Martes, 26 de septiembre de 2017

Toti, una historia de amor y esperanza

Quisiera haceros participes de una experiencia acaecida en Salamanca a finales del año 2016. Es la historia de Toti, una interna del centro penitenciario de Brieva, Ávila. Toti llevaba varios años privada de libertad. Acudía a la Eucaristía y a los talleres de Cáritas en la prisión de Brieva. Un par de años antes de llegar la hora de su libertad, nos había manifestado que no tenía donde ir; habíamos hablado con la Pastoral Penitenciaria a nivel nacional para encontrar un recurso para ella. El panorama cambió cuando Cáritas de Ávila pudo avalar a Toti para su libertad condicional. Parecía que ella había encontrado al fin su sitio…

A punto de alcanzar la soñada libertad, ya con un lugar donde ir a vivir, aparece la enfermedad, el cáncer. Toti se debilita y el recurso asistencial disponible en Ávila no puede cubrir sus necesidades, la enfermedad está extendida. En Ávila, donde están las escasas personas a quienes conoce, no puede residir. Aparece el desánimo, comienza a abandonarse, a entregar la toalla en la lucha contra la enfermedad…

Dos amigas internas, serán “los ángeles de la guarda” que no la dejan ni a sol ni a sombra, la cuidan, la lavan, la asisten…

En este proceso, hay que ir a Salamanca para hacer una prueba que permita empezar el tratamiento de Radioterapia. El Capellán del Centro y una voluntaria de la Pastoral Penitenciaría de Ávila, acompañan a Toti al Hospital Clínico; el estado de salud es peor de lo esperado. Lejos de hundirse en la frustración se logra un pequeño milagro cuando en el camino de regreso charlan, disfrutan y Toti por fin sonríe y cambia de actitud en su lucha contra la enfermedad.

Pocos días después acude al Hospital de Ávila, para la segunda sesión de Quimioterapia. Acude sola, el capellán y los voluntarios no hemos recibido noticia; su estado de salud es preocupante, los médicos la valoran en urgencias y deciden enviarla a Salamanca. ¡Hay que amputar una pierna!.

Desde Salamanca Toti se pone en contacto con una de las voluntarias, tiene miedo y está sola. Nos desplazamos hasta Salamanca donde queda ingresada. La Iglesia se pone en marcha. Junto a Pastoral Penitenciaria de Ávila, la Casa de acogida “Samuel” de Cáritas Salamanca, la Pastoral de la Salud-Servicio Religioso del Complejo Hospitalario de Salamanca, con el voluntariado, se movilizan y se comprometen a acompañar a Toti en todo momento. Todos por una sola causa: el amor al prójimo y el servicio a las personas que nos necesitan.Todo el equipo de acompañamiento estamos unidos y organizados, rezamos por ella, con ella y por su salud.

Casa Samuel inicia los trámites para avalar a Toti en su libertad condicional y proporcionarla un hogar cuando salga del hospital; se ponen en contacto con los responsables del programa de cárcel de Cáritas Salamanca, y en poco tiempo la documentación está preparada. Al margen de los trámites administrativos, Toti siempre está acompañada y se va familiarizando con su nueva familia.

Entre todos, con mucho amor, generosidad y altruismo, se consigue el gran milagro. Toti apenas estuvo sola durante su estancia en el Hospital… y lo que es más importante, se sintió querida, amada, acogida, atendida… vio alrededor suyo a una familia, a su familia, a la que formamos todos los miembros de la Iglesia, donde cada uno aportó lo que pudo. Fueron muchas personas las que estuvieron pendientes, al margen de los profesionales sanitarios y de los familiares de los acompañantes que también aportaron su granito de arena… Todo el mundo se movilizó… Toti alcanzó el alta hospitalaria y la libertad.

Tan sólo unos días estuvo libre en la Casa Samuel. Volvió al Hospital, esta vez ya para morir.

Falleció rodeada de aquellas personas que habían compartido los últimos días de su vida, aquellas gentes que no la conocían en su mayor parte y que fuera cual fuera su vínculo con la Iglesia (Caritas, Pastoral de la Salud-Servicio Religioso, Pastoral Penitenciaria) habíamos conseguido devolver una sonrisa a una persona golpeada por la vida, devolver la esperanza, la ilusión… Aunque parezca un tópico, por mucho que ofrecimos, fue más lo que recibimos. Aquellas palabras de Toti diciendo: “Os quiero”, “Gracias” o volver a verla sonreír en medio del infortunio, permanecerán junto a nosotros para siempre.

Cuando un enfermo se siente amado, querido, se abre a la esperanza, se salva… No podemos olvidar la unión que ha quedado entre todos lo que formamos el equipo. Toti fue puesta en nuestra vida y no por azar; por eso, ¡Gracias Señor que nos has permitido vivir con Toti, aquello que creemos y celebramos en la Eucaristía!.

Juan Carlos García. Secretariado de Pastoral Penitenciaria-Ávila