Viernes, 25 de mayo de 2018

Incongruencias salmantinas.

Esa señal, la R-100 según la normativa española, está colocada en el Paseo del Rector Esperabe, en la entrada del Puente Romano, al que afecta. Según esas normas de circulación significa: “CIRCULACIÓN PROHIBIDA. Prohibición de circulación de toda clase de vehículos en ambos sentidos”. En este caso, además, se deja bien claro que el puente es de “acceso exclusivo” para “peatones”. Pero todos podemos observar que por él también circulan bicicletas, como también ocurre por las aceras de la ciudad.

Si nos fijamos en lo que dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la bicicleta es un Vehículo de dos ruedas (…). Lo mismo que para la normativa de circulación de vehículos, es decir, su lugar obligatorio para circular está en la calzada, salvo que se indique expresamente lo contrario.

Pero es indudable que es posible la convivencia de los diversos modos de transporte en un mismo espacio, si se respetan debidamente las prioridades y las normas, en especial del más fuerte frente al más débil. De hecho alguna ciudad (Chambéry, Francia) lo practica en lo que consideraríamos vieja travesía de una carretera nacional reduciendo, sorprendentemente, la siniestralidad. No hay diferencia entre aceras y calzada, salvo marcas, ni pasos de peatones, sólo una prioridad peatonal convenientemente señalizada. La clave es el respeto a los demás, la esencia de vivir en sociedad.

Todo esto viene a cuenta del hecho ya señalado que por el Puente Romano circulan peatones y bicicletas sin mayores problemas, aunque siempre pueda haber algún imbécil con ruedas. A este respecto recomiendo leer la columna de Rubén Martín “Bicicletas y Peatones” de hace unos días. Nuestras autoridades locales lo conocen, y parecen incluso alentar esa convivencia. Durante los debates del Plan de Movilidad, ese que sigue en un cajón y del que sólo se sabe de su aprobación inicial, así se manifestó. Pero, en esta fecha, las normas señaladas en el mismo lo prohíben, con lo cual no quiero saber qué ocurriría en caso de accidente, por ejemplo.

En esos mismos debates de participación ciudadana en el Salón de Plenos de nuestro Ayuntamiento se declaró que se iba a corregir la señalización, para dar cobertura legal a lo que ocurre en realidad, a la convivencia ordenada de peatones y bicicletas. Supongo que encargar, fabricar y colocar la señalización correspondiente lleva su tiempo. Conseguir un panel complementario que en vez de acceso exclusivo para peatones permita la circulación de bicicletas respetando la prioridad peatonal debe resultar muy costoso. Tanto en materiales, tiempo como en precio, y hay que ahorrar dice Montoro. Supongo que esto ha impedido que se corrija esta incongruencia salvo, claro, que todos los presentes en esa sala entonces, verano del 2012, oyéramos mal.

En el otro lado, es difícil considerar si esa señal afecta al puente, o solo al edifico a su derecha. En todo caso en esta se indica sólo “Excepto Autorizados”

Ya que estamos con peatones, no me había dado cuenta de la culpa que tienen ese 66’5% de viajes interiores que los salmantinos realizamos a pie de que la actividad comercial vaya tan mal. Además de las calles peatonales, donde la mayoría de establecimientos comerciales han cerrado y sus alquileres están por los suelos, impedimos la carga y descarga. Es injusto que se amplíen aceras a anchuras de 1’5 metros tal y como dice la normativa local, en especial en calles con dos carriles de circulación y doble fila tolerada, para torpedear así la actividad de los repartidores. Al menos es lo que he leído en algún medio local estos días, la culpa de los problemas de la carga y descarga (ahora en serio, vital para la ciudad) es de los peatones, no de esos coches que están largos minutos dando vueltas para aparcar y luego tirarse dos, cuatro o más horas en el mismo sitio. Será mejor instaurar la ley de la selva, algo parecido al desbarajuste y desorden que impera en los espacios peatonales durante las horas de carga y descarga, que a veces parecen no tener límite horario.