Viernes, 23 de febrero de 2018

Con tanto Monumento, ¿se olvida el patrimonio menor?.

Hace ya unos años las huertas que existían entre el Arrabal, la avenida que antecede al puente de Sánchez Fabrés y el Paseo del Progreso se convirtieron en un espacio público ajardinado. El paso del tiempo lo ha transformado en un lugar agradable dotado de sombra, muy apetecible en el caluroso estío. Frente a otras zonas verdes que tardan muchos años en conseguir esa sombra mínimamente interesante, esta la ha conseguido con rapidez, a pesar de contar con muy pocos árboles en su momento. La intervención hay que reconocer que ha sido afortunada.

Se aprovechó para rehabilitar una noria tradicional, de “sangre” o “tiro” dado que el agua se subía con la energía proporcionada por una caballería. Lo cuenta un cartel colocado junto a ella. El problema está en que muy pronto apareció un agujero en un muro, que nadie reparo, y se fue haciendo más grande. Después aparecieron más agujeros, y así lleva ya unos años. La única actuación municipal notable ha sido vallar adecuadamente el lugar, no hace tanto que ni siquiera habían hecho eso.

Este elemento forma parte de una ruta señalizada desde Aldeatejada hasta el Puente Romano, la entrada sur de la Vía de la Plata. Aparte de la calzada, junto a elementos interesantes recuperados instalaron carteles informativos bajo algo que denominan ITER PLATA. Es un paseo agradable que hace mucha gente, salvo cuando pega el sol claro, los árboles no parece que llegaran para esta parte, o son tristes palillos con hojas.. Estamos en otra Salamanca, más allá de los grandes monumentos, que merece la pena salvaguardar, aunque sea a la sombra de uno declarado en 1931.

También forman parte de nuestra memoria. Molinos se conservan, o se olvidan claro, varios en diferentes estados a lo largo del rio, o alguna fábrica de harinas. El Museo de Automoción fue un espacio fabril. Unos depósitos subterráneos de agua contienen el Museo del Comercio, al que la ignorancia le privó del valioso depósito elevado. Y más cosas, quizá menores para el turismo, pero vitales para la ciudad en su momento. Incluso conservamos huella visible de la cuna de Salamanca en el Cerro de San Vicente, que, lamentablemente, es prácticamente inaccesible al turismo que nos visita. En realidad parece que fuera de la Plaza Mayor y la Rúa Mayor, no existe turismo.

Junto a la noria hay un puente de madera al que no le vendría mal tratarlo, al menos su suelo. Así evitaríamos tener que sustituirlo en breve, la forma clásica y “barata” de arreglar los elementos urbanos del Ayuntamiento Popular.

Habría que seguir recuperando nuestra memoria para evitar que desaparezca, que no suele precisar de grandes inversiones si se hacen las cosas bien. Y actuar con rapidez cuando algo se deteriora. Cuidar con mimo las pequeñas cosas da la medida de nuestro verdadero cariño por la ciudad, su historia y su patrimonio. Aunque requieran presupuestos infinitamente mayores, velar por la Catedral, la Universidad, la Casa de las Conchas, o la Plaza Mayor es fácil, se ven demasiado y existe presión popular para salvaguardarlas. Bueno, no sé si retractarme de esto a la vista de las décadas que lleva esperando la Plaza por su rehabilitación integral, o lo que se tarda en reparar una concha…

No puedo evitar referirme a la crisis del PSOE. Si alguien no sabía de la utilidad de las puertas giratorias, Felipe González y otros colegas lo han mostrado perfectamente: así el verdadero poder, el económico, impide que se “desmanden” algunos. Lo importante es mantener este sistema basado en la corrupción, el despilfarro y la precariedad de la mayoría, parece que es la única forma que conocen para ganar dinero, y eso de repartir con sus compatriotas no va mucho con ellos. Con la colaboración de los remilgados abstencionistas de izquierdas, claro. Por cierto, ¿por qué los elegidos por la militancia en primarias, Borrel o Pedro Sánchez (que no es santo de mi devoción precisamente), nunca llegan a ningún sitio en el PSOE?