Lunes, 26 de junio de 2017

Romper el silencio del maltrato machista

El escritor abulense Julio Collado comenta la Antología de Salamanca coordinada por A. P. Alencart, colaborador de SALAMANCArtv AL DÍA

El escritor Julio Collado

Cuando por la mañana me despierto con la noticia de un nuevo asesinato de una mujer, se me revuelve el estómago y me levanto tocado y perplejo. Mientras me aseo y desayuno sin ganas, intento averiguar el porqué de esta “pandemia mundial” como la ha declarado la ONU. Me  pregunto desde cuándo viene este acoso a las mujeres por parte de los hombres, este reino del miedo que soportan las mujeres por el pecado de haber nacido mujeres. ¿Qué pasa para que el ser amado en un tiempo, madre y compañera, se convierta demasiadas veces y en la misma alcoba en el chivo expiatorio de los complejos y las ansias de poder de sus antiguos compañeros? ¿Cómo ha llegado  la palabra AMOR a prostituirse a tal extremo que no se distinga entre el dar gratuitamente y la posesión más ruin de todas? ¿Qué cambio cultural se necesita para detener este crimen contra la mujer?

Estas y otras muchas preguntas me hago cada vez que observo, leo o escucho una discriminación más contra la mujer. Y termino pensando que, a la postre, las muertes son sólo la punta del iceberg de una violencia diaria que es invisible porque nuestra cultura machista no nos enseña a mirar lo que realmente pasa en el mundo. La desigualdad salarial, los chistes machistas con sonrisita incluida, los anuncios que las hacen objetos del deseo, la prostitución, la mutilación genital, el control social, la feminización de los trabajos más duros, peor pagados y menos valorados, la poca presencia en los puestos de poder y otras muchas situaciones provocan el ninguneo de la mujer, la invisibilidad, la menor valía. Después, el maltrato se antoja más fácil, es la consecuencia. Por eso, no es baladí la polémica entre los defensores del uso del femenino y el masculino conjuntamente con  los que piensan que a la gramática hay que dejarla aparte y que el masculino engloba a todos. A todos, sí; a todas, no. Las palabras no son neutrales y tienen mucho poder. Lo que no se nombra, no existe. Bien lo sabía Blas de Otero cuando escribió “Si he sufrido la sed, el hambre, todo / lo que era mío y resultó ser nada,/ si he segado las sombras en silencio,/ me queda la palabra”. O Gabriel Celaya para quien “La poesía es un arma cargada de futuro”. Lo que ocurre es que se lee poco a los poetas y se les hace menos caso aún.

A pesar de todo, a pesar de que algunos piensen que las palabras de los poetas sirven de poco, mientras les quede la palabra, deben decirla para acompañar al triste y tan numeroso coro de las mujeres y de las adolescentes y de las niñas  que son violentadas cada segundo en el mundo. Y gritar con ellas los versos de Celaya: “Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan/ decir que somos quien somos,/ nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno./ Estamos tocando el fondo”. Este mismo espíritu es sin duda el que ha impulsado a Alfredo P.  Alencar,  poeta al que “nada humano le es ajeno” como escribió Terencio, a confeccionar con mimo “No Resignación” (Ayuntamiento de Salamanca, 2016). Es esta una antología poética que recoge las voces de 72 mujeres y 64 hombres de todos los rincones de la tierra. El antólogo tuvo una feliz idea al hacerlo así: si el problema es mundial, la respuesta debe ser mundial. No debe haber sido tarea fácil;  pero el tesón y la bonhomía de Alfredo la hicieron posible. Estas 230 páginas que arrullan las palabras al calor de las pinturas de Miguel Elías te atrapan unas veces en el desasosiego y siempre en la esperanza. A nadie, sea lectora o lector, dejarán indiferente. Desde la oportuna cita primera hasta los últimos poemas en sus lenguas originarias, todo el libro rezuma la necesidad de conocer y actuar porque no son tiempos de distraerse.

El filósofo alemán Theodor Adorno se planteó si era posible seguir escribiendo poesía después del holocausto nazi. La respuesta es clara: sí, es posible y, sobre todo, necesario; pero, ya no puede escribirse la poesía de igual forma. Lo mismo puede decirse hoy ante la tragedia diaria de la violencia contra la mujer. Hay que tomar partido; hay que romper el silencio ante una cultura de la explotación que hunde sus raíces en los albores de la Humanidad. Sería lamentable que la costumbre hiciera banal el mal, como escribió Hannah Arendt. Muchos poemas de “No resignación” hablan de esa triste historia; como la primera cita-pórtico: “Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:/ un intento de vida;/ un juego al escondite con mi ser./ Pero yo estaba hecha de presentes,/ y mis pies planos sobre la tierra promisora/ no resistían caminar hacia atrás,/ y seguían adelante, adelante,/ burlando las cenizas para alcanzar el beso/ de los senderos nuevos...”. Es de la poetisa Julia de Burgos. Y la secunda A. P. Alencart: “No calles nunca. Sólo tu clamor expulsará lo abyecto”... “Olvidemos la Historia. No resignación”.

En esta Antología encontrará la lectora y el lector las voces del miedo, el grito desgarrado, la carne abierta y, también, el ánimo para descorrer la sombra del túnel con el humor: “Sal a la luz. Hay luz, es clara y tibia./ Deja que la sonrisa te visite de nuevo./ Haz con el miedo el último gazpacho./ Pero no le perdones, porque sí sabe lo que hace”. Y la esperanza. No todo está perdido  si unas y otros empleamos las palabras no sólo para denunciar sino también para romper la soledad de la acorralada. Para anunciar que otra vida es posible, que lo nuevo espera en algún rincón inesperado y que otros hombres esperan amar y ser amados. De esto habla el poema de María Isabel Andrés: “Amo a todos los hombres/ que son/ Hombres/ de mi misma especie,/ que reciben su nombre/ no en lo que son/ sino en lo que eligen/ no ser... Os amamos... porque os elegimos/ con el espíritu libre y radiante/ de los que se saben dos/ y también uno/ y se toman/ y no se hieren/ sino que son/ así/ mejores”.  Aunque para este “nuevo” amor sea muy conveniente leer con atención y cumplir después las “Reglas de juego para los hombres que quieran amar a las mujeres”. Para empezar abriendo boca, la primera regla: “El hombre que me ame/ deberá saber descorrer la cortinas de la piel,/ encontrar la profundidad de mis ojos/ y conocer lo que anida en mí,/ la golondrina trasparente de la ternura”. Y la última: “El amor de mi hombre/ no querrá rotularme y etiquetarme,/ me dará aire, espacio,/ alimento para ser mejor,/ como una Revolución/ que hace de cada día/ el comienzo de una nueva victoria”.

En fin, para ese cambio que se propone en estos y otros poemas, será imprescindible, en primer lugar, modificar la educación ancestral que ha hecho lecturas interesadas desde el mito de Eva hasta de los postulados feministas actuales para convertir a la mujer en la “mala” de la película. Después, habrá que ir creando una sociedad que ame la amistad y no la violencia; que se asiente sobre la colaboración horizontal y no sobre la competición individualista y jerárquica; una sociedad que promueva el placer compartido y no el dolor castrante; una sociedad que voltee las desigualdades, origen de la violencia, y que tenga en gran estima la belleza y la simpatía de no dejar a nadie en la cuneta por sus ideas, su sexo, su creencia o su dinero. Es cierto que los tiempos que corren no son propicios para la lírica; nunca los hubo. Por eso, antes y ahora, son tan necesarios libros como “NO RESIGNACIÓN”. Los poemas de esta Antología de cuidada edición, no son por ello para lecturas rápidas y de compromiso; exigen parar el reloj de arena  y entablar un profundo diálogo con cada uno de ellos. Tal vez, sería buena idea paladear un poema cada día para alargar al máximo el cosquilleo que producen en el alma. Para no olvidar que nadie puede quedarse de brazos cruzados ni mirar para otro lado ante el horror de la violencia machista. Porque todos somos responsables de mejorar este mundo y dar ejemplo a los adolescentes que, según las estadísticas, se parecen demasiado a sus mayores en estas cosas del “mal amor”.

Cada cual desde su puesto; porque, en esta aventura, nadie sobra y todos, mujeres y hombres, somos imprescindibles; para que el “tren de la convivencia” no descarrile. Y para que sea posible lograr el deseo que Elena Díaz plasma en su poema: “A ser libre, mujer, no temas,/ extiende tus alas,/ danza en tu vuelo,/ deja que música de violines/ tu pelo mezca/ y sea el arco iris/ tu vestimenta./ Rompe del miedo las cadenas,/ y que la vida deposite,/ en el renacido cuenco de tus manos,/ solo gotas de miel”.

Cuando cerré, por ahora, “NO RESIGNACIÓN”, recordé el poema de Agustín García Calvo “Libre te quiero” y comencé a escucharlo en la voz envolvente de Amancio Prada: “Libre te quiero,/ como arroyo que brinca/ de peña en peña./ Pero no mía”. Según iban avanzando los versos, pensé que tal vez la raíz de todas las violencias sea el imbécil ansia de posesión. La propiedad privada. “La maté porque era mía”, esa terrible frase popular.

Lean esta Antología y hablen de ella a otros, para que la “marea” de ponerse en la piel de nuestras compañeras sea cada día más irresistible.

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