Sábado, 19 de agosto de 2017

Sor Lucía

Mal asunto cuando una monja es algo más que una monja. Y esto que parece un juego de palabras viene a cuento de la omnipresencia de la antedicha dominica. La conocemos ya demasiado. Y eso siendo ella de clausura. Algo no cuadra.

               Una religiosa argentina que opina con tanto desparpajo es algo anormal del todo. Un sindiós. Ora en política, ora de asuntos más mundanos, dando pregones festivos, y pontificando  en temas de fe (o intentando hacerlo). No creo sea su lugar (aunque habrá muchos que me contradigan). Será su verborrea argentina que se le queda estrecha en el convento. Algunos curas hubo que lo hicieron (y lo hicieron mal, añado). Pero monjitas, de esas, no recuerdo. No sé si la santa andariega hubiera sido así y aprovechado los tirones mediáticos. Eran otros tiempos, pero lo dudo. Ésta aprovecha todo lo aprovechable para aparecer y meter la pata con frecuencia.

           He leído que las monjitas hermanas de aquí se molestan y no comparten sus actitudes. Era de prever. Pero aún levantando tantas polémicas no le han dado un toque de atención y le han dicho, hermana, vuelva usted al convento y a la oración y déjese de paseos protagonísticos. Por el bien de su hermandad y de la religión cristiana entera. O sálgase y dirija o presente un programa (que no han de faltarle ofertas).

           Reconozco que hace unos años, cuando empezó este peregrinar, me caía algo simpática. Tan habladora, tan dicharachera de todo. Pero acabó cansándome. Sobre todo cuando se metió en camisas de once varas. Y expulsó dolorosas opiniones excluyentes. Que si era catalanista. Que si Mas era un amor (para ella). Que a su paisano Messi lo perseguía la hacienda española sin sentido alguno. Que si el estado (español) nos roba. Todas esas cosas que a los ciudadanos de a pie y de interior nos molestan y ella defiende. Luego lo de la virginidad mariana y otras lindezas más puntuales por el estilo. Sor Lucía, vuelva al convento.