Jueves, 23 de marzo de 2017

Requiem por la memoria perdida

Luchamos contra unas normas para imponer las nuestras, este es el reflejo de una vida cualquiera

Que la vida gira y gira,  no hay la más mínima duda. Todos y cada uno de los acontecimientos, vivencias, sensaciones y situaciones se repiten una y otra vez con la diferencia temporal que marcan los radios de esta gran rueda llamada paso del tiempo.

Los humanos somos en muchas ocasiones tan ineptos, que sabiendo o intuyendo que puede suceder, ante uno u otro comportamiento o actitud en nuestro devenir, escogemos aquel o aquella que desemboca en una cadena de sin razón, para a continuación intentar apagar los fuegos desatados que nunca debieron encenderse.

Cuando comenzamos las andanzas y pasos, de nuestro propio existir, tenemos muchas manos a nuestro alrededor para que no nos rocemos con esquinas que nos hieran, o escalones que nos precipiten al vacío.

Corremos y corremos, desgastando etapas de nuestro ciclo vital, creyéndonos los más listos, los más independientes, los más… Y no nos damos cuenta que sin las manos que nos protegen de las esquinas y escalones tendríamos más raspones en nuestra chapa, que un Monster de carreras.

Y un día, que parece lejano, pero realmente esta ahí, nos encontramos siendo las manos que antes apartábamos, para poder ser más “libres”, y nos reconvertimos en la colchoneta para la caída en aquellos escalones, que saltábamos de dos en dos y evitábamos la colchoneta.

Avanzamos en nuestra rueda de la vida y queremos blindarlos (a nuestros hijos) de lo imposible, ¡la vida hay que vivirla! con  los sinsabores y con las alegrías, pues unos y otras son coexistentes para poder evolucionar a siguientes estadios.

Y opositamos y aprobamos para ser unos necios, que no queremos entender aquello, por lo que durante más de la mitad de nuestra vida luchamos.

Queremos imponer, donde antes queríamos libertad, queremos información, donde antes imperaba nuestro secreto, queremos comunicación, cuando nosotros nos encerrábamos en un cajón, queremos interacción, cuando nosotros impusimos la conducta, queremos risas, cuando criticábamos los chistes, malos o buenos, queremos y queremos y queremos, que nuestros vástagos no hagan lo que NOSOTROS hicimos una y otra vez, para evolucionar, para poder aprender, pues nos guste o no, el ser humano sólo aprende del error.

Y a veces, como hoy, te da por pensar y reconoces ” internamente” que eres necio “cum laude” que nuestra función  es guiar, no someter, es pensar poniéndonos en la otra orilla, en aquella que un día ocupamos nosotros  y no traer todo a nuestra playa  (que la masificamos).

Evidentemente todo esto no impide, ni debe  hacerlo, que existan unas normas que seguir con 5 meses, 5 años o 85 años, pero consensuadas, cuando las dos partes puedan y tengan posibilidad de razón.

Ya sólo quedan unos minutos para que siga pensando esto, volveré a mi imposición, a querer tener la razón en propiedad (no en alquiler), a dictaminar las sensaciones de los demás, en definitiva a todo aquello que como hijo, hizo que me “pegara” con mi padre. Pero no pasa nada, pues aprobé mi oposición a “necio” con  contenidos que siempre dije que no haría y objetivos que a veces se han borrado y ahora  soy un padre que se “pega” con sus hijos para que su camino, según yo, sea lo más asfaltado posible.

De todas las maneras, y lo más importante hoy para mí, es felicitar a mi padre  allá donde esté,estando tan proximo el 19 de Marzo,pues me enseñó a luchar, a opinar, a no doblegarme nunca y… A RECONOCER MIS ERRORES  e intentar enmendarlos en el ámbito que ocupe en el momento, sea familiar, social o laboral.