Sábado, 16 de diciembre de 2017

Religión en la Escuela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Solía decirse hace años que en verano apenas hay noticias y que los periodistas tienen que sacar a relucir temas menores como la restauración fallida del San Miguel peñarandino para rellenar páginas. Claro que esto último puede haber sido un síntoma de la angustia que nos embarga ante los atentados de Niza, de Munich, de Kabul, de Bagdad, o el cabreo con sordina provocado en “el pueblo”, en “la gente”, en “el personal”, en “los ciudadanos”, en el conjunto –parece que mayoritario, aunque vaya Vd. a fiarse de las encuestas- de los electores, por el “no quiero terceras lecciones pero voy a votar no a la investidura”; o sea, quiero terceras elecciones, pero la culpa no es mía, sino del maestro armero, o del presidente del Gobierno, que está en funciones, o sea, que no puede funcionar, pero sí funciona para una cosa: para ser culpable, porque por inercia ya se sabe que la culpa siempre es del Gobierno. Ocuparse de San Miguel relaja mucho este ambiente, no cabe duda.

Pero la vida sigue y, como ciudadanos responsables podemos y debemos ocuparnos de otras cosas. Y así, han llegado hasta mí durante la semana pasada dos noticias:

  1. el Ministerio de Educación ha firmado un Acuerdo con las Comisión Islámica de España para la impartición de la Religión islámica en el ámbito escolar.
  2. El alcalde pedáneo de Valdesangil (Béjar) excluirá de la ayuda escolar para libros de texto los textos de religión. Cierto es que esta noticia sólo he podido corroborarla a través de un medio de comunicación, La Gaceta Regional de Salamanca; me gusta contrastar diferentes medios pero no tengo por qué dudar de la verdad de la información contenida en nuestro periódico diario de papel.

De modo que, mientras algunos nos empeñamos en integrar, dialogar, incluir, otros ponen palos en las ruedas de la convivencia pacífica. No sé si en Valdesangil habrá alumnos musulmanes suficientes como para que se les imparta una clase reglada de religión islámica, pero supongo que el edil de Izquierda Unida también excluiría a estos alumnos musulmanes de la ayuda para comprar libros de texto de religión.

Aducen varias razones para esta exclusión y discriminación. Una de ellas es que las asignaturas laicas, como las Matemáticas, deben ser preferentes. No sabía yo que hubiera asignaturas laicas. Sí conozco a personas laicas. Laico es el que pertenece al “laos”, que es una palabra griega que significa pueblo. Laico solía contraponerse, por ejemplo, a clérigo; pero los tiempos han cambiado mucho. Y así, cuando yo, que soy clérigo, impartía clase de Religión, en realidad esa asignatura estaba impartida por un laico, porque soy zamorano y, como tal, pertenezco al pueblo español; también soy cristiano bautizado y, por ello, formo parte del Pueblo de Dios, de modo que por ambas pertenencias soy laico dado que pertenezco a ambos pueblos. Y así, viene a resultar, para confusión tal vez de los simplistas, que un clérigo es un laico. Otra de las razones empleadas es que no ha sido una decisión personal, sino de la asamblea. No me parece convincente. El Ministerio de Educación y la Comisión Islámica de España han suscrito un acuerdo que, una vez publicado en el BOE tiene categoría de Ley. Un Estado de Derecho se distingue por el imperio de la Ley y todos los ciudadanos, si somos demócratas, debemos cumplir las leyes. Las asambleas pueden y deben decidir determinados asuntos, pero cuando algo ha sido regulado por Ley, la asamblea podrá manifestar una opinión contraria, pero a la hora de actuar debe regirse por la Ley, no por “su” ley.

Podrá respondérseme que las Leyes están mal hechas. Que las cambien si tienen…escaños para hacerlo. Y que lo hagan mediante procedimientos legales. Mientras tanto deben cumplirlas, no sólo en la letra, sino también en sus fundamentos morales, en su espíritu. Y no está ni en la letra ni en el espíritu de la Ley discriminar por razón de Religión. Y a los alumnos de Valdesangil –y a sus padres- se les discrimina, en este punto, no por pertenecer a una determinada confesión religiosa, que esa declaración de pertenencia no se le pide ni se le puede pedir a nadie en el ámbito escolar, sino porque han elegido determinada asignatura, que es de obligada oferta para el Centro. Pero tal vez no estamos hablando de Leyes ni de fundamentos morales de las mismas, sino de poder puro y duro.