Viernes, 15 de diciembre de 2017

Donde dije digo, digo Diego

¿Pactar con nacionalistas catalanes? De ninguna manera,  nos decía nuestro político más veterano y hoy candidato a presidente de gobierno, Sr. Rajoy. De hecho, criticó a aquel que lo intentara hasta convertirlo en un hereje de la idea de una España solidaria y unida, donde ninguna región osara separarse, o “desconectarse”, un eufemismo utilizado por el gobierno catalán con el afán de mantener esta capacidad de dar una vuelta al lenguaje con tal de no quedar demasiado explícitos. No, jamás habría que llegar a acuerdos, ni sentarse siquiera, nos recordaba el Gobierno en funciones. Aunque cabe aceptar paréntesis, como por ejemplo, hacer gestos en campaña como hizo el Ministro de Exteriores, García Margallo, quien participó en un debate con un político catalán sobre sus respectivos programas; pero fuera de este contexto, las líneas rojas parecían más rojas que nunca. Esta claro que hay cambios de opinión excesivamente groseros, y que son una prueba del poder, porque el que manda deja claro que  “si se quiere, todo se puede”, al final parece que todo programa político es capaz de desfigurarse si cambian las circunstancias.

El problema fundamental va más allá de los desmentidos, de los cambios de opinión, sino que lo que está en juego es algo mucho más serio: la credibilidad institucional. Y como no hay instituciones sin personas, no queda más remedio que hablar directamente del valor de la palabra dada por la clase política.  Utilizo este término para entendernos, en términos de aludir a un grupo que se ha ampliado al asimilar a aquellos grupos políticos, que luchaban por no ser identificados con la denominada “casta”. Y sin embargo con 288 días sin gobierno hemos visto de todo. Por ejemplo, cómo PODEMOS, que ahora tendían la mano al PSOE, hace menos de 60 días se habían especializado en descalificarse rudamente,  mientras que el PSOE, lejos de pensar a largo plazo, interpretó esta torpe estrategia política, como una afrenta personal, tan personal que la nueva formación política se convirtió en el enemigo principal, mientras la derecha demostraba una sagaz capacidad de pacto, como se ha hecho evidente en la composición de la mesa del congreso.  Parecen estar sobradamente preparados para poner el cronometro a cero y darse la mano si hace falta. Tal es su camaleónica perspectiva, que en la mesa del Congreso hay dos personas de CDs, con sólo 32 diputados, mientras que UNIDOS PODEMOS, carece de representantes en dicha mesa, cuando tiene 72 escaños. Pero para eso sirve una votación secreta. Cuanto más importante es el lugar donde se van a tomar decisiones, menos información se da a la ciudadanía. No tendremos la oportunidad de saber quién, y cómo se han llegado a formalizar acuerdos. En suma, con los nacionalistas catalanes han pactado los patriotas, pero dicen que sólo era para repartir puestos, no para elegir presidente.  Si en la vida personal confiamos en la palabra de quienes nos rodean, porque de lo contrario sería imposible vivir sin sobresaltos, en la vida política la única regla es que no hay reglas.