Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Salamanca en México

O de cómo mis dos orillas, de vez en cuando, se ponen de acuerdo para regalarme de esas sorpresas que alegran el día.

Estos artículos los escribo en calidad de charro de dos orillas: no tienen que haber venido a México para saber que, para la mayoría de las personas en el mundo, los charros son… de México ˗ni modo, es lo que tiene ser de una provincia pequeña con pocos habitantes, de allí salió lo charro… pero aquí somos más de 120 millones˗.

Nuestra joya por antonomasia, el botón charro, es muy similar a muchas botonaduras que usa el propio traje de charro… de acá… Y el plateresco es una de las maravillas de Salamanca… y no se puede entender sin él… el barroco mexicano.

Podría seguir, pero hoy quiero contarles que hace unos meses me encontré con ¡la casa de las conchas! Desde luego, la de allá es una joya renacentista y la de acá una casa de fines del XIX… Pero en los muros exteriores tiene conchas.

La verdad, es algo que llama la atención, que te provoca una sonrisa y que… nos hizo, a Pilar y a mí, sentarnos a tomar una café. Sí, porque el día que la descubrí iba con un amigo y, desde ese momento, tenía claro que había que volver.

Hoy, la casa de las conchas chilanga alberga el Bazar Fusión, o la Casa Fusión; hay cafecitos y restaurantes, tiendas de artesanos mexicanos donde uno encuentra artesanías, joyas, ropa, muebles…

Las puertas interiores están decoradas con un escudo de armas presidido por un castillo, lo que me hace imaginar que la familia decimonónica que habitara esa casa, en la calle de Londres, número 37, colonia Juárez, tendría un apellido “castellano”.

No será el gran monumento pero es un lugar encantador y, por supuesto, creo que si algún charro o alguna charra, de allá, se dan una vuelta por acá, deberían visitarlo.

Yo creo que, como a nosotros, les provocaría una sonrisa.

@ignacio_martins

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