Sábado, 19 de agosto de 2017

El pollo y el poyo

Unamuno en un ensayo muy serio y profundo, como todo lo de Don Miguel, titulado “La fe”, dice de los de Galaad y los de Efraim, que según la Biblia (Jue 12) luchaban apostados a una y otra orilla del Jordán, y los galaaditas, que se habían apoderado de los vados, empleaban la palabra “shibolet” para conocer a sus enemigos los efraimitas, que pronunciaban “sibolet”, y añade, como ejemplo, que “como si moviendo guerra los de Castilla la Vieja a los de Castilla la Nueva (que entonces, digo yo, comenzaba en Madrid), cuando alguno de estos intentase pasar el Guadarrama, le dijeran ¿eres madrileño? y si respondiese que no: pues di “pollo” y él diría “poyo”, porque no puede pronunciar de aquella suerte. Y entonces le echan mano (como al efraimita) para degollarle en los puertos del Guadarrama”. Hasta aquí Don Miguel. Y quitando lo de la guerra, que por desgracia siempre la ha habido, demos de paso que los madrileños y de ahí para allá han pronunciado siempre la “ll” como “y” (poyo por pollo); pero es que ahora todo el mundo lo hace y especialmente los periodistas deportivos (y disculpen por la alusión explicita pues a un futbolista que se llama Mallo según su camiseta, lo llaman con el primaveral nombre de “Mayo”). Y apropósito de estas confusiones o depravación de la lengua castellana miro en el Diccionario y veo que la Real Academia Española de la Lengua, (que ahora llaman RAE para abreviar), cuyo nombre era tan sonoro y “limpiaba, fijaba y daba esplendor”, no ha quitado la “ll”, pues hay dos o tres hojas de palabras que comienzan por esa letra, además de las que la tienen intercalada. Pero no nos sorprendamos de que un día digan los señores académicos ¿para qué la tenemos ahí, si no la pronuncian ni en Castilla? Y entonces todos tranquilamente en lugar de comernos un pollo nos comeremos un poyo.