Domingo, 24 de junio de 2018

El Credo Legionario...

​Millán-Astray plasmó en sentencias simples la que definió como “base espiritual” de la Legión. Se trata de uno de los credos más honorables y emocionantes de nuestras Fuerzas Armadas.  
El Tercio de Extranjeros, nombre original de La Legión, nació como fuerza de choque para la dura guerra de Marruecos. Esta nueva fuerza tenía como objetivo sustituir a las Unidades de recluta forzosa cuya pobre preparación y frágil moral era motivo de gran número de bajas y dificultades en el desarrollo de las operaciones terrestres. Por Real Decreto de 28 de enero de 1920, siendo a la sazón Ministro de Guerra don José Villalba, Su Majestad el Rey don Alfonso XIII tuvo a bien disponer lo siguiente: "Con la denominación de Tercio de Extranjeros se creará una Unidad militar armada, cuyos efectivos, haberes y reglamento por que ha de regirse serán fijados por el Ministro de Guerra". El alistamiento quedó abierto a españoles y extranjeros sin mayores exigencias que ser sanos, fuertes y aptos para empuñar las armas, ofreciendo, a cambio, la posibilidad de hacer carrera militar en el seno de La Legión.
De esta forma, se vería convertido en realidad lo que comenzó siendo un proyecto del Teniente Coronel de Infantería José Millán-Astray Terreros, militar de prestigio que unía a una elevada formación militar un demostrado heroísmo forjado en Filipinas y posteriormente en África.
El 20 de septiembre de 1920 se considera oficialmente la fecha de nacimiento de La Legión ya que fue ese preciso día cuando se alistó el primer Legionario. Ya desde los primeros instantes de su vida empezó La Legión a adquirir su fisonomía peculiar con la alusión a las viejas glorias de la Infantería española, con el título de caballero otorgado por el Jefe Fundador a todos los legionarios, con la energía en el saludo y, sobre todo, el “Credo Legionario”, código de conducta dictado por el Teniente Coronel Millán-Astray que constituye la base espiritual de La Legión, su médula y nervio.
La Legión nace pues el 20 de septiembre de 1920, y aunque pronto empezó a participar en acciones de guerra no empezó a ser conocida por los españoles hasta su precipitado traslado en socorro de la ciudad de Melilla, tras el Desastre de Annual. En 1923, con la unidad plenamente establecida, necesitando mantener el flujo de reclutas, e incrementar la publicidad sobre la misma, Millán-Astray redactó y editó un libro titulado “ La Legión”, en el cual aparece públicamente la primera forma conocida de “El Credo”. No obstante este ya existía prácticamente desde la fundación de la unidad, y era enseñado a las tropas con tanta insistencia y tesón como si se tratara de un nuevo catecismo. El Credo Legionario consiste en una lista de doce normas o máximas, redactadas por Millán-Astray, poco después de la creación de la unidad en 1920. La intención de Millán-Astray era la de plasmar en sentencias simples la que definió como “base espiritual” de la Legión, ayudando así a conformar su Espíritu de Cuerpo. De esta forma, según el fundador, todo Caballero legionario debía saber de memoria “El Credo”, y aplicarlo en todas las facetas de su vida.
La Legión se pensó desde el primer momento como unidad de choque, compuesta por voluntarios, que permitiera reducir la cantidad de bajas de personal de leva que tanto malestar social causaba en la península. Se esperaba que se nutriera principalmente de extranjeros, y de nacionales que buscasen huir de una vida anterior, redimirse, mediante el servicio armado, lo que se tradujo en una bien conocida política inicial de "nada de preguntas". "El Credo" está formado por doce sentencias o espíritus que debe atesorar y cumplir todo caballero legionario. "El Credo" es, además, una guía de conducta simple y fácil de memorizar a fin de permitir su mejor aprendizaje por parte de legionarios iletrados o extranjeros. Unido a las ceremonias, a la uniformidad exclusiva de la Legión, a las tradiciones y al llamado " Culto a la muerte", conforma la base de la llamada " mística legionaria", creada conscientemente por su fundador, y cultivada con afán por el cuerpo desde entonces. El objetivo de este adoctrinamiento era conseguir una unidad cohesionada, dispuesta a actuar como tropas de choque sin temer a la muerte. El mismo Millán-Astray admitió muchas veces ser un gran admirador del Bushido, obra que él mismo llegó a traducir al español durante los años 20 a partir de una edición francesa.
 Los Doce Espíritus que forman el Credo Legionario son:
1. El Espíritu del legionario: Es único y sin igual, de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.
2. El Espíritu de compañerismo: Con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.
3. El Espíritu de amistad: De juramento entre cada dos hombres.
4. El Espíritu de unión y socorro: A la voz de ¡A mí La Legión!, sea donde sea, acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio.
5. El Espíritu de marcha: Jamás un legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado. Será el cuerpo más veloz y resistente.
6. El Espíritu de sufrimiento y dureza: No se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed, ni de sueño, hará todos los trabajos, cavará, arrastrará cañones, carros; estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden.
7. El Espíritu de acudir al fuego: La Legión desde el hombre solo hasta La Legión entera, acudirá siempre donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.
8. El Espíritu de disciplina: Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.
9. El Espíritu de combate: La Legión pedirá siempre, siempre, combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años.
10. El Espíritu de la muerte: El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.
11. La Bandera de La Legión: Es la más gloriosa porque está teñida con la sangre de sus legionarios.
12. Todos los hombres legionarios son bravos: Cada Nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente.
Aunque no son exactamente parte del credo, se le incluyen siempre los tres vivas que se lanzan en todo acto ceremonial legionario desde su fundación: "¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!". Los vivas se gritan por parte de todos los legionarios presentes en el acto, al unísono, a modo de clausura y a la voz del oficial superior legionario presente, quien siempre los demanda con la misma frase con que lo hacía Millán-Astray, hoy tradicional: "Con el gorrillo en la mano y el brazo en alto, gritad conmigo: ...".
El texto del Credo Legionario se mantuvo inalterado durante los años de existencia de la Legión, excepto por un detalle del 11º espíritu: la edición original publicada por Millán-Astray rezaba: " La Bandera de La Legión será la más gloriosa ...". La forma en futuro fue modificada a su redacción actual, en presente, en un acto con gran ceremonia tras la entrega de la primera Bandera Nacional a La Legión el 5 de octubre de 1927 por parte de la entonces Reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, al considerarse que las bajas Legionarias hasta la fecha lo hacían merecedor de tal modificación.
Hacia 1923, el entonces Jefe de La Legión, Teniente Coronel Rafael Valenzuela Urzáiz distribuyó entre sus mandos y tropa una nota en la que añadía un Nuevo Espíritu:
El Espíritu del pelotón de castigo: “el sufrir arresto en el pelotón es derecho del legionario que pecó militarmente; derecho que no debe desposeersele ni con indultos ni atenuaciones, y cuanto más plenamente realize el pago más se desliga de su falta, que al terminar el correctivo deja de pesar sobre él puesto que se liberó pagando por ello su justo precio.”
Aunque nunca se ha añadido oficialmente este redactado adicional al Credo, ha tenido esa consideración durante mucho tiempo, formando parte del corpus de costumbres propias de La Legión.
Por otra parte, el tercer jefe de La Legión, Francisco Franco, retocó en 1923 la redacción del Espíritu de unión y socorro, eliminando algunas palabras, de forma que quedaba como sigue: el Espíritu de unión y socorro: “A la voz de ¡ A mí La Legión!, (sea donde sea), acudirán todos y , (con razón o sin ella), defenderán al legionario que pida auxilio”. Pero se volvió a la anterior redacción.
Espíritu al que desertaba o se suicidaba : “ Legionario, si tu condición de hombre no te hace responsable de tus actos, ¿de qué te quejas?: cumple tu compromiso y vete”.
Oración del Legionario : Ante el monumento legionario, presidido por el Cristo de la Buena Muerte, y desde las filas de la gloriosa Legión, recordamos a quienes murieron con nobleza y honor. Señor de la vida y la esperanza, fuente de salvación y de paz, concede a nuestros difuntos el descanso eterno.
En los años 80, cuando se cuestionaba la continuidad de La Legión, el Ministerio de Defensa de España promovió una nueva redacción de "El Credo", por considerar que la tradicional era anacrónica y políticamente incorrecta, aunque como era de esperar no prosperó. Es muy difícil de resumir en tan pocas líneas tan alta sabiduría militar, en pocas palabras, la Guía del Valor. Se trata de uno de los credos más honorables y emocionantes de nuestras Fuerzas Armadas.