muy claro que el hecho de celebrar el día de cada uno de ellos debe ser razón suficiente para que toda la familia ponga de manifiesto sus verdaderos sentimientos hacia ellos.

            En este día dedicado a la madre estamos todos involucrados; los que tienen la suerte de tenerla en este mundo, y quienes la hemos perdido. En el primer caso, porque todos llegamos a este mundo con la intervención de una madre, todos somos hijos y nunca haremos lo suficiente para corresponder al amor y la entrega de la nuestra. Por eso, creo que este día debe ser, sobre todo, el día de los hijos; aunque el mayor regalo que un hijo puede hacer a su madre es acordarse de ella todos los días. Eso que todos tenemos tan claro, debemos reconocer que, de vez en cuando, se nos olvida. Solemos auto-disculparnos escudándonos en los quehaceres diarios para acallar nuestras conciencias. En la época del coche y el móvil, pocas veces encontraremos motivos para no dedicar unos minutos para ver o hablar con nuestra madre. Se nos olvida con mucha facilidad que, siempre que tuvimos dificultades, estaba a nuestro lado para escucharnos, y luego aconsejarnos; De niños, robándose horas de su sueño cada vez que protestábamos llorando; de mayores, cada vez que nos separábamos del camino que nos había indicado; más de una vez, para que pudiéramos llorar o reír en su regazo. Todos hemos tenido una madre que ha pasado la noche en un sillón, junto a la cama de aquel hospital.  Y todos, creyéndonos adultos antes de tiempo, con frecuencia tuvimos que decir aquello de: ¡Qué razón tenías, mamá! Siempre, siempre, desearon lo mejor para todos nosotros; cuando flaqueaban nuestras fuerza, allí estaban ellas para estimularnos; y cuando alcanzábamos nuestras metas, para alegrarse tanto como nosotros. Somos carne de su carne. En este día, mi recuerdo más sincero es para tantas madres ancianas que lo celebrarán en una residencia, lejos de su casa y, en demasiados casos, lejos de los suyos. Lo peor es que también  estarán solas otros muchos días del año.

            Cuando la desgracia llega a tantos hogares y desaparece el cabeza de familia, siempre surge la figura de la madre que carga con toda la responsabilidad para sacar adelante a su familia. Por desgracia, cuando es la madre la primera que falta, la marcha del hogar se ve más afectada. Todos los que, por culpa de los años o la enfermedad, hemos perdido a nuestra madre, tenemos las mismas razones para acordarnos de ella, este día y los demás. Por muy anciana que sea una madre, el día que fallece, siempre es demasiado pronto. Si somos creyentes, dedicándola nuestras oraciones, para que interceda por nosotros y pueda abrazarnos y besarnos cuando estemos a su lado. No en vano, todo creyente, el día de la madre celebrado en el mes de mayo, encuentra la ocasión más propicia para acordarnos de la Madre del cielo, de la que tanto esperamos. Estoy seguro de que los no creyentes se acuerdan de la suya con el mismo cariño.

            Lo normal es que, en cada una de nuestras familias, además de la propia madre, haya otras madres en las personas de esposas, hijas, hijas políticas, hermanas, etc. Todas ellas deben gozar de nuestro cariño, porque en todas ellas estaremos viendo a nuestra madre. Por eso, creo sinceramente que el día de la madre debe ser también el de esposos, hijos y, en general, el de toda la familia. Todos debemos dedicarlas nuestro cariño y todos debemos celebrarlo a lo largo de todo el año. El amor de madre es tan grande y desinteresado que, aunque no se sienta correspondido,  nunca lo manifestará. Desgraciado el hijo que hace sufrir a su madre.

Francisco López Celador,

teniente coronel (R)

(Natural de Cantalpino)