Domingo, 22 de octubre de 2017

Cainismos

“Mucha sangre de Caín aparece enfurecida y no civilizada estos días entre nosotros los españoles. Y nos hiela el corazón y nos hiela el alma; porque creíamos que estábamos en vías de superar ese pasado tan trágico y cerrado, o que ya lo habíamos superado”

De nuevo, surgen entre nosotros los venenos de los cainismos. Es como si no pudiéramos alumbrar esa otra España de que hablara Antonio Machado (“mas otra España nace”...); como si siguiéramos condenados a esa letanía machadiana tan sabia como trágica: “Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón.”

            Los cainismos, de nuevo, entre nosotros. Ya Francisco de Goya plasmaba genial y plásticamente a esos dos españoles peleándose a garrotazos. El propio Antonio Machado decía, en “La tierra de Alvargonzález”: “Mucha sangre de Caín / tiene la gente labriega”.

            Mucha sangre de Caín aparece enfurecida y no civilizada estos días entre nosotros los españoles. Y nos hiela el corazón y nos hiela el alma; porque creíamos que estábamos en vías de superar ese pasado tan trágico y cerrado, o que ya lo habíamos superado.

            Pero no. Los correveidiles –que siempre los ha habido y los hay entre nosotros– actúan estos días para llevarles la cabeza del Bautista a  los y las Salomés de turno. El relato evangélico también podría valer, para plasmar estos días tan tristes que estamos viviendo en nuestro país.

            Jaime Gil de Biedma, el extraordinario poeta español del medio siglo, en su hermosa sextina “Apología y petición” (de su obra ‘Moralidades’, publicada en México en 1966), ya se preguntaba: “Y qué decir de nuestra madre España, / este país de todos los demonios / en donde el mal gobierno, la pobreza”...

            Parecerían versos escritos para este tiempo de crisis, un tiempo marcado por el mal gobierno, la pobreza, las intransigencias de todo tipo, los desacuerdos, las perspectivas excluyentes, los recortes en los servicios públicos más esenciales para la población y en las libertades... y cuántas cosas más.

            Cainismos, golpes de mano, “leguleyismos” para llevarse el agua al molino que interesa... y cuántas cosas más (podríamos seguir repitiendo como una reiterativa letanía.)

            Pero, ante tal perspectiva de pintura negra goyesca, podríamos reiterar, recitar, entonar, con Jaime Gil de Biedma, en su anterior poema indicado, estos versos, que querríamos fueran conjuro para espantar estos días españoles tan tristes:

            “Quiero creer que nuestro mal gobierno / es un vulgar negocio de los hombres / y no una metafísica, que España / debe y puede salir de la pobreza, / que es tiempo aún para cambiar su historia / antes que se la lleven los demonios.”

            Ojalá que así fuera...