Lunes, 18 de diciembre de 2017

Francisco visitará el Campo AUSCHWITZ

Auschwitz tiene una influencia inmensa, ha transformado la humanidad, la historia, la percepción de los hombres, el significado de determinadas palabras que ya no podemos emplear, el admitir y negar la existencia de límites en los hombres, tanto en la bondad, como en la maldad

E.  Wiesel, Esperar a pesar de todo

Los cristianos podemos orar después de Auschwitz porque también en Auschwitz se oró

J. B. Metz, El clamor de la Tierra. El problema dramático de la teodicea

Con motivo de la de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), el Papa Francisco visitará por primera vez Polonia, el corazón de la Europa católica. La visita comenzará hoy 27 de julio, esta tarde se reunirá a su llegada con el Presidente de la República de Polonia y después tendrá un encuentro con los Obispos polacos. Allí tendrá, antes de dirigirse a los Obispos, una oración silenciosa ante la tumba de San Estanislao, donde se exhiben también reliquias de san Juan Pablo II; después, la veneración del Santísimo Sacramento en la capilla que se encuentra detrás del altar. El momento culminante será los días 28, 29 y 30, cuando tenga el encuentro con los jóvenes, un vía crucis en el Parque Błonia, visita al Santuario de la Divina Misericordia por la Puerta Santa y la vigilia de oración con los jóvenes. La visita culmina con la llegada al Campo de la Misericordia y la Eucaristía final.  

Dentro de la visita, un momento importante y simbólico es la visita el viernes por la mañana el campo de Auschwitz y Berkenau. Es el mayor campo de exterminio de todos los construidos por el régimen nazi, a 70 kilómetros de Cracovia, donde murieron asesinadas más de un millón de personas. Los primeros en llegar al campo fueron los prisioneros políticos del ejército polaco, pero no tardaron en seguirles miembros de la resistencia, intelectuales, homosexuales, gitanos y judíos. En este año se cumple el 75 aniversario de la muerte en el campo Auschwitz de San Maximiliano Kolbe, se ofreció a morir por un padre de familia ocupando su lugar. El padre Maximiliano Kolbe murió el 14 de agosto de 1941 por una inyección letal de ácido fénico después de dos semanas de hambre y miseria en el bunker de castigo.  Sus últimas palabras antes de ser apresado fueron: “No olvidéis el amor”. Estas palabras resuenan de un modo especial en el año de la Misericordia establecido por Francisco, ese sí de Dios al ser humano, desplegando su amor y respetando su libertad. Francisco traspasará él solo la puerta de entrada de la de la barraca 11, donde se produjo el martirio del padre Maximiliano Kolbe, donde realizará una oración privada. Después se encontrará personalmente con 15 sobrevivientes del campo, conversarán y orarán juntos.

Los cristianos nos lo recuerda J.B. Mezt, no podemos ir más allá de Auschwitz solos, sino solamente con las víctimas de la historia. E. Wiesel, intelectual y sobreviviente de los campos, se recordaba a sí mismo que “Auschwitz es lo más recóndito del misterio de Dios”. Tenemos que encender en lo pasado la chispa de la esperanza en palabras de W. Benjamin. Este filósofo judío,  quería ver la historia con los ojos del Angelus Novus, ese ángel con los ojos abiertos que ve y siente los acontecimientos desde dentro, desde el sufrimiento de las víctimas. En todo discurso sobre Dios, debemos recordar su pasión, su dolor, su clamor, su memoria passionis. La pasión por Dios es com-pasión, es misericordia.

El Dios de la misericordia, sufre con los que sufren, no es un Dios apático nos insiste W. Kasper, rompiendo la teología tradicional. El Dios de Jesús es sympatheín, concepto griego que no sólo significa compasivo, sino “con-sufriente”. El salmo 91 nos dice “sufro con él (hombre) cuando sufre”. Dios ha renunciado a la omnipotencia en favor de la autonomía del hombre y de la libertad del mundo. Allí donde el hombre sufre, Dios sufre con él, es el hombre quien tiene la responsabilidad de decidir si se deja dominar por el mal o preserva en él la chispa divina que transforma su corazón y le inclinan a la misericordia y el amor. En Jesús, la condición divina se ha hecho hombre, ha tomado la condición de esclavo y se ha hecho pobre entre los pobres. Un Dios clavado en la cruz escándalo y necedad a los ojos del mundo, antes y ahora, constituye la sabiduría de Dios. En la humanidad de Jesús, Dios quiere y puede sufrir con nosotros. Sólo si en la cruz y en todas las cruces del mundo sufrió y murió Dios mismo, Jesús pudo derrotar a la muerte en la muerte.

En la muerte de Jesús, Dios no renuncia a su omnipotencia, tampoco a su misericordia. Dios se deja afectar por el sufrimiento sin estar sometido a él,  forma parte de la omnipotencia, o mejor como nos apunta W. Kasper y el filósofo Kierkegaard, es la omnipotencia del amor o de la misericordia. La misericordia y el sufrimiento de Dios por amor al hombre entramos de lleno en el profundo misterio de Dios. Este profundo amor, aunque misterioso, sólo puede suscitar asombro, gratuidad, respuesta, implicación y misericordia por parte del ser humano y desde aquí podemos formular la pregunta ¿Por qué tanto sufrimiento de tantas personas inocentes en el mundo?