Miércoles, 26 de julio de 2017

Tolerancia cero, juicio claro/justo y perdón que recrea

Según noticia oficial del pasado 20.4.17,

“el R. P. Pedro M. L. A. (ex-general de su Orden Religiosa), por decreto emanado de S.S. Francisco, ha sido dimitido del estado clerical y de la Congregación religiosa, por lo tanto ya no es más sacerdote ni religioso de la Orden. Esta decisión, que es inapelable, apenas conocida ha sido informada al ex sacerdote y se ha decretado después de un atento estudio del caso denunciado el año 2013, dado el grave daño a la dignidad sacerdotal y a los compromisos religiosos” (http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=33506).

Se trata de una noticia importante, pues el R. P. M. L. A. ha sido General de su Orden y hombre significativo de la Iglesia de Chile (postulado en su tiempo como obispo de Calama).

El caso y sentencia se produce en una Iglesia “ejemplar”, donde siguen pendientes (noticia casi diaria de prensa) varios casos de ese tipo. Su “condena” puede servir así de ejemplo (para bien y para mal) de otros pendientes, en los que se está poniendo en juego la misma viabilidad (pecado, justicia y capacidad recreadora) de la Iglesia Católica en cuento institución clerical.

El caso me afecta en especial porque el R. P. Pedro M. L. A. ha sido mi amigo y superior, y se comportó siempre conmigo de un modo exquisito, en justicia, humanidad y comprensión. Parece claro que tuvo en su juventud unos “deslices” fuertes por los que ahora, pasados más de decenios, ha sido juzgado y condenado, conforme a un tipo de tolerancia cero, pero con un juicio que no me parece claro y sin apertura al perdón personal y a la rehabilitación del agresor (en este caso el R. P. Pedro M. L. A.).

Por eso apelo a la triple doctrina TJP: Tolerancia cero, juicio claro y perdón que recrea no sólo a las víctimas, sino también al agresor, que en este caso es amigo mío. En vez de esa doctrina, la sentencia apela de forma altisonante “al grave daño a la dignidad sacerdotal y a los compromisos religiosos”, de un modo que me parece poco humano (¡parece que el Sábado importa más que el Hombre) y poco evangélico, pues en el evangelio importan los hombres (víctimas y también los agresores, que en otro plano son víctimas) y no la “dignidad sacerdotal etc.”.

Este “decreto de condena” (sin claridad judicial, ni perdón y rehabilitación de víctimas y agresores…) se atribuya a SS Francisco. No sé si el Papa Francisco lo sabe y se ha enterado del caso, o si le han hecho firmar “por rutina”. Sea como fuere, me parece una sentencia deplorable (¡yo la deploro!), por lo poco clara (no ha habido juicio público) y su nula finalidad evangélica (que debe ser siempre el perdón y la recreación de las personas).

Ciertamente, me parece esencial la T (=tolerancia cero), pero esa T sólo tiene sentido humano y cristiano con la J (juicio claro, con defensa de la víctima y consideración de las circunstancias) y con el P (perdón como proceso de recreación personal y eclesial). He estudiado el caso con cierta detención, partiendo del evangelio de Mateo y Juan (que son los que más insisten en el tema) y no desde el CIC. Siga leyendo caso quien lo crea importante.

Introducción. El caso R. P. M. L. A.

Poco después conocerse la primera noticia de la acusación y del juicio (24.09.2013) le escribí este blog una “carta pública”, con nombre fingido (http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2013/06/24/p336423#more336423). A esa carta remito para el mejor conocimiento del caso (anejo 2), con el texto de con algunas “declaraciones” oficiales sobre el juicio (anejo 2, donde aparece el nombre completo del agresor “condenado”).

Ahora pasados 4 años se ha publicado la sentencia oficial (inapelable) del Vaticano y ante ella quiero elevar, por un lado, mi respeto y, por otro, mi más honda preocupación y protesta por el modo en que se pronuncia y por la forma en que deja indefenso y condenado en la Iglesia (¡no rehabilitado!) no sólo al R. P. M. L. A. (que se ha reconocido culpable) sino también a sus víctimas.

En ese contexto quiero poner de relieve los tres presupuestos que me parecen esenciales y que, a mi juicio, no han sido bien aplicados. Este sentencia es, a mi juicio, injusta jurídicamente (no ha habido defensa pública) y poco cristiana (pues no sirve para rehabilitar a las víctimas y al agresor), conforme a los supuestos indicados: Tolerancia cero, juicio justo/claro y perdón (con rehabilitación de víctimas y agresor).

1. PRINCIPIO. TOLERANCIA CERO

Este es el punto de partida: Hay en el evangelio un pecado que, en sí mismo, es “objetivamente imperdonable”, que va en la línea del pecado contra el Espíritu Santo, que se expresa de dos formas fundamentales, que se vinculan entre sí y que en el fondo se identifican:

a. Es imperdonable en principio e pecado de los que escandalizan/hacen caer a “uno de esos pequeños”, no sólo en el campo sexual (como puede ser la pederastia), sino en el amplio campo afectivo y familiar, económico y social, destruyendo a los pequeños (es aprovecharse de ellos). El evangelio es en este plano absolutamente claro: “Más le valdría que le colgaran (o se colgara él mismo) una piedra de molino al cuello y se echara al mar…”. La vida de un violador de menores (en campo sexual, afectivo, familiar, social, educativo…) es una vida peor que la muerte.

b. Es imperdonable el pecado de los que impiden que se “cure” (que Jesús cure/ayude) a los pequeños, propio no sólo de quien lo comete directamente, sino también de los “colaboradores” indirectos, entre los que destacan la autoridades sociales o eclesiales (en el caso de Jesús un tipo de “rabinismo” judeo/cristiano). Éste es para Jesús un pecado aún mayor que el anterior: Es el pecado de iglesias-estados (estamentos sociales, corporaciones…) que impiden de un modo directo o indirecto que se cure/ayude a las víctimas.

Ambos pecados (el de los violadores/opresores directos de los pequeños y el de los que ocultan el pecado y se aprovechan de ello…) son en sí mismos imperdonables, los únicos que el evangelio condena sin más.

No quiero exponer más el caso, pues lo he tratado por extenso en mi Comentario al Evangelio de Marcos (Verbo Divino, Estella , 2013) y el Comentario de Mateo (Verbo Divino, Estella 2017). Este pecado en sí es imperdonable, pero precisamente por eso Jesús ha venido a ofrecer un camino de perdón y de rehabilitación en este campo, para víctimas y agresores. Sólo a partir de una “tolerancia cero” de tipo institucional se puede seguir tratando el caso.

2. CAMINO JURÍDICO. JUICIO CLARO (=JUSTO)

En el caso del R. P. M. L. A. estamos ante un “juicio” de la Iglesia, que ha asumido el ámbito eclesial (en el ámbito civil parecía ya prescrito) y ha dictado una sentencia de “exclusión” clara y precisa: “ha sido dimitido del estado clerical y de la Congregación religiosa”. Éste es un caso que se ha llevado en secreto, y eso es lo que me preocupa y revuelve.

a. Por dos veces he querido “acercarme” por carta o teléfono al R. P. M. L. A., y me han dicho que se trata de un asunto es “secreto”, que el presunto agresor está “recluido” por mandato de la Santa Sede, sin comunicación exterior.

b. Que yo sepa, el R. P. M. L. A. no ha tenido un juicio público, con abogado defensor y testigos, como exige la justicia humana de nuestro tiempo, en todo país “ilustrado”, como es Chile (donde la justicia pública, con ser imperfecta, ofrece unas garantías mucho mayores de verdad y de humanidad que un tipo de justicia eclesiástica). Todo se ha resuelto en secreto, desde arriba, quizá con gran amor.

c. En un caso como éste hay que distinguir (y vincular) el juicio civil (¡que suele ser mucho más cristiano, pues se hace con abogado defensor, en vista pública!), y el eclesiástico, en secretismo, sin posible defensa. Un amigo personal, que ha sido también amigo de R. P. M. L. A., presbítero de un país de lengua portuguesa, me escribe indignado:

Xabier, não consegui dormir direito. Estou indignado... Não posso entender que a estas alturas a Instituição eclesiástica continue julgando como na época do absolutismo, sem um tribunal de defesa. Para mim é impensável. Sí, Xabier tu vives afirmando que temos que voltar ao Evangelho e estás certo. Importa voltar às origens de uma maneira nova. Viver o Evangelho, é disso que se trata.Tudo isso é verdade, mas a instituição eclesiástica tem que voltar para o HOJE, para a modernidade: em nenhuma instância jurídica se julga alguem sem um advogado de defesa. Este é um direito do "criminoso", pelo simples fato de ser humano. A Instituição religiosa (este nome me deixa indignado) continua absoluta e faz o que quer e acha por bem… No que se refere ao do Chile (RPMLA) não nego que tenha feito algo errado, não desejo passar a mão por cima, o que não posso tolerar é a forma como tudo isso está sendo feito…

Junto a la “tolerancia cero” (más le valiera que se hubiera echado al fondo del mar…), el evangelio ha puesto de relieve en estos casos tres principios básicos:

a. No juzguéis… (Mt 7, 1 par). Jesús no ha venido para juzgar y condenar, sino para abrir un camino de gracia más allá del juicio. Eso significa que todo lo que se haya hecho con R. P. M. L. A. (¡en cuatro largos años de juicio!) ha de estar al servicio de su rehabilitación (y de la rehabilitación de las víctimas), no es un tipo de justificación eclesial ni de venganza.

b. El que esté limpio que tire la primera piedra… (Jn 8). El caso de R. P. M. L. A. puede ser sangrante, y debe ser considerado con toda seriedad, con la palabra de Jesús que le dice “vete y no peques más…”. Pero el caso no es sólo el suyo, sino el de todos los “presbíteros” (=desde los de más autoridad) de los que habla Jesús ante la adúltera. Ciertamente, él supone que ella ha pecado. Pero su pecado es un pecado “social”, en el que han colaborado de manera directa o indirecta sus jueces.

No se trata, en nuestro caso, de “esparcir” la mancha (mierd…) sobre todos, sino de ver que el “pecado” de R. P. M. L. A. es el de todo un sistema de “formación”, de “seminarios de aquel tipo”… Si tiramos de la cuerda es el pecado de todos nosotros que vivimos en aquellas circunstancia, que de alguna manera podíamos presentir lo que pasaba… Ahora “nosotros”, apelando a S.S. Francisco, echamos toda la culpa a R. P. M. L. A. , como si nosotros fuéramos limpios. Es evidente que él tiene culpa (él mismo lo ha dicho), pero su culpa es de alguna manera de todos…

c. Estuve en la cárcel y me visitasteis… (Mt 25, 31-46). En nombre de S.S. Francisco (aquí no ha llegado su reforma: ¿tiene miedo? ¿no sabe?) le “expulsamos” de un tipo de Iglesia y le metemos en la cárcel, que ya no es cárcel de inquisición, sino exclusión… Precisamente es ahora, en esta situación cuando hay que estar a su lado, a su lado y al de la víctimas que ha podido hacer.

3. SENTENCIA, SIN PERDÓN (SIN REHABILITACIÓN DE VICTIMAS Y AGRESOR)

Y con esto pasamos a la tercer parte, la más importante de este juicio, que ha de estar socialmente (y, sobre todo, en un plano cristiano) al servicio de la rehabilitación de las víctimas (y también del agresor, que en otro plano es una víctima):

a. Tenía que haber habido un juicio “abierto”, claro: Un juicio no sólo a. RPMLA, sino a él y a su entorno… Un juicio para reconocer la culpa, la suya personal, y la de las instituciones que estuvieron a su lado y que primero le auparon (hasta querer hacerle obispo) y luego le han hundido, lavándose las manos como Pilatos.

No se trata, simplemente, de que nos vayamos todos (empezando por los más “ancianos”, es decir, por su S.S. Francisco…), como dice Jn 8, en el caso del juicio de la adúltera (que es culpable) sino de quedamos todos y reconozcamos nuestra parte en el “crimen”, para así descubrir nuestro falta personal y social, de manera que se puedan rehabilitar las víctimas (y en el fondo también el agresor).

b. Éste no debería ser sólo un “juicio contra RPMLA”, la manzana mala… para que el “cesto” quede limpio y sano. Éste es un juicio no contra sino “sobre” el cesto entero de manzanas, en el que estamos implicados de alguna forma todos. Evidentemente, RPMLA tiene su culpa, y grande (la ha reconocido); pero la culpa no es sólo suya, sino de aquellos que de alguna forma contribuimos a que estuviera allí, aún adolescente (como formados “íntimo” de menores), en un cargo de gran “valor y riesgo”… No se trata sólo de juzgar a RPMLA, sino a la sociedad y a la iglesia que le puso en aquel lugar, en un entorno conflictivo.

A modo de ejemplo quiero citar aquí, con su nombre y apellido, al Card. Medina (hombre clave de la Iglesia de Chile…), en una reunión que tuvimos con RPMLA (¡que era su amigo!), en la Sede Central de la Orden en misma Roma, el año 1999, tratando del tema del “riesgo afectivo” en el proceso vocacional. En Cardenal nos dijo que a las mujeres (y a los que podían ser tentación para llamados al “sacerdocio”) había que tratarlas como leones o tigres de circo, a base de látigo.

Pues bien, entre el látigo de Medina y la caricia quizá aprovechada de RPMLA hay una relación muy íntima. En ese contexto el pecado del ahora condenado no es sólo suyo (que lo es, sin duda, pues así lo ha reconocido), sino todo un sistema de “ancianos” que (queriendo emplear el látigo de Medina y la piedra de un tipo de justicia cruel), según Jn 8 tuvieron que irse en silencio, empezando por los mayores.

c. Tras el juicio tiene que venia la sentencia de rehabilitación para todos… pues, como he dicho, lo mejor para las víctimas tiene que ser, al mismo tiempo, lo mejor para los “agresores”. Ciertamente, hay culpabilidades, y en este caso parece clara la de RPMLA…, pero la culpa no es sólo de él, sino del sistema, de todo el “consejo de ancianos” de Jn 8; y no es culpa para condenar sin más, sino para abrir un camino de perdón y reconciliación para todos, especialmente para las víctimas, a las que no se ayuda condenando así RPMLA, sino abriendo unos caminos de nueva educación, abierta al perdón, en la línea de la “mediación” penal, es decir, de la ayuda para todos…

Ciertamente, hay circunstancias y circunstancias… Y no se puede dejar libre al “agresor peligroso” en un contexto de posibles víctimas. Eso es evidente. Pero, al mismo tiempo, en casos como el de RPMLA hay que abrir caminos de reconciliación con el pasado, para curar las heridas (ante todo la de las víctimas, pero también la suya… y en especial la del sistema de “presbíteros” de Jn 8), para abrir caminos nuevos… después de treinta años, para así poder descansar en paz antes de la muerte, que nos llega rápida a todos, a víctimas, agresores y jueces.

d. La sentencia dice sin más que RPMLA “ha sido dimitido del estado clerical y de la Congregación religiosa…”, de forma que ya no es más religioso de la Orden. No sé cómo se cumplirá esa sentencia, no sé en qué condiciones de vida queda RPMLA, con que fuerzas afectivas (personales), con qué medios económicos, con qué amigos reales y concretos… Pero en principio todo me parece muy oscuro:

‒ No me parece claro que se le expulse del estado clerical... Por dos razones:

(a) Porque no está clara la “inocencia” de ése estado clerical al que aquí se alude, según el evangelio de Jn 8. Esa sentencia supone, en contra del evangelio, que el estado clerical de los presbíteros es impoluto… aunque ha tenido una manzana podrida que es RPMLA. Pero eso no es nada claro…

De manzanas semi-podridas (cf. Mt 13, parábola del trigo y la cizaña) está hecha la Iglesia de Jesús. Si RPMLA no puede ser ministro y servidor de ella tras cuatro años de reclusión, arrepentimiento” y condena, tampoco podrían haber sido ministros de ella ni Pedro, ni Pablo, ni María Magdalena ni Agustín. Precisamente ahora (si es que él quiere, si es que está humanamente reconciliado y recuperado), RPMLA podría ser un verdadero ministro del evangelio, un auténtico General de Orden, un Obispo de cualquier Calama del mundo donde viva.

(b) Y porque son muchos los “violadores” que siguen escondidos en el estado clerical... Eso hay que decirlo y verlo claro… ¿Los presbíteros-ancianos que se van dejando en el suelo la piedra, en el caso de la adúltera… podrán seguir siendo ministros de la Iglesia? Lo que ha de hacerse en este caso es encontrar un camino nuevo (distinto) de servicio clerical, no desde la “pureza superior” de los que se piensan limpios, sino desde el perdón ofrecido y aceptado, desde reconciliación abierto a todos.

‒ No me parece clara la expulsión de una Orden religiosa… a la que mejor o peor RPMLA ha servido a lo largo de 40.

La solución no está en expulsar sin más (¡meter en la cárcel de un mundo externo inhóspito…!), como si el resto fuéramos buenos, sino en acoger de un modo distinto, en perdón mutuo, en reconocimiento de unos y otros, para bien de las víctimas (para que se vea que su dolor no ha sido en vano) y para bien del mismo agresor.

Conforme a la Regla de San Benito, el documento más importante de la vida religiosa en la Iglesia de occidente, los “perfectos” no pueden ser monjes (¡no necesitan cambiar!), sino sólo los arrepentidos, esto es, los que hacen un “voto” o propósito de conversión de costumbres. Habrá que ver si entre ellos cabe RPMLA (si quiere)… y caben aquellos que le han querido expulsar.

‒ Breve conclusión

a) No se hace justicia a las víctimas castigando a los culpables o agresores, en sentido cristiana. No se les ayuda y ni se les cura con la venganza, sino con la rehabilitación y cambio del mismo agresor. En esa línea, lo mejor para las víctimas será lo mejor para el agresor (en este caso para RPMLA). El “triunfo” de las víctimas es que el mismo agresor pueda cambiar, reconociendo su culpa, y comprometiéndose a ayudar en lo posible a los que han sufrido su acoso.

b) RPMLA ha pasado cuatro años en una “cárcel”, en reclusión “domiciliaria”, sin derecho a la auténtica defensa… como si él solo fuera el malo. Ha sufrido lo suficiente, en un sentido… Sólo ahora, en los años que le quedan de vida, que espero sean largos e intensos podrá mostrar la otra cara de la gracia, del perdón, de la rehabilitación creadora, como le dije en la carta de hace cuatro años (que incluso después, en esta misma postal)

Final.

No sé si RPMLA leerá esta carta abierta… Pero si la lee quiero decirle desde aquí que le sigo queriendo. Ciertamente, hizo cosas que no estaban bien. No quiero decirle que es un héroe… Es un pecador, en un mundo de pecadores. Pero sigue teniendo un camino abierto y quiero que lo pueda hacer, en una situación distinta, desde dentro de su Orden religiosa, desde dentro del camino de los ministerios de la Iglesia, en reconciliación personal y de grupo.

El año 2003, cuando yo dejé los ministerios oficiales de la Iglesia y la pertenencia oficial a la Orden de la Merced, el RPMLA, que era entones mi Maestro General, me mostró todo su apoyo personal, y me dio las gracias por todo lo que había hecho al servicio de la Orden de la Merced y de la Iglesia, ofreciéndome su ayuda. Fue de los pocos, quizá el único, que actuó de esa manera, abiertamente, de un modo oficial. Le doy gracias por ello y desde aquí le muestro mi afecto agradecido. Ciertamente, ha dejado víctimas en su camino, pero éste es el momento de rehabilitase con y para ellas.

ANEJO 1. DOCUMENTACIÓN.

1) Sobre el caso en general:

https://dossiergf.wordpress.com/2013/06/15/ex-superior-mercedario-investigado-por-abuso-sexual/

http://ciperchile.cl/2013/06/14/vaticano-aplica-medidas-cautelares-a-sacerdote-chileno-ex-superior-mundial-de-la-orden-de-la-merced-acusado-de-abuso-sexual/

2) Sobre la resolución del juicio. Jueves 20 de Abril del 2017
http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=33506

La Provincia Mercedaria de Chile informa que, con fecha 24 de marzo de 2017, el R.P. Pedro Mariano Labarca Araya, por decreto emanado de S.S. Francisco, ha sido dimitido del estado clerical y de la Congregación religiosa, por lo tanto ya no es más sacerdote ni religioso de la Orden de la Merced. Esta decisión, que es inapelable, apenas conocida ha sido informada al ex sacerdote y se ha decretado después de un atento estudio del caso denunciado el año 2013, dado el grave daño a la dignidad sacerdotal y a los compromisos religiosos.

Los mercedarios expresamos nuestra cercanía con quienes han sufrido por estos hechos y reafirmamos una vez más, nuestro compromiso en atender con diligencia la búsqueda de la verdad, de la justicia en la misericordia, por el bien de todos los involucrados.

3. Declaración anterior. 14 junio de 2013
Santiago, 14/06/2013 (http://noticias.iglesia.cl/noticia.php?id=21176 )

"La Provincia Mercedaria de Chile comunica que se instruyó a fines del 2012 una investigación previa en relación a Fr. Pedro Mariano Labarca Araya O. de M., después de recibir denuncias que lo involucraban y procediendo según el protocolo de la Iglesia Católica en Chile. El resultado de la investigación previa ha sido enviado a la Santa Sede, que a fines de mayo de 2013, dispuso medidas cautelares al P. Labarca. Se está a la espera de los futuros desarrollos del caso que la Sede Apostólica disponga.
A los denunciantes se los ha acogido y se les ha ofrecido el acompañamiento que la situación amerita en conformidad a las indicaciones de la Santa Sede y los protocolos de la Iglesia en Chile.
Reafirmamos nuestro compromiso con los criterios que la Iglesia posee para enfrentar situaciones como ésta, procediendo según verdad, justicia y caridad".
Firma el comunicado la Provincia Mercedaria de Chile.

ANEJO 2. POSTADA. CARTA DEL 24, 6. 13

(dirigida al P. Mariano Labarca, con el nombre de Carlos).

(http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2013/06/24/p336423#more336423)

Querido Carlos: No pensaba reanudar nuestra conversación de esta manera, tras diez años de silencio. Tú eras una alta autoridad del Vaticano (un “epíscopo”), y así, cuando tomé la decisión de dejar un tipo de ministerio clerical, en paz con la Iglesia oficial, pedí tu ayuda. Te interesaste, como siempre, y lograse que la dispensa llegara casi “a vuelta de correo”.

Como sabes, el texto de la dispensa era (y sigue siendo) poco evangélico. Pero tú añadiste unas líneas personales, dándome las gracias, en nombre de la Iglesia, por lo que yo había hecho por ella como “maestro y profesor”, y añadiendo que tenías la certeza de que seguiría sirviéndola aún más, de otra manera, cosa que he procurado hacer.

Después, hemos pasado unos años en respetuoso silencio, aunque siempre he preguntado por ti, alegrándome por tu “éxitos”, hasta que hace unas semanas he leído en la prensa de dos mundos que te han acusado de pederasta, privándote de tus cargos y “encerrándote” en un conventillo. Verás por lo que sigue que lo siento, aunque por otra parte me alegro y mucho, porque sé que esta prueba será para tu bien y para el bien de la iglesia.

Te cierran una puerta, pero te abren una ventana a nuevos horizontes de vida... Podrás ser tú mismo, en perdón y madurez, sin tener que ocultarte ya. Serás Carlos, sin más, un amigo, un servidor de los amigos, un testigo de Jesús; pedirás perdón por el mal que has hecho, quizá lograrás reconciliarte con tus "víctimas" (si lo son), y vivirás el evangelio desde abajo, a ras de vida... Y podrás contribuir a que la Iglesia sea vuelva transparente en este campo. Así te lo deseo en lo que sigue.

Unos recuerdos

La fortuna de la vida quiso que te conociera cuando estabas recién ordenado de presbítero, en una “diócesis” querida, al cargo de una de las etapas de formación de los seminaristas. Me impresionó vuestro clima de amistad cercana y tu entrega a la labor de educación, espiritual y clerical de aquellos post-adolescentes que se preparaban para comenzar la teología.

Pronto ascendiste en el “escalafón”, de formador a vice-epíscopo y epíscopo, formando después parte de la “gran curia” (casa del kyrios o señor) de Roma. Como yo viajaba mucho por entonces tuvimos ocasión de vernos y conversar bastantes veces de política, de vida y evangelio.

Eras capaz, “listo” para los negocios, hombre de muchas relaciones, brillante orador. Siempre pensé que llegarías a ser cardenal, cosa que podría haber sucedido, a no ser por dos o tres detalles (es decir, porque te han acusado de cosas que podrían haber acusado a muchos otros).

Recuerdo que un día me llevaste a comer con un famoso cardenal, hombre de Iglesia y de Mundo, pues tú, por entonces,te movías en aquel abiente. Pero más que ese cardenal me impresionó otro, de la gran Curia Romana, de los más “importantes” de la Iglesia. Tú me habías llamado (¿fue el año 2000?) para dirigir unos cursos de formación bíblica a rectores y directores de seminarios.

Yo les hablé del Éxodo y del Sermón de la Moisés, de Moisés y Jesús como “formadores”. Pero una mañana cortaste el hilo de mi curso y trajiste al famoso cardenal, cuya charla llevo clavada en el alma. Fue una conferencia informal que se centró en el riesgo de las mujeres para la formación clerical. Nos dijo el dichoso purpurado que las mujeres eran como fieras de jaula, dispuestas lanzarse al menos descuido sobre formandos y formadores, de manera que debían (debíamos) ser como domadores, siempre con el látigo a mano, para admirarlas, pero sin que pudieran salir de la jaula.

Aquel día sentí algo extraño, te lo confieso. Pensé que tú no tenías esa idea (eras y eres un caballero), pero estabas en el mundo en que esas ideas se decían. Ésta es la primera idea que me ha venido a la mente cuando he leído “tu noticia”.

Tu noticia, un “epíscopo pederasta”… Juicio civil, juicio de Iglesia

Ha salido tu nombre en la prensa religiosa (católica) y social de medio mundo, con tonos distintos, con variantes y calificativos que varían según las circunstancias. Pero el grueso de la noticia es éste:

1. Algunos a quienes presuntamente habías “seducido” hace unos treinta años, cuando eras formador de seminario, te han acusado ante el “epíscopo” de tu antigua diócesis, que ha puesto el caso en manos de Roma, y Roma te ha mandado que dejes tu cargo y función, y te recluyas, sin nada, una mano delante otra detrás, en un conventillo apartado, sin misa ni sermón, para esperar el juicio.

2. Tú has aceptado el “castigo previo”, has tomado el avión y te has ido al retiro. Has tenido la valentía de confesar su responsabilidad: Admites que tuviste relaciones “de intimidad” con dos de tus “formando” (¡hace treinta años!) y que lo sientes mucho, que has vivido con ese dolor durante muchos tiempo, pero que no son ciertas otras cosas de las que te acusan (¡Ya sabes, de árbol caído todos hacen leña!).

3. Te remites, como buen ciudadano al juicio civil de la sociedad, dispuesto a recibir la corrección legal, si es que la hubiere (si los casos no han prescrito y fueren delictivos). Gracias a Dios, tu Estado es un Estado civilizado, humanista y defensor de los ofendidos… Estoy seguro de que tendrás un buen juicio, donde importan ante todo tus “víctimas” (si las hubiere), pero donde cuentas tú también (que puedes y debes presentar tu defensa).

4. Te sometes al “juicio” de la Iglesia, a la que siempre has amado, a la que has entregado tu vida, de una forma quizá equivocada, pero con gran amor, con intensa dedicación. Si has hecho daño, si tienes víctimas, lo confiesas y quieres hacer lo que puedas por ellas.

5. Reconoces que has hecho daño objeto, real a algunos seminaristas que la iglesia te había confiado, entrando con ellos (o iniciándoles) a un juego de amor que no era el amor que debían haber ofrecido... Dices que has "pecado" por amor (y te creo), pero el amor es delicado y frágil, puede utilizarse para hacer daño y, en ciertas edades (¿o siempre?) puede dañar muchísimo a los otros. Querido Carlos, fuiste y eres ejemplar en otras cosas, pero en ese campo más hondo de la vida (2 Cor 13) no fuiste delicado ni fiel, "rompiste" una cuerda que nunca debías haber roto.

No sé si eres pederasta, pero eres responsable

1. De todas formas, no sé si eres pederasta en el sentido fuerte del término. Recuerdo a los jóvenes con los que te vi, a principios de los ochenta. No eran niños, aunque tampoco eran mayores de edad. Dices que “caíste” por amor, porque les querías, no porque querías violarles o aprovecharte de ellos, y te creo. Quizá no has sido pederasta en el sentido fuerte del término, y puede ser que no tuvieras “culpa” personal tuya, pecado, en el sentido fuerte del término. Además habría que separar tipos y tipos de pederastia, por personas, por medios, por edades…

2. Pero es evidente que eres responsable, y que que hiciste daño objeto, y que dejaste heridas en algunos de aquellos a quienes debías haber curado, por mayor, por más experto, por "responsable" en nombre de la Iglesia; y debes asumir tu responsabilidad. La Iglesia te encargó la formación de unos jóvenes para el “celibato ministerial” y tú no cumpliste ese encargo, entrando con alguno de ellos en una dinámica distinta de afectos y de relaciones. Quizá algunos aceptaron tu relación… Pero de hecho, objetivamente, desde tu situación de formador, no hiciste lo que debías, les hiciste daño. Tu conducta hubiera sido la normal (y buena) en un “gimnasio” de la Cultura Griega antigua donde un "mayor" iniciaba a los jóvenes... Pero aquel tiempo no es el nuestro, ni la forma de entender el amor en la Iglesia (y en la sociedad) actual es aquella. Te pidieron una cosa, hiciste otra, eres "responsable"

3. No te estoy acusando por homosexual, pues cada uno tiene la tendencia afectiva que “Dios-naturaleza” le ha dado, y no puede avergonzarse de ella, ni presumir de ella, ni ocultarla como delito. Pero es evidente que aquel lugar y circunstancia no era el más apropiado para que tú madurarás en amor, con 26 años, en pleno despertar, ni era la mejor para aquellos jóvenes seminaristas a quienes debías guiar en un afecto de tipo celibatario (fueran homo- o hétero-sexuales).

4. Al descubrir tu tendencia... y al descubrir el riesgo entre aquellos jóvenes tenías que haber sido radicalmente fuerte (sacrificarte a ti mismo, por una causa de evangelio)... o dejar aquel "servicio", abandonar el ministerio activo, buscar el amor de tu vida de otras formas (aquí se aplica el dicho ambiguo de Pablo: Mejor es casarse que abrasarse...). No lo hiciste, por lo que fuera (por lo que te dijeran, por el "honor" del sacerdocio...) e hiciste mal, creaste víctimas, quizá sin quererlo

5. Y aquí entras tú, y entra la “Iglesia” de aquel tiempo. Dices en tus declaraciones que presentaste tu problema a los “superiores episcopales”, y que te dijeron que rezaras y siguieras… Y tú seguiste. Pudiste haberte negado, pero no lo hiciste, eres responsable, y lo son ellos. Pero tampoco ellos son quizá culpables (en sentido de pecado), aunque son evidentemente responsables, por ponerte en una situación como aquella, por mantener un tipo de “internado clerical” cálido, con adolescentes ejemplares, pero dados al calor humano, en sentido semi-sacral, con elementos a homo- o héterosexuales reprimidos.

Han pasado treinta (más de veinte…) años, estás en una encrucijada

5. Evidentemente, tu responsabilidad no se diluye en la responsabilidad colectiva de la Iglesia de aquel tiempo, que ponía a formadores y formados en situación de “alto riesgo”. ¿Que te parece si a mí me hubieran puesto, con 26 añitos de "inocencia" a cuidar en intimidad cercana, de casa, comida, trabajo y oración, en ambiente cálido, de amor... a cuidar, digo, unas lindas muchachitas llenas de amores?. No quiero negar tu responsabilidad, pero esto nos permite entender ciertas cosas, para que hoy cambiemos todos. El tema aquí no es que haya habido “irregularidades”, sino que hayan sido tan pocas. Porque hay bastantes casos como el tuyo (algunos salen a la luz, otros no…), pero hay otros muchos en que el “invento de formación clerical” ha funcionado bien, a pesar de todo (a pesar de que ahora tenga que cambiar).

2. Han pasado muchos años… y ahora la “noria” de la vida ha buceado en el fondo del pozo y ha sacado a luz tu caso… ¿Por qué? No lo sé. La mayoría de los casos permanecen ocultos, muchos se han resuelto bien; unos y otros (formadores y formandos, y sobre todo formandos entre sí) han rehecho sus vidas, y las circunstancias entre turbias y luminosas de los seminarios les han servido. Siempre las iniciaciones son arriesgadas, y aquella tenía su riesgo…

3. Todos podían haber “superado” la herida: Los formandos a los que tú heriste (y los que quizá te hirieron a ti). Pero a ti te ha tocado: Te han acusado, han llegado a Roma, han logrado meterte en el conventillo. Y estoy convencido de que alguno de los que te acusan te debe mucho. Quizá pueden hacerlo (alzar la voz contra ti) por amor a la verdad y a la iglesia, pero es más probable que lo hagan por chantaje, por dinero… (¡Probablemente buscan dinero…!). Sea como fuere, bendito sea.

4. Te ha tocado a ti… Creo haber leído en alguna declaración que lo has pasado mal, que has tenido remordimientos (¡quizá miedo de que te acusaran…!). Ahora eso ha pasado, no tengas ya miedo, enfréntate a tu “destino” con amor y humildad, pero al mismo tiempo con gran respeto hacia ti mismo. Ya no tienes nada que ocultar, puedes ser por fin tú mismo, con tus debilidades, y tus grandes valores. Puedes ser ya, por primera vez en muchos años, aquel que eres: Carlos… Un hombre espléndido a pesar de tus caídas, un hombre que puede pedir perdón y rehacer su camino en amor.

5. Dios perdona todo... pero la naturaleza y la vida juega muchas veces al boomerang (es decir, al talión). Ahora después de 30 años vuelve la "venganza" de la vida. De aquellos polvos estos lodos, se decía... Por un lado es una pena, te han cortado una "gran carrero". Por otro lado puede ser tu gran oportunidad de ser persona, de reconciliarte contigo mismo y con tu iglesia (como amor)... de "reparar" a tus víctimas en verdad, de ayudar a la Iglesia, para que sea realista y verdadera en este campo, cambiando lo que haga falta cambiar, para más amor.

Lo primero son las víctimas...

1. No tengas miedo de Dios, que perdona siempre (como sabe el evangelio de los publicanos y las prostitutas, de la adúltera). Estás en el amor de Dios, que es lo que vale. Lo único serio en todo esto es que puedas pedir perdón a las víctimas (si las hubiere de verdad), que les digas de hecho que lo sientes, de manera que así puedas ayudar a recuperar su vida (la de ellos) y la tuya. Dios escribe recto con líneas torcidas, y torcidas han sido en parte las tuyas. Pero está en manos de Dios (y en tu mano) el rectificar, abriendo un camino mejor para todos (incluso para tus “víctimas”).

2. Acepta el juicio de la justicia de tu pueblo. Muchos te despreciarán, otros te calumniarán… o te darán la espalda (quizá aquellos a quienes más has ayudado). No tengas miedo, acéptate a ti mismo como eres. Te quedarán así los más hermosos y verdaderos años de tu vida, como ciudadano y (así lo deseo) como hombre de Iglesia (con ministerios oficiales o sin ministerios oficiales, que eso es secundario). Así repararás con creces, harás más bien que el daño que has hecho, contribuirás a que no haya más víctimas en el camino de formación clerical de la Iglesia, que debe cambiar de un modo intenso.

3. Acepta tu responsabilidad, pero, al mismo tiempo, acepta con amor y gracia lo que eres, no dejes que te destruyan. Defiéndete como persona y como cristiano. Quiérete y respétate a ti mismo, en lo que eres, como homosexual débil de amor y fuerte de entrega al servicio del evangelio, por caminos torcidos, que ahora puedes enderezar.

4. Por favor, si quieren mandarte a una “casa de cura de homosexuales” (como mandaron por ejemplo al obispo de Santiago de E.) no lo aceptes de ninguna manera. Sé lo que eres, que nadie te engañe, pero aprende a amar en libertad y respeto...sin hacer daño a nadie, ni de modo directo ni de modo indirecto. Sólo si empiezas aceptándote como eres podrás hacer el camino. Estás hecho para el amor (como dices en una entrevista), desde lo que tú has sido y eres, y deberás mirar (optar por) la forma de amor mejor, los años que te quedan de vida.

5. Y piensa siempre en las víctimas.... Tú has hecho víctimas a tu paso, en cierto momento (además de las muchas cosas buenas que has hecho)... Tú tienes que "reparar" con tu nueva vida a tus víctimas... Pero también tu eres una víctima del sistema, de manera que nosotros, la Iglesia en conjunto y los que hemos sido y somos tus amigos, te debemos reconocer y acompañar en el nuevo camino, sin tapujos, con honradez, con libertad... Sin tapar la homosexualidad, sin buscar salidas falsas... cambiando entre todos el camino de los ministerios evangélicos en la Iglesia (pero éste es un tema para otro día).

Me alegro por ti… y por la Iglesia. Podremos cambiar

1. No sé si nos veremos más, yo estoy un poco retirado, tú estás lejos y no sé qué harán de ti (que harás tú…), pero quiero decirte que después de haber leído las noticias y de haber sufrido por ti (y de haber orado), me alegro de todo esto, porque por fin, querido Carlos, entrando en los sesenta, puedes ser ya tú mismo, sin orgullos, pero sin humillaciones falsas. Has perdido un tipo de “episcopado”, no te harán cardenal. Pero eres tú mismo, Carlos, y me alegro por todo lo que has hecho al servicio de la Iglesia (como hiciste por mí…), y estoy convencido de que podrás hacer aún cosas mejores, más claras.

2. Acepta tu responsabilidad, como te he dicho, pero sabes que la compartes con una Iglesia en cuyo seno has crecido y que te ha “utilizado” así como eras… Os habéis (nos hemos) equivocado un tipo de Iglesia y tú (y de alguna forma todos). Te han hecho “cabeza de turco” (¿sabes?) y algunos querrán lavarse las manos (¡Pilatos, de nuevo, el poder!), diciendo que tú tienes la culpa para quedar ellos tranquilos. Y no es así, todos tenemos una responsabilidad.

3. Tú tendrás que cambiar (¡la misma vida te he hecho cambiar!) y lo harás para mejor, estoy seguro. Has buscado quizá el “poder” (eso es lo que me parecía, eso es lo único que podría quizá reprocharte…). Ahora, sin poder optar ya a cierto tipo de cargos (dentro de eso que el Papa Francisco llamaba el lobby gay) importas tú, en tu realidad concreta. Ahora valor por lo que eres, con tus “pecados” y tu gran potencial de fe y de amor, al servicio del evangelio, no por lo que tienes (tenías) que aparentar.

4. Pero tendrá que cambiar también el conjunto de la Iglesia, buscando otros tipos de “formación clerical”, buscando la verdad, la claridad, sin miedos ni represiones, en un camino en el que lo que importar no es ser hombre ni mujer, ni homo- ni heterosexual, sino persona en Cristo, para un amor maduro (celibatario o no celibatario, según los casos). Habrá algunos que se avergüencen de ti y que te ignoren o rechacen (¡no te preocupes!). Los mejores te aceptarán como eres (yo no soy de los mejores, pero así te acepto, y doy gracias a Dios por ti).

5. Final. Podrás reconciliarte con tus víctimas antiguas, estoy convencido. Pero si no pudieras hacerlo en este mundo sigue esperando, pues hay resurrección de la carne)… De esa forma, con tu ejemplo, todo podrás contribuir al surgimiento de una Iglesia distinta, sin obsesiones sexuales, clara en el amor y en el servicio.
PD

Querido Carlos. Perdona esta larga carta. Tómala como signo de respeto y amor… Sabes que Mabel y yo vivimos en un pueblo que se llama San Morales, junto al río de Salamanca. Si la fortuna te hiciera pasar un día por aquí estaríamos encantados de ofrecerte hospitalidad y de compartir contigo el pan y el vino de la vida que se vuelve clara al limpiarse en el dolor.

Un abrazo de tu hermano y amigo Xabier

San Morales 24 - VI -13