Jueves, 14 de diciembre de 2017

Cintura política

Profesor de Derecho Penal de la Usal

El resultado de las últimas elecciones generales está demostrando que el líder del partido más votado (Mariano Rajoy) no tiene ni el carisma ni la cintura política adecuada para convencer a las diferentes fuerzas políticas parlamentarias de que lo apoyen (o al menos no se opongan) en la investidura como presidente del gobierno; encargo que, por otra parte, ha recibido del Jefe del Estado. Es más, ha asumido el encargo pero no ha aclarado cuándo y cómo se va a someter a la investidura, algo que es taxativo, como prevé nuestra Constitución. Esto es, por otra parte, un síntoma claro de que Rajoy y una buena parte de los representantes políticos del PP (los del ala más conservadora), no saben legislar y gobernar si no cuentan con una mayoría absoluta en la Cámara Baja.

Se ha puesto de manifiesto y con meridiana claridad durante la legislatura 2011-2015, en la que, tanto en el espíritu legislativo como en el de gestión, dominaron las tesis más ultraconservadoras (reformas de la ley de educación, de la legislación laboral, del Código Penal o de la Ley de Seguridad Ciudadana). Sí tuvo, en cambio, -y todo hay que decirlo-, una buena visión política al no abordar la reforma de la ley de despenalización del aborto consentido (la LO 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) en el aspecto central de la misma: el sistema de plazos y la de no derogar la ley que permite el matrimonio entre homosexuales. Aunque ambas leyes fueran muy criticadas por el PP cuando se aprobaron durante el gobierno de Zapatero, convocando y asistiendo a manifestaciones masivas en contra de las mismas, junto a plataformas ultracatólicas; diciendo, además, que las revocarían cuando llegasen al poder.

En otros aspectos de la vida política, Rajoy tampoco ha sabido atajar el problema del independentismo catalán, que es el más grave desde la transición política. Lo único que se ha encargado de proclamar es que “hay que respetar la ley”. No ha intentado, en ningún momento, promover reuniones con los líderes políticos catalanes y tender puentes de diálogo que, estoy seguro, todos los presidentes de gobierno que ha tenido España desde la restauración de la democracia, lo hubieran intentado.

Para desbloquear la situación, Rajoy tiene que mostrar gestos creíbles, realizar hechos concretos, no sólo articular promesas de palabra y ambiguas que se las lleva el viento. Y hasta el momento no se ha movido ni un milímetro de sus tradicionales posiciones políticas. Rajoy sabe que la mayoría de las leyes aprobadas en esa legislatura fueron apoyadas exclusivamente por los parlamentarios conservadores y, por tanto, si quiere que ahora le apoyen en la investidura tiene que prometer que esa legislación será reformada y que el diálogo y el consenso son los que deben presidir las actuaciones parlamentarias. Es decir, lo que en algún artículo anterior he mencionado: dirigir la política por el carril socialdemócrata y con espíritu de pacto, dado que por el sendero ultraconservador (al que pertenecen cientos de miles de sus electores) no va a recibir ningún otro apoyo político (dado que aparte del PP no hay ningún partido con representación parlamentaria que tenga electores ultraconservadores).

También, para desbloquear la situación, Rajoy y los máximos dirigentes del PP tienen que asumir la responsabilidad política derivada de los cientos de casos de corrupción que asedian a la formación política. No es de recibo que sigan apareciendo escándalos como el de esta semana, en la que la jueza de instrucción 32 de Madrid ha procesado al PP y su tesorera por la presunta comisión de un delito de daños informáticos y otro de encubrimiento, debido al supuesto borrado de los discos duros de los ordenadores utilizados por el ex tesorero Luis Bárcenas. No parece muy sensato, racional y coherente, que un país tenga un presidente de gobierno que pertenece a un partido que tiene multitud de causas penales pendientes de sustanciar ante los tribunales de justicia. En esta ocasión, en lugar de “respetar las actuaciones judiciales” como frase que sirve de cantinela cuando los periodistas les piden opinión por resoluciones judiciales que afectan a la corrupción de “otros”, se limitan a decir (como ha manifestado en tono peyorativo la diputada Celia Villalobos) que la jueza que ha procesado al PP simpatiza con los comunistas. Esta señora es la que jugaba al “candy crush” o al “frozen” en uno de los últimos debates sobre el Estado de la Nación que se han celebrado y la que siendo ministra de sanidad, en el gobierno de Aznar y ante la proliferación de la enfermedad conocida como el de “las vacas locas”, recomendaba a las amas de casa que no hicieran el caldo con huesos de vaca, sino de cerdo, cuando la carne de vacuno no suponía un riesgo para contraer la enfermedad.

Estos son algunos de los argumentos que barajan los partidos políticos para no apoyar la investidura de Rajoy mientras éste y su formación política no rectifiquen las políticas que contribuyen a la ruptura de la cohesión social, económica y territorial de nuestro país.