Martes, 26 de septiembre de 2017

Ni un día sin noticias de corrupción

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Me contaba hoy mi amigo Marko, (finlandés, con vínculos en España y Latinoamérica), que resulta bochornoso que todos los días haya informaciones sobre hechos relacionados con la corrupción política en España, país avanzado y moderno, no una republica bananera. Además, a pesar de su experiencia de trabajo por medio mundo, lo que más le extraña de la corrupción política en España es que la ciudadanía no castiga en las urnas a estos abominables personajes y, -continúa argumentando-, que ese es el mayor castigo que puede sufrir quién se ha desviado de la forma recta de ejercer las funciones públicas (con independencia de que con esa desviación haya obtenido beneficios económicos para sí o para terceros relacionados con él). Me continuó diciendo que en Finlandia no sólo no hay corrupción, sino que cuando ha habido algún supuesto aislado, el responsable ha tenido que salir “por pies” del país. Y me ponía el ejemplo de un alcalde de una localidad poco relevante sobre el que pesaban sospechas de corrupción, que no podía hacer vida normal porque cuando la gente lo veía por cualquier lado, lo abucheaba. Es más, un buen día acudió a comer a un restaurante abarrotado de comensales y cuando detectaron su presencia, todos los presentes comenzaron a porrear en las mesas y tuvo que abandonar el lugar. Fue tal el desprestigio que sufrió por las corruptelas cometidas, que tuvo que fijar su residencia en otro país. Casi lo mismo que ocurre en España.

Esta semana, la bomba informativa sobre corrupción le ha vuelto a explotar al PP, que, no obstante, tiene más vidas que veinte gatos, dado que a pesar de ello sigue “vivito y coleando” porque las encuestas sobre intención de voto le siguen siendo favorables. De ahí que la soberbia, la prepotencia y la desfachatez con la que públicamente actúan sus miembros no tenga parangón en la arena política. Todavía en uno de los últimos debates que he visto en televisión hace pocos días, el contertulio del PP se pavoneaba diciendo que nadie ha luchado tanto como ellos contra la corrupción (…), colaborando siempre con la justicia (…) para “limpiar de corruptos nuestro país”. No sé si a este contertulio le ha sobrevenido una amnesia galopante, cuando tan sólo hace unos años el señor Rajoy (entonces en la oposición) reunió a toda la cúpula del PP y en una rueda de prensa multitudinaria dijo que los indicios de la trama Gürtel eran maniobras de conspiración contra ellos. Tampoco debe recordar este ciudadano ejemplar que promovieron la acción de la justicia contra el juez que comenzó a investigar el caso Gürtel (Baltasar Garzón) y, es más, consiguieron que lo condenaran a 11 años de inhabilitación, apartándolo de la carrera judicial. ¿Es esto colaborar con la justicia o, en cambio, son maniobras dilatorias que impiden una fluida, objetiva y rápida investigación de los hechos?

Y los sucesos ocurridos esta semana no son baladíes, dado que han detenido al que fuera presidente de la Comunidad de Madrid, el flamante Ignacio González, en cuyo imperio, como ocurría con el de Carlos V, no parecía ponerse el sol. Y con él han detenido a otras 12 personas por desviación de fondos del Canal de Isabel II (cuando González era presidente de esta empresa pública madrileña). Y es que no es la primera vez que pesan sobre este organismo las sospechas de que ha estado financiando ilegalmente al PP desde hace varios años. El juez Eloy Velasco les imputa a estas personas varios delitos, además del de “organización criminal”. Esto suena muy fuerte, porque la ciudadanía cuando escucha lo de “organización criminal” siempre piensa en terroristas, traficantes de narcóticos y de armas, delincuencia internacional de trata de seres humanos y otras sevicias abominables. Les imputa delitos de prevaricación, malversación, cohecho, blanqueo, fraude, falsedad documental y corrupción en los negocios. Es decir, “hilillos de plastilina” como diría el ínclito Rajoy; poca cosa y sin transcendencia. ¡Que viva el vino!

Pero no acaba ahí la cosa y también esta semana el juez Eloy Velasco ha imputado al “gran Marhuenda” -ese periodista tan célebre y contertulio inigualable, que siempre se cree con el don de la verdad absoluta-, nada menos que por la comisión de presuntos delitos de coacción, intimidación y pertenencia a organización criminal, porque, presuntamente, presionó a Cristina Cifuentes, presidente de la Comunidad de Madrid, para que no “destapara el caso del canal de Isabel II”. Parece que a Maruhenda y al presidente del periódico “La razón” les pillaron con las manos en la masa y en intervenciones telefónicas decretadas en las investigación de la denominada “operación Lezo” se pueden comprobar esas conversaciones amenazantes. Maruhenda, director de “La Razón” incluso ha reconocido que llamó “zorra” a la jefa de gabinete de Cristina Cifuentes, quién, por cierto, ha actuado con un gesto que le honra al denunciar la corrupción de la empresa pública del cana de Isabel II, aunque sea de gente de su propio partido político. ¡Bravo por ella!

Y la traca final de esta post Semana Santa la ha puesto la Audiencia Nacional, que está juzgando el caso Gürtel, acordando que el presidente Rajoy tendrá que declarar como testigo. Una decisión sin precedentes en la historia de España, ya que es la primera vez que se cita a declarar a un presidente de gobierno en la fase de “juicio oral”. Es cierto que Felipe González también tuvo que comparecer por el “caso Gal”, pero fue en la fase de instrucción del sumario. Posteriormente tuvo que hacerlo en una segunda ocasión, ante el Tribunal Supremo, por el secuestro de Segundo Marey, pero cuando compareció ya no era presidente del Gobierno.