Miércoles, 13 de diciembre de 2017

La Mariseca y el mantecado

 

Como buena tierra de toros, Salamanca no podía comenzar sus fiestas de otro modo, que con la Mariseca: Se coloca el 25 de julio, de cada año, en la picoruta de la espadaña del Ayuntamiento.

Si entras en la plaza Mayor, levantas tu vista hacia la espadaña del Ayuntamiento, y verás, en la parte más alta, la Mariseca, entonces sabrás que algo está por venir. Se coloca hasta el fin de las fiestas de la Virgen de la Vega y de la feria taurina.

Antiguamente, sólo se colocaba la Mariseca para anunciar las corridas de toros, pero estamos hablando del siglo XVII y la proclama se colocaba en la torreta de la iglesia de San Martín, el 25 de julio; pero,  en 1669, se cambió, porque la veleta se soltó cayendo al suelo, y provocando la muerte a un transeúnte. Luego, la cambiaron al arco de san Fernando, pero, con la mala suerte, que, en 1806, un trabajador, apodado “Mariseca”, tras intentar colocar la veleta para anunciar la inauguración de las fiestas, tuvo un accidente y también falleció.

Tras esta segunda muerte, se decidió llamar a la veleta con el apodo de aquel hombre, y así se quedó hasta el día de hoy.

Actualmente, quizá por aquello de prevenir, la Mariseca es colocada por el cuerpo de bomberos de la ciudad salmantina. En la silueta, se puede ver escrito el número 9, que son los días de fiesta en honor a la patrona, la “Virgen de la Vega".

Termino de venir del ritual en la plaza Mayor; el momento fue celebrado con una salva de  cohetes.

 

Dentro de nada, se celebran las fiestas de san Roque en mi pueblo. Era costumbre, para tal acontecimiento, que, en casi todas las casas, se preparaba un buen perol de mantecados para obsequiar amigos, que te visitaban tras una larga ausencia o a desearte felices fiestas. El mantecado era, por lo tanto, la Mariseca de Macotera, porque también anunciaba la proximidad de las fiesta del Patrón, san Roque, el gran acontecimiento anual del pueblo, en el que no solía ni suele faltar un macoterano, por muy enredado que esté en sus menesteres. San Roque no admite pretextos ni excusas, es como un precepto eclesial, del que todos estamos obligados a dar fe en la sacristía, de que se ha cumplido con san Roque.

Como le era obligado por ser macoterana, Ana Mª González, “Mis Madrid en 1932”, el día de la Virgen, nada más dejar la maleta en casa de sus tíos, se llegó a casa de mi abuela a saludar a su amiga Isabel. Lo mandado era obsequiar a la recién llegada con unos mantecados. Bajó mi abuela a la bodega, donde conservaba el perol, le quitó la tapadera, y se encontró con los “angelitos”. ¡Imaginaos el bochorno que le entró a la pobre! Seguro que los ratones no habían sido. Llegó mi padre y, ante la que le cayó encima, espetó a su madre: “Total, por uno”. No lo podía remediar, cada día, bajaba a la bodega a tomar su mantecado, honrado, de subsistencia, era como el rito sacramental del goloso, goloso.

Hoy, se fabrica otro tipo de mantecado, sin manteca de cerdo, pero produce tal adicción, que se consume a peroles y nunca sacia.