Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Luz en el silencio

Jesús ha muerto. Estamos en el Sábado Santo. La piedra cerró el sepulcro y allí quedo el cuerpo exangüe del Nazareno, el gran fracasado de la tarde de Viernes Santo. En la madrugada, la Piedad expresa el momento previo: la Virgen María, su madre, recoge entre sus brazos el cuerpo amado de su Hijo, el Cristo, el Señor. La fotografía que hice ayer a las 11 de la mañana cuando regresaba hacia San Esteban, me pareció de un alto valor simbólico.

Aunque todo son tinieblas, pues Jesús, el varón de dolores, ha muerto de un modo terrible y en la más absoluta soledad, a su alrededor en realidad solo hay luz. La genial Piedad de Carmona, en ese momento, expresa el profundo significado de la muerte de Cristo: ya ha resucitado, ya ha sido acogido por su Padre, su muerte no ha sido fracaso sino el gran triunfo de su vida. En este Sábado Santo, que la liturgia cristiana escenifica como de silencio, pues ni siquiera se celebra la eucaristía, se expresa el misterio de la muerte de Jesús de Nazaret. Quiere dejarnos bien claro que Jesús murió, cayó en el reino de la muerte, para expresar con mayor rotundidad si cabe que no se quedó ahí, sino que entró en el reino definitivo de la vida a través de su resurrección.

Permítanme, entonces, que les felicite y que me felicite. La Semana Santa culmina así en su más nítido sentido, en una explosión de vida, total, absoluta, definitiva. Estos siete días hemos estado transitando por un camino de lágrimas, dolores y muerte. Aparentemente la Semana Santa es esto, un gran drama, y lo es, pero va más allá porque nunca es tragedia. El drama desemboca en la vida, en el triunfo de la esperanza, en la certeza de que todo al final tendrá un sentido y será bueno. Pienso en tantos seres queridos que se fueron y que no se quedarán en el sepulcro, que como Jesús entrarán en el Reino del Padre, “donde no hay luto,ni llanto, ni dolor”, donde alcanzarán y alcanzaremos la plenitud de vida que solo es capaz de transferirnos Dios.

Y esta es la última palabra que resume la Semana Santa: Dios. En ella se nos descubre Dios, tantas veces manipulado y estereotipado con clichés falsos: en la Semana Santa descubrimos el inmenso amor de Dios por el hombre, por todos los hombres, al traernos la salvación por medio de su hijo, Jesús de Nazaret, nuestro hermano. En esa luz portentosa de ayer en San Esteban, mostrando en toda su belleza la imagen de La Piedad, se refleja el gran milagro de la Resurrección del Señor. Estamos en el silencio del sepulcro, de la muerte, pero es transitorio, porque Jesús ya ha entrado en la Luz, nos ha abierto la puerta que parecía cerrada para siempre. Dios nos ha traído la libertad.

Marta FERREIRA