Viernes, 22 de septiembre de 2017

Otro buen fin

Ya saben que una de mis obsesiones, quiero decir, de mis temas recurrentes, es este de las patrias e idiosincrasias, adquiridas y heredadas. Debe ser porque tengo dos…

El año pasado ya les había contado que en México, de unos años para acá, empezaron una tradición en la línea del Black Friday de los vecinos de arriba (el viernes siguiente a Acción de Gracias es día de ofertones), con la mira puesta en “adelantar” las compras navideñas… aunque yo creo que, como se trata de gastar, es más bien una especie banderazo de salida, de una carrera en la que, aunque lo neguemos, caemos todos, de una u otra forma. Está bien, está bien, casi todos... (emoticono de guiño, todos sabemos que hay gente que se escapa de las compras y gastos navideños).

Ya he escrito otras veces que este mi país, también, es, al menos en algunas cuestiones, más gringo de lo que se cree, sin, por supuesto, dejar de ser latino, hispano o hispánico, no voy a discutir por los apellidos. A lo mejor Trump acaba con eso y dispara un antigringuismo… El odio al otro ya está aflorando al otro lado del río…

Pero hoy quería escribir más ligero, así que dejemos al señor ese cuyo gabinete parece que va estar integrado por puros próceres… a los que les gusta mucho el té, tanto que hasta son del Tea Party.

Pero lo que hoy quería era contar que marcas, productos, deportes, costumbres… que conocía por las películas cuando vine a México, se volvieron algo cotidiano desde que vivo aquí.

Los coches son “del año”, uno tiene un Mustang 66, un vocho 88, y así…

Conozco a más gente que ha probado la de Maine, aunque sea en Red Lobster, que la que conoce nuestro querido jamón de Guijuelo… Aunque, por ejemplo, un plato navideño imprescindible es el bacalao… que en muchas casas se prepara a la vizcaína… con chile.

Ya saben que una de mis obsesiones, quiero decir, de mis temas recurrentes, es este de las patrias e idiosincrasias, adquiridas y heredadas. Debe ser porque tengo dos… Con un toque francés, un cariño incondicional por lo portugués y un reconocimiento a todo lo que le debo a lo sajón.

Es decir, que las cosas no son para nada simples, sino que se complican y las complicamos. Que solemos parecernos más de lo que pensamos a quienes consideramos antagonistas… Y viceversa.

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