Lunes, 11 de diciembre de 2017

Embriagados para cuidar la vida

Escribo estas líneas en una semana santa precedida por una semana de Pasión. Terminé la semana de pasión preocupado por la salud de Sebastián, un alumno que lleva varias semanas en coma y que sigue resistiendo embriagado de una vida que todavía nos sigue transmitiendo. Comencé esta semana pasando un buen rato con él en la UCI del hospital donde sigue médicamente estabilizado. El equipo médico comprobó cierta mejoría esa mañana cuando le hablé y abrió unos ojos que llevaba varios días sin mover.

Cada vez que recuerdo las conversaciones que mantenía con él me viene a la cabeza su vitalidad, su energía y su capacidad de movilizar a la gente para cuidar la vida. Como abogado de familia quiso recordar a sus colegas que no son simples intermediarios entre partes sino cuidadores de los bienes creados por la pareja, sean los hijos, los recuerdos o las historias compartidas. Como presidente de la Asociación Viktor Frankl de Valencia consiguió movilizar a toda la sociedad civil en jornadas sobre calidad en los cuidados, vulnerabilidad humana o gestión del duelo. Nunca podría imaginar la lección de vida aún nos sigue dando ahora que no organiza nada y ahora que apenas si sus párpados tienen energía para decirnos algo.

Son días en los que sigo dándole vueltas a las misteriosas relaciones que mantienen la fe, la salud y la escritura. Hace dos semanas tuve el privilegio de presentar a Pablo d’Ors en Madrid y recordar la particular forma en la que su escritura facilita la concentración, el silencio y la salud, como si la escritura tuviera una doble función terapéutica porque facilita una doble sanación; por un lado la de quienes necesitan escribir para mantenerse vivos y transmitir la vida, por otro la de quienes leen o escuchan los que otros les leen porque les reconforta el alma.

Como son días de muerte, amor y resurrección quiero que mis palabras supongan una invitación para sentirnos embriagados para cuidar la vida, como si la gestión de la palabra tuviera una dimensión terapéutica y sanadora. Es más, como si estuviéramos excitados y ebrios por la satisfacción o gozo que produce la escritura. Quizá sean días para releer algunas líneas de la novela de Pablo d’ Ors en la que cuenta la enfermedad y muerte de la doctora África Sendino. O al menos, días para compartir unas líneas de quienes al escribir o recoger lo escrito nos sentimos conjurados para cuidar la vida.

Pablo recuerda que la doctora Sendino afrontaba su enfermedad como una fuente de ayuda a los demás. Nos dice que rompió ese círculo egocéntrico que caracteriza a la mayor parte de los enfermos. Y quizá con ello quería ser fiel a su vocación: “Quiso ser médico incluso después de muerta: quiso que su experiencia vital sirviera de fuerza sanadora para los que seguimos en este mundo. De ahí –sólo de ahí- su postrera preocupación por sus memorias. No buscaba la gloria mundana, a la que no creo que prestara la más mínima atención. Buscaba ser médico hasta el final. Buscaba ser fiel a su vocación.

Como persona de fe profunda se reveló contra quienes simplifican el dolor y la enfermedad reduciéndolo a castigo. La enfermedad es un camino de aprendizaje: Si Dios me brindase rebobinar la moviola de la vida y me ofreciera elegir entre las dos opciones posibles (salud sin quiebra o lo que realmente me ha sucedido), no podría no decir que no a lo que sucedió en realidad. Porque Dios no nos ofrece la enfermedad como castigo, sino como camino. Y porque en este camino y o estoy aprendiendo intensísimas lecciones de lo que supone que Dios componga el argumento de mi biografía. Comprendo por fin que el argumento de la Providencia divina no es un simple planteamiento, sino una realidad cotidiana que me aguarda en el rostro de mis amigos. Y presencio, como un espectáculo grandioso, hasta dónde puede llegar la bondad de quienes me rodean.”

En algún momento se nos plantea como creyentes la posibilidad de la oración, convencidos de que las distintas formas de plegaria surten su efecto. En el caso de la doctora Sendino, nos cuenta Pablo que nunca había rogado por su propia curación, que tenía activado lo que ella misma llamaba un “Desvío de oraciones”:

Sendino y yo hablamos con frecuencia de la oración y la lectura espiritual, a la que decía recurrir últimamente con mayor frecuencia porque durante la meditación, por efecto de la morfina, tendía a quedarse adormilada o traspuesta. Sobre la oración me comentó dos cosas que me conmovieron mucho. Una: que nunca había rogado por su propia curación. ¿Quién soy yo –me dijo- para pedir algo así? Me quedé mudo, estupefacto, era la primera vez que me topaba con un enfermo creyente que no había pedido por su propia recuperación. Y dos, acaso más sobrecogedora aún: que cuando alguien le decía que oraba por la salud, elle aplicaba secretamente lo que en su fuero íntimo designaba el desvío de oración. “Al igual que algunos aparatos telefónicos pueden programarse para que las llamadas que se hacen a sus números suenen en otros, así programo yo mi corazón; de este modo, todas las oraciones que me tienen por meta redundan en beneficio de otros enfermos y Dios las tiene en cuenta por ellos… ¿Cómo calificar esta actitud? Me pregunté al oir aquello. ¿Generosidad? ¿Solidaridad? ¿Comunión de los santos? ¿Pirueta espiritual?

Los textos corresponden a Pablo d’ Ors, Sendino se muere. Fragmenta, Barcelona 2012, 5ª ed. 2016. Páginas 41-42; 50-51.

El acto completo sobre la Poética de Pablo d’ Ors se encuentra en el siguiente enlace: