Jueves, 14 de diciembre de 2017

Diario de un enfermo

Neumonía. Así dicho suena jodido, y lo es. Se trata de una infección del pulmón. En mi caso con una fiebre imposible de bajar y una tos que parecía arrancarme el pecho a trozos. A esto se suman las dos pérdidas de consciencia por una cosa que dan en llamar síncope vagal. Algo así como que tu cuerpo está tan agotado que decide reiniciarse para que te des cuenta de que tienes que tranquilizarte, hacer menos esfuerzos y cuidarte más de lo que acostumbras.

La cosa empezó un sábado. Por la tarde no podía con mi cuerpo. Me puse el termómetro y confirmé lo que ya sabía, que tenía fiebre. Empecé a darle al paracetamol. Cada ocho horas, cada seis horas, al final cada cuatro. Y nada, que no bajaba la fiebre. Aguanté hasta el lunes. Me arrastré hasta el centro de salud y mi doctora no estaba. La suplente me dijo que era un “catarro de verano”, me recetó una efervescente para la tos y los mocos y tres sobres de Algidol al día. Pero nada. La fiebre que no bajaba. Acabé tomándome seis sobres al día y yendo el miércoles, otra vez a rastras y ahogándome, hasta el centro de salud. Esta vez sí estaba Ana María. Eran demasiados días de fiebre. Me manda que me haga una placa en el centro de especialidades. Otro paseo. Vuelvo a su consulta. Mira en su ordenador, llama a una compañera, me vuelve a auscultar y diagnostica: “Es una neumonía, tienes el pulmón izquierdo algo inflamado. Antibiótico”.

Diez días llevo tomando Amoxicilina con el ácido clavulánico en dosis para grandes mamíferos. Cada pastilla es casi como un platillo de café. Lo bueno es que al segundo día, ya no tenía fiebre. Lo malo es que se me ha llenado la boca de llagas, me han salido hongos en la entrepierna y tengo una diarrea propia del consumo prolongado de antibiótico a espuertas. 815 miligramos de la cosa cada ocho horas. Ayer me dieron el alta. Hoy acabo.

Sigo sin saber por qué se me ha infectado el pulmón. Llevo más de cuatro años sin fumar. Cada vez cuido más la alimentación. Desde hace un par de meses voy una hora diaria al gimnasio. Dicen que si el aire acondicionado, que si un catarro mal curado. Yo creo que es porque necesito vacaciones, porque he cubierto con creces el cupo de estrés y, sobre todo, porque mis hijas están en el pueblo y, teniéndolas lejos, se me bajan las defensas y me convierto en un ser aún más vulnerable.

Esta tarde voy a verlas. En la próxima radiografía seguro que estoy del todo curado. No hay mejor terapia que sus besos y sus abrazos. Fin del diario.