Lunes, 18 de diciembre de 2017

Ciruelas

Esperando a los pájaros amanezco. Tras la ventana de mi habitación como almas se desangran las ciruelas picoteadas por los rabilargos. Ayer tarde los vi revoloteando entre los goznes del anochecer. Ahora, en silencio, espero su llegada. La carabina de aire comprimido nerviosa culebrea entre mis manos. Jamás dispararé como hacía antaño al corazón de la pajarería. Sólo deseo hacer ruido, dispersarlos. Mientras regresan miro las ciruelas, me adentro en el dolor de sus siluetas, mordidas como niñas sin futuro, tras la ventana de mi habitación.