Sábado, 23 de junio de 2018

Parece que no tenemos prisa...

Los días pasan y los ciudadanos acusamos la crisis política, económica y social entre el cansancio y la acritud. Por un lado algunos preferiríamos no leer ni escuchar ninguna noticia. Pero al final acabamos escuchando o leyendo para ver que se cuece. Pero, ¿realmente sabemos lo que sucede?

Si sabemos que España fue durante siete años, como decimos en Castilla, “La Casa de tócame Roque”. En que la algarabía y el descontrol campaban a sus anchas. Actitud propia de quiénes afirmaban, como alguna exministra, que “el dinero público no es de nadie. Hay más dichos de la sabiduría popular castellana como el que dice: “No compres a quién compró, compra a quién heredó, porque el que ha heredado, no sabe cuánto ha costado reunir un pequeño capital y lo malgasta”. El que compró o compra con su esfuerzo sabe cuanto esfuerzo supone, prosperar, trabajando y mantener lo comprado. Estamos asistiendo al resultado de dar confianza a políticos de poca entidad una vez más.

Se ha despilfarrado tiempo y dinero, mientras el país sigue paralizado. A ver que se les ocurre ahora para caer con una supuesta dignidad, que ya no engaña a nadie. Hemos sido más comprensivos y solidarios de la cuenta con una clase política, con un tiempo y un dinero que se decía no era de nadie. Pero nadie somos todos.

¿Aprenderán algún día los políticos y partidos a usar las palabras y los términos exactos? ¿A explicar la realidad sin maquearla como se dice ahora? Para algunos de ellos todos somos compañeros y compañeras, todos somos iguales, eso sí cuando el que habla o toma la batuta está arriba. Mensaje vacuo de siempre que enmascara. La realidad es que todavía parece que están discutiendo lo de los "miembros" y "miembras", según las palabras de despedida de Pedro, el amigo de Heidi, del protagonista de la semana. ¿Qué se nos quierentransmitir después de tanto marasmo? ¿Qué tiempo quieren perder? Es evidente que algunos tan sólo pretenden ganar tiempo, pero no generar soluciones.

Hoy nos podemos preguntar si : ¿Somos tontos o lo parecemos? Si está claro que gran parte de la sociedad ya tiene totalmente asumido el slogan del “todo vale” o el “da igual” o “el esfuerzo cero”, como resultado varias generaciones de una amplia mayoría que no lee, iletrada y que carece de una rápida capacidad global de análisis o de enfrentarse a problemas que le superan. Iletrados avocados a la sumisión al populismo. Por otro lado la cultura de la subvención hace que muchos esperen que les arreglen las cosas sin esforzarse.

La solución de cualquier crisis pasa por redefinirnos a nosotros mismos, por coger la responsabilidad con las manos, y ser conscientes que uno más uno suma, y no separa. No ha sido el Estado, ni los ciudadanos los verdaderos causantes de la crisis económica y social en la que estamos. Han sido los bancos y las entidades financieras y la falta de control por parte de los gobiernos de algunos estados sobre los mercados financieros internacionales, y el caso de un gobierno de España que practicó de forma irresponsable el “laissez faire”, preocupado más por la política que por la administración del país. Sin olvidar a gobiernos anteriores que toleraron actitudes políticas al margen de la ley, nacionalismos dudosos, en pro de ganar votos para mal gobernar el país. Los que deberían haber pagado la crisis son éstos, los verdaderos protagonistas. Hasta que no empecemos a tener conciencia de Estado con mayúsculas no se pondrá freno a este desbarajuste.

El mayor problema es que más allá de la demagogia y la tentación populista, existe una cosa que se llaman cifras, números, matemáticas, finanzas, mercados de deuda, tipos de interés, compromisos internacionales, cifras de competitividad, mercado de derivados, costes, presupuestos, etc. Cosas aburridas y con poco gracejo, pero indispensables para que funcionen las cosas; sobre las que los ciudadanos de a pie no suelen tener mucha idea; además de la sala de máquinas de un Estado y de menos de cómo funciona. Pero el político de la tribuna, sabiendo como funciona, calla la mitad y agita a las masas para que aplaudan su opera particular.

Una gran mayoría de ciudadanos, como históricamente hemos visto, tiende a creer que el dinero brota del Estado como agua de manantial, y que al partido gobernante le gusta recortar porque es cachondo y “quieren acabar con todo” porque da un morbo especial, o que regala subvenciones y dinero porque está contento. Lema de la profundidad intelectual de un charco, y que creen que vale para un roto y un descosido. Es sabido de que el dinero de los contribuyentes debe o debería revertir en los contribuyentes, y el voto de los ciudadanos sobre éstos. Eso es lo que debería suceder en todos los países democráticos del mundo.

De aquí a final de año nos darán un refrito de noticias sobre la corrupción, mientras el día a día de la verdadera política se deja de lado por los medios de comunicación, oportunidad que aprovecharán los de siempre para no tener prisa para sacarnos del marasmo.

Al final lo que lo que, será y sí es patente, es el pesimismo indignado ante una falta de soluciones o de liderazgo que se respira por todas partes, y que, en verdad, puede llevar a la separación entre clase política y ciudadanos; y que el país se refuerce en la ineficacia a todos los niveles de la sociedad. Pues sigue pareciendo que no haya prisa; y que el mal avanza porque los hombres buenos no hacen nada.