Jueves, 27 de abril de 2017

Impunidad: el gran negocio.

En el sistema de castas hindú, con un antigüedad de más de dos mil años, dice algo parecido a : "Cuando nace un Brahmán, nace un ser  superior a la Tierra entera, es señor de todas las criaturas, y tiene que guardar el secreto del Dharma. Todo lo que existe en el mundo es propiedad privada del Brahmán. Por la alta excelencia de su nacimiento, él tiene derecho a todo. Es él quien goza, quien viste, quien da a otros, y es a través de su gracia que otros gozan". El Brahmán es la casta superior. Gozan de todos los derechos y su única labor es instruir en el conocimiento del mundo al resto de castas (salvo a los parias o intocables, que no gozan de ningún derecho, de hecho ni se contabilizan).

 

El capitalismo moderno, no confundamos con la idea capitalista, ha emulado este sistema de castas. Los directivos, consejeros, altos cargos políticos, y adláteres varios son los Brahmanes del siglo XX y XXI en nuestro mundo. Disfrutan de su onanismo de firma y limpian su conciencia con grandes bacanales, eso sí con otros grandes masturbadores sociales. Tienen sueldos estratosféricos, seguros de muerte más que de susto si vemos los ceros que lo acompañan, aviones y vacaciones privados y a la carta, juegan al Padel o al Golf pero los golpes los dan sus mamporreros; incluso alguno se atrevió con la media maratón de N.Y y en la prensa lo filtro como si fuera la Marathon de la gran manzana  ¡hasta de su propio esfuerzo roban!...¡que no!

La ruina del sistema financiero, hace ya unos añitos, dejo en calzas primero y luego en tanga las bárbaras prerrogativas de los  directivos, sin dirección, que nos han abocado a la desaparición de empresas históricas, naciones insignes y sociedades subyugadas.

Pero ¡ojo! No se confunda nadie, ellos la cúspide de la pirámide social no ha visto ni sentido nada de este caos que ellos mismos generaron, quizás que la escobilla del baño ahora sólo tiene el asidero de nácar.

Esta clara que para estos ocupantes de bodegas de barco, sólo en caso de hundimiento, el código  del navegante no tiene sentido y fueron, son y serán los primeros en abandonar el barco (como las ratas) coger el salvavidas y la única zodiac a disposición o en su defectos algunas zorras que le dieran una línea de flotación más ámplia.

La casta superior de este neocapitalismo, estos brahmanes de corte a navaja y masaje facial, no tienen que dar cuentas a nadie:  ni prensa, ni justicia, ni contribuyentes con título de “paganinis”… Para tapar las fosas sépticas que han originado y siguen creando con la llegada de más caras nuevas con las mismas dendritas ya están  los sellos de caucho de los Estados estampándose en fondos públicos para pagar desastres privados.

Desde la clase gobernante, y son todos sin distinción de colores, piden sacrificios para que no se vacíe más la anoréxica caja de ahorros que nos queda. Y los  Brahmanes culpables, en muchos de los casos los parias tenemos mucha responsabilidad, se convierten en sordos, mudos y testarudos (que diría la canción).

Esto es como si al “Dioni”, después de robar el célebre furgón blindado lo estuviese esperando toda la cúpula policial, fiscal, judicial para darle un premio por lo bien que había puesto en marcha el motor, cerrado las puertas , colocado las sacas y dejado con un palmo de narices a la oficina bancaria. Por supuesto en una sociedad dónde el premio es por nada, y el castigo causa depresión, no podemos olvidar gratificar por lo bien que nos dan por el… y además con diversidad de colores.

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