Lunes, 25 de septiembre de 2017

Juego sexual de “El Muelle” o “Ruleta Rusa”

Los padres no hablan de sexualidad, la escuela no se ocupa de asuntos que no interesan al sistema productivo y los sanitarios se lavan las manos en relación a este tema”
El juego llamado El Muelle o Ruleta Rusa se está poniendo de moda entre los adolescentes

En esta sociedad el sexo se ha convertido, cada vez para más gente, en un producto  de consumo: la actividad sexual se anuncia, se compra y vende, se intercambia y, con frecuencia se convierte en un juego. Juegos que, por otra parte, corren como la pólvora a través de las redes sociales.

Este es el caso del juego (¿) llamado El Muelle o Ruleta Rusa. Puede tener varias versiones y diferentes reglas (según número y sexo de los participantes): varios chicos sentados ofrecen su pene erecto a una o varias chicas que, durante un tiempo (definido en las reglas), se ponen sobre ellos, facilitando la penetración y haciendo movimientos que simulan un muelle, con el fin de excitarles. Las chicas van pasando de un chico a otro hasta que uno de ellos no “aguanta más” y eyacula -éste es el perdedor-.

Por tanto, la finalidad del juego es que los chicos, “usando las chicas”,  como objeto de estimulación, intenten mantener el control sobre la eyaculación el mayor tiempo posible para ser el ganador. El lector se puede imaginar que los chicos y chicas que participan en juego semejante es muy probable que hagan otras muchas cosas.

Este juego, como tantas manifestaciones propias de nuevos mitos sobre la sexualidad, nos parece peligroso y gravemente inadecuado.

Peligroso desde el punto de vista de la salud, cuando lo practican sin preservativo y, en el caso de las chicas, peligroso siempre, porque hacen el muelle sobre el mismo preservativo de cada chico, con lo que pueden transmitirse infecciones unas a otras.

Más peligroso aun nos parece desde el punto de vista emocional y social, porque convierten la actividad sexual  en una mera actividad física, cuando, como es sabido, es mucho más, tanto porque su naturaleza es buscar el placer y el bienestar sexual, a la vez que se pueden evocar  afectos sexuales (deseo, atracción y enamoramiento) y sociales (empatía, amistad, etc.), así como emociones diversas, como por ejemplo, la ternura.

Es un juego sexista que nos recuerda un juego frecuente en el pasado: varios chicos se masturban juntos intentando eyacular el primero o simplemente jugar juntos, buscando placer y diversión. Juego, con independencia de lo que opine cada lector,  menos peligroso y menos manipulador de las chicas. Porque, en el juego de El Muelle,  si cada chico va acabando el juego cuando eyacula, ¿qué regla favorece el que las chicas se sientan bien sexualmente?

Es un juego que banaliza la actividad sexual al convertirla  en “juego de risas”, sin intimidad, sin comunicación interpersonal y sin reconocer que la actividad sexual no es solo una actividad biológica, como si compitiéramos en tantos juegos exclusivamente físicos.

Ya ven como está la situación, mientras los políticos aprueban los 16 años como edad de consentimiento para la actividad sexual (¿están en la luna?, los padres no hablan de sexualidad, la escuela no se ocupa de asuntos que no interesan al sistema productivo y los sanitarios se lavan las manos en relación a este tema.