Viernes, 23 de febrero de 2018

Seguimos cableados.

Este paseo comienza en la muy dejada de la mano de Dios Iglesia de Santa María de los Caballeros.

Este es uno de esos temas recurrentes en Salamanca desde hace años, eterno dado que se afronta de aquella manera. Hablo de los cables que recorren las fachadas de muchos edificios de nuestra ciudad, especialmente en el barrio antiguo, y que todavía “vuelan” a veces por las calles. Es justo reconocer que esto último ha ido poco a poco desapareciendo, ciertamente es raro encontrarlo en los barrios más nuevos. Pero por el centro siguen muy presentes afeando nuestro patrimonio, la Asociación “Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio” tiene que recordarlo con relativa frecuencia. Como muestra, acompaño una selección de fotos de un paseo de poco más de 500 metros con la Calle Compañía como eje.

Edificio rehabilitado hace unos años frente al Palacio de Monterrey, “profusamente decorado”.

Hace años que esos cables sobrevuelan el comienzo de la Calle de la Compañía.

Aunque ya sé que planificar es soviético, “la bicha” para conservadores y nuevos liberales, resulta que es indispensable tener planes para que algunas cosas al menos aparentemente funcionen, como el Plan General de Ordenación Urbana. Claro que resulta inevitable preguntarse de qué sirve que elaboren estas cosas si luego ellos mismos lo incumplen a la primera ocasión en la que alguien se puede sobre enriquecer, por no hablar de continuas modificaciones a la carta. Hay que insistir, aunque no parece preocupar a algunos, que esos documentos contienen normas de obligado cumplimiento según la legislación vigente. Se supone que ese Plan como sus derivados, el específico del Barrio Antiguo todavía inexistente a pesar de los compromisos adquiridos o el presentado a bombo y platillo por segunda vez Plan de Gestión de esa misma zona, aportan soluciones para los cables.

No hace tanto tiempo que se puso el suelo de la calle Cañizal al mismo nivel, pero no parece que fuera posible soterrar los cables.

Las nuevas tecnologías también dejan su huella en las fachadas, como en el encuentro de la Calle Meléndez con  la de la Compañía.

Soluciones existen puesto que es preciso reconocer y señalar que ha desaparecido cable en fachadas de nuestro barrio antiguo, se supone que siguiendo alguna indicación normativa. Pero todavía se “reinventan” edificios que al finalizar las obras los mantienen. Por no hablar de la modernez de la banda ancha, por la que suspiran tantos pueblos de la provincia (aunque tristemente muchos se conformarían con que fuera estrecha y funcionara) que repueblan nuevamente fachadas, algunas de forma aparatosa.

Edificio recien terminado, a estrenar, pero no ha habido suerte con los cables. Telefonía, iluminación pública, ornamental y una cámara de propina.

La obra de la “larguísima· calle de la Fe, 30 metros, ha sido larga. Poer no ha permitido eliminar el cable que vuela. La foto es de antes de la obra.

La planificación, sobre todo si se hace para cumplirla, permite afrontar estos problemas de forma ordenada y eficaz, estableciendo tiempos razonables para hacerlos menos visibles, sin necesidad de generar en muchos casos mayores gastos. Según se van arreglando edificios se pueden eliminar esos feos y molestos cables. O que el Ayuntamiento pavimenta una calle de nuevo, pues magnífica ocasión para quedar enterrado ese cable que la sobrevuela. Es evidente que obras de esas características se han realizado muchas tras la aprobación del Plan General y el Plan Especial del Barrio Antiguo anteriores, a principios de los 80. Pero el problema no desaparece, incluso renace en algún caso.

Como preludio a la fachada de la Universidad, unos días antes de retirar el andamio, esta gran panorámica. Nótese que parte de los cables suelen pertenecer al alumbrado público.

Gestionar bien, eso que todavía hay quien dice que el PP lo hace muy bien (¿?), supone resolver cosas, como aprovechar obras para solventar otros problemas. Presupuestarlas y no realizarlas para luego alardear de no sé qué superávit presupuestario es sinónimo de incapacidad, aunque al menos reconocen con frecuencia que saber no saben nada. Los impuestos de los ciudadanos deben servir para tener una ciudad mejor para todos, ¿si no a cuento de qué tenemos algunos de los impuestos más altos de la región y en la banda alta del país?. ¿De verdad algunos se ganan realmente el sueldo que les pagamos, asesores (para qué) incluidos?