Sábado, 29 de abril de 2017

Fútbol y "fair play".

Estamos asistiendo, últimamente, a demasiados ejemplos de “juego sucio” en el fútbol y sobre todo en el fútbol infantil con peleas de familiares entre sí; o agresiones al árbitro en los campos de juego; o las fechorías de los “hooligans” o “barras bravas” incluso con desprecio a la vida de algunos aficionados, en contraposición al “juego limpio” (fair play) que es lo que nos gustaría disfrutar normalmente en un partido de fútbol. Pero mi objetivo en el fútbol siempre fue reseñar las situaciones agradables por cuanto mi idea final nunca ha sido alarmista, ni comercial, ni tiene pretensiones publicitarias en asuntos negativos que a mí no me llenan en absoluto. En cualquier caso, los sucesos de “fair play” son siempre edificantes, aleccionadores, agrada conocerlos fundamentalmente para que sirvan de ejemplo y formación a la colectividad.

Porque no es normal lo que ocurrió en Alemania entre el Colonia y Werder Bremen, cuando el jugador Yuya Osako admitió haber tocado el balón para que no pitaran córner a favor de su equipo. Fue curioso, sin duda, lo que sucedió en el fútbol noruego, el Brann se dejó anotar un gol por el Lillestrom después de que un jugador anotara fortuitamente un gol al devolver el esférico. Del mismo modo, Aaron Hunt reconoció tirarse en el área de penalti para que el árbitro finalmente no pitase falta máxima. En otra ocasión, Miroslav Klose aseguró que había anotado el gol con la mano a la salida de un córner. Por otra parte, los jugadores del Estudiante Tecos fallaron un penalti a propósito porque habían seguido la jugada sin atender la lesión de un rival… Hace unos días, el portero del Almere City de la Segunda división holandesa, pecó de juego limpio en el encuentro ante el Waalwijk. El guardameta Chiel Kramer se preocupó por el delantero rival que se quedó lastimado en una jugada y un compañero del herido aprovechó para marcar a puerta vacía el empate a un tanto. Su gesto en el minuto 84 supuso que su equipo no pudo situarse en zona de “Playoffs” de ascenso a la Eredivisie… Podemos comprobar, en todo caso, que son jugadas en desuso aunque aún surgen en ocasiones aisladas…

Hace bien poco que Jhon Carlin escribíó “Un perverso caso de honestidad”. De entrada, citaba a Platón: “Por lo general la honestidad da menos beneficios que la deshonestidad”, y se remitía al 24 de marzo de 1997, cuando el goleador del Liverpool, Robbie Fowler, partido contra el Arsenal “corría solo hacia el portero rival, David Seaman, con el balón en los pies. Seaman lo encaró dentro del área, se tiró a un costado y Fowler se cayó. El árbitro no dudó en señalar un penalti, Fowler se levantó, se giró hacia el árbitro, sacudió la cabeza e indicó con las manos alzadas, en un gesto como de rendición, que no, que no, que no. ¿Qué no qué? … Pero el árbitro lo tenía claro. No admitió más discusión. Era penalti. Fowler se dirigió a Seaman y le dijo: “Perdón…” Lo más sorprendente fue que el penalti acabó tirándose, Seaman despejó y la pelota rebotada llegó a otro jugador del Liverpool que metió la pelota en la red. “Fowler celebró el gol con el mismo delirio que el resto de sus compañeros”.

Salamanca, 17 de abril de 2017.