Lunes, 1 de mayo de 2017

¡ Ciutadans espanyols de Catalunya: estem amb vosaltres!

Si el problema no fuera tan serio, podríamos seguir frivolizando con ese serial bautizado como Pasión de Catalanes. Pero, ya digo, el asunto es grave y, por más que haya algún incauto que crea que al próximo dictamen del Tribunal Constitucional, y después del “paquete” que le han metido a Mas y sus dos coadjutoras, el tema ha quedado aparcado de por vida, me temo que de eso, nada. Parece como si hubiera un especial interés en tranquilizar a la gente –incluso desde el mismo gobierno- para no buscarse complicaciones. Claro, como el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha dictado esa sentencia que casi ha sido celebrada por los condenados con cava catalán, ¿habrá algún valiente que lo intente de nuevo? Vuelvo a apostarme un café a que se convocará de nuevo el referéndum, y volverán a sorprender al gobierno. Total, volverán a darse como buenas las disculpas de: “Nunca obramos con mala fe; no sabíamos que estábamos incumpliendo alguna ley, porque nadie nos lo había explicado y, además, quienes tomaron la última decisión, lo hicieron por su cuenta y realmente desconocemos quiénes fueron. De todas formas, Señoría, no lo haremos nunca, ni lo volveremos a hacer”. 

 Vamos a ver, uno no es licenciado en derecho y, tal vez, no tenga capacidad para interpretar las leyes con la debida solvencia. Seguro. Pero lo que sí tengo bastante claro es que no acatar las decisiones de los tribunales está calificado como desobediencia; que una autoridad que dicta a sabiendas una resolución injusta incurre en prevaricación, y que emplear los fondos públicos -o dejar que otros lo hagan- en aplicaciones no autorizadas, es malversación. Para los no peritos en la materia, estas tres circunstancias concurrían en los responsables de la consulta del 9N. De hecho, la fiscalía solicitaba 10 años de inhabilitación para Mas, y 9 para sus colaboradores, por el presunto delito de desobediencia. Como no implicaba pena de prisión, se pretendía aplicar una cantidad de años lo suficientemente disuasoria como para que no hubiera reincidentes ni imitadores. Calificar la condena de benévola es ser demasiado benevolente –perdón por la redundancia-. Se les absuelve del delito de prevaricación porque no puede asegurarse que la convocatoria se efectuara a sabiendas de que era injusta. Y yo me pregunto: ¿si no sabían que era injusta, por qué, ahora que lo saben, declaran que volverían a hacer lo mismo? ¿Cómo se llama esa figura? El delito de malversación no fue apreciado por el tribunal porque los dineros que se gastaron en publicidad, papelería y demás zarandajas no provenían de las arcas de Estado, tal vez  llegaron en forma de donativo desde Andorra.

En fin, que aquí no ha pasado nada, que sólo es España la que roba y los integrantes de la antigua CDC tienen las manos limpias; que lo del 4% es un invento de “Madrit”, y que lo único que le guía a esta buena gente es el bienestar de los catalanes. Pero, eso sí, que quede bien claro que volverán a convocar el referéndum. Ya se encargarán de escudriñar los recovecos legales hasta encontrar otra fórmula que les permita nadar y guardar la ropa. De momento, el Tribunal Constitucional adelanta que no está a su alcance solucionar el problema catalán, y los independentistas anuncian que, por si acaso, la convocatoria llevará la firma de todo su gobierno. Tienen todo tan previsto que la Asamblea Nacional Catalana tiene la fórmula para proclamar directamente la República de Cataluña, caso de no poder llevar a cabo el referéndum. Dicen que lo harán en abril y aquí seguimos hablando de diálogo.

¿Dónde está la solución de este “procés”? En la mano de los millones de catalanes que, además de serlo, quieren seguir siendo españoles. Para no pasar por la misma hoja de ruta del pueblo vasco, hay que dar la cara. No oponerse a quienes pretenden hacer de Cataluña una tierra de confrontación entre hermanos es como concederles unos derechos que no existen, es reconocer una historia inventada y ser corresponsables del desastre económico que vendría a continuación. Ni antes ni ahora, los independentistas nunca han pensado en los derechos de quienes desean seguir siendo españoles. Por un falso concepto de la comodidad, o porque los hijos de las tinieblas son más listos que los hijos de la luz, siempre se dejan oír más los antisistema.

A los catalanes-españoles hay que decirles de la forma más clara posible que el resto de españoles -con el Gobierno y los políticos que creen en España al frente- está y estará siempre a vuestro lado. Se puede dialogar con los independentistas -cuando no se salgan de la legalidad- pero siempre después de haber confortado a los que no lo son. Sabed que, cuando desde este lado de España oigáis hablar de los catalanes en tonos despectivos, se están refiriendo a quienes reniegan de España a pesar de que no renuncian a vivir de ella. Dejad oír vuestra voz en la calle, en el trabajo y, sobre todo, en las urnas de verdad, las legales. En esas que desmontan referendos y apagan deseos de independencia. Lo tenéis a vuestro alcance; sin prepotencia, pero sin miedo, porque estáis en vuestra casa.