Domingo, 17 de diciembre de 2017

Salud, divino tesoro

Al revisar el listado de las notas de corte de este año para estudios universitarios en Salamanca, tenemos que descender hasta la séptima posición para encontrar un grado no relacionada con la salud. A saber las más exigentes son Medicina, Biotecnología, Odontología, Fisioterapia, Enfermería y Farmacia. Les siguen los grados de Administración y Dirección de Empresas, Derecho + Criminología y Biología. Entre las diez más solicitadas, sólo tres no tiene relación con nuestro bienestar físico y mental.

Los cuatro últimos puestos son ocupados por las ingenierías: Mecánica; Eléctrica Electrónica Industrial y Automática; Electrónica Industrial y Automática; y cerrando la lista la Ingeniería Civil - Mención en Hidrología. Para los que ya hemos superado el medio siglo sin duda todo esto resulta sorprendentes, porque sabemos que hace algunas décadas todo el mundo quería ser ingeniero.

Estos resultados parecen llevarnos a concluir que la salud es la principal preocupación de los ciudadanos tanto como profesionales de ella como beneficiarios de los servicios que nos dispensan, pero en la realidad no es así, tal vez porque tendemos a considerar este bien como un derecho innato además de fundamental, y desde luego lo es, aunque no siempre estamos dispuestos a pelear porque sea respetado desde las instancias públicas.

Camas cerradas, habitaciones sobrecargadas, citas sin fecha desde hace un par de años, listas de espera que siempre son demasiado largas, escasez de médicos y sobre todo de personal de enfermería, etc.; todo ello ha terminado por hacer saltar algunas alarmas. Pero, será por las fechas en que estamos, la legítima indignación ciudadana no se ha mostrado muy contundente, ya que apenas unos pocos centenares de personas se concentraron para protestar en la Plaza Mayor en eso que se ha venido en llamar “marea blanca” aunque apenas fue una “marejadilla”

Sin embargo la salud es, tal vez, la mayor prioridad del ser humano, ya que carecer de ella nos inhabilita para el ejercicio de otros muchos derechos y aun así sólo en escasas ocasiones las movilizaciones son suficientemente importantes como para cambiarlas las cosas ¿qué tiene que suceder? El Che decía: El peor de los enemigos no es el Estado, sino la apatía e ignorancia de los indiferentes. Cuando un pueblo reacciona, no hay, ni habrá Estado capaz de soportarlo. Quizás tendríamos que hacernos mirar esto de la apatía ciudadana.

Tanto prevalece la salud sobre todos los bienes exteriores que probablemente un mendigo sano sea más feliz que un rey enfermo, decía Arthur Schopenhauer, el filósofo alemán. ¿A quién no le interesa su salud? Y siendo así sólo no acordamos de ella cuando nos falta a nosotros mismos para defender nuestro derecho, porque si se trata de los derechos de otros ya es otro cantar. Juan M. Pericàs, médico especialista en Medicina Interna-Enfermedades Infecciosas en el Hospital Clínic de Barcelona e investigador colaborador Greds-Emconet (UPF) declaraba en una entrevista concedida al periódico el país: A todos nos preocupa nuestra salud, la propia y la ajena, porque sin un sistema sanitario realmente público, equitativo y de calidad nadie tiene ninguna garantía. Así pues, no dejemos que nos impongan su sentido común. Sentido común, el menos común de los sentidos, al menos entre nuestra casta dirigente. Pues eso ¡Salud, divino tesoro!