Lunes, 11 de diciembre de 2017

No eres tú mi cantar...

Hoy el sol me ha dado de lleno en mi coraza de cartón y por fin han hervido, ideas, situaciones y sensaciones que hacía tiempo las tenía olvidadas, o quizás en stand by.

No sé si ha sido un mensaje  de esos que causan furor en las redes sociales, o simplemente el cambio de temperatura, lo cierto es que  he recuperado años ya lejanos en los que, al igual que ahora, no me entendía ni a mí mismo.

Nunca me gusto pertenecer a ningún rebaño, nunca me gustaron los pastores ni los guías espirituales o ideológicos.

Durante mi existencia, mis ideas de derechas, según unos, mis comportamientos de izquierdas, según otros, me llevaban a un valor de centro según…según nadie.

No sé moverme entre dos aguas y me siento orgulloso de ello, tengo mi propio pensamiento y mis propias decisiones según las situaciones y los momentos, y aunque por supuesto alguien, con un voto en una urna, me tiene que representar para en su momento poder alzar mi voz, no implica que este absolutamente de acuerdo con todas sus disposiciones; es más, a veces estoy de acuerdo en muy pocas, pero es que las demás elecciones me dan sensación de salto al vacío sin red y sin posibilidad de retroceso.

¿A quien le puede importar mi disquisición ideológica? A nadie, es evidente, pero tengo que ir vaciando la olla express que se aposenta sobre mis cargados hombros.

En estos momentos del camino, sólo me interesan las personas con ganas de vivir, personas que trasmitan sensaciones de volar, personas que sólo luchen por la justicia, pero ojo, no por su justicia. Estoy hastiado de irreverentes trasnochados, de guías con guión transcrito, de malolientes intenciones desde antes, ya, de parirse.

¿ A dónde caminamos? , o más bien ¿ a dónde nos dejamos llevar? Cuando confundimos amigos con clicks efímeros y virtuales, cuando no movemos el culo en busca de un trabajo, de un abrazo, de una buena conversación… pero nos gastamos las suelas de las zapatillas buscando animales, inexistentes, creados a golpe de conexión de chip, tan fantasmas como la vida a la que nos quieren llevar. Efímeras sensaciones y situaciones tan vacuas que esta sociedad nunca tendrá la duda que una y otra vez me ha asaltado a mi a lo largo de mi vida.

Desde esta distancia generacional, que siempre pensé que no era tal, sólo veo la posibilidad que le asalte la duda de la comodidad o de la ultracomodidad, creo que en su placa base no se metieron más datos.

“No eres tu mi cantar, no puedo cantar, ni quiero a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar!!, a mí me pasa como a Joan Manuel Serrat , mis “jesuses” no son los que marcan una vida de sufrimiento y vienen de salvadores, son los que primero salvan y después, quizás, describen el sufrimiento de la vida.