Lunes, 11 de diciembre de 2017

‘Del color de la lluvia y otros relatos’, las últimas creaciones de Agustín Salgado

A la presentación, en el Palacio de la Salina, asistía el diputado de Cultura, Julián Barrera, junto con el autor y la profesora de la Universidad de Salamanca, Ascensión Rivas

Agustín Salgado, en el centro, junto a la profesora Ascensión Rivas y al diputado de Cultura, Julián Barrera

‘Del color de la lluvia y otros relatos’ es el título del libro de Agustín Salgado, que ha editado la Diputación de Salamanca y este miércoles se presentaba en la Sala de Comarcas del Palacio de la Salina. Al acto asistía el diputado de Cultura, Julián Barrera, junto con el autor de la obra y la profesora de la Universidad de Salamanca, Ascensión Rivas. Se trata de una selección de cuentos, que se encuentra a la venta, por 8 euros.

Una vida dedicada a las letras

Salgado nace en Arabayona de Mógica, pueblo natal de su madre, en 1932, durante el permiso de verano de su padre de ocupación militar. Pocos meses después de su nacimiento su madre muere y  es cuidado por diferentes mujeres del pueblo.

Unos años después Agustín Salgado es trasladado a Valladolid y posteriormente, en 1936, con el estallido de la guerra civil española, vuelve a Arabayona, donde recibe por herencia materna su vivienda actual.

En Arabayona se prepara para cursar bachillerato, que inicia en Los hermanos Maristas, y concluye en el colegio Fray Luis de León como consecuencia de la pérdida de su beca de estudios. Además, pasa el verano en El Pedroso de la Armuña,pueblo en el que veranea y trabaja a la vez que estudia en Salamanca su residencia habitual.

Tras finalizar bachillerato realiza la mili voluntaria, siguiendo con la tradición familiar, aunque él hubiera preferido estudiar filosofía, lengua o historia. Tras fracasar en su intento de ingreso en la academia militar, se traslada a Barcelona y comienza a trabajar en una cementera como jefe de transportes y escritor a tiempo parcial. Al mismo tiempo, Salgado comienza su carrera universitaria en Derecho, pero poco después pide el traslado a Filosofía y Letras. Finalmente se licencia en filología hispánica, dedicando su tesis a la obra de Jorge Guillén, recomendada por José Manuel Blecua, padre del entonces director de la RAE. Sus primeros relatos aparecen en la revista Ínsula (Madrid), pero debido a su ideología, reflejada en sus obras, sufre censura; así pues, en 1969, comienza a publicar en México, en la revista “El cuento”, en la que su relato Las palabras y las moscas, censurado en España, ve la luz.

En 1959, Agustín decide abandonar su trabajo en la cementera por desacuerdos empresariales y opta por dedicarse íntegramente a la literatura. Además elabora ensayos históricos sobre las localidades de Arabayona y El Pedroso de la Armuña, donde, gracias a la dedicación del escritor sobre este pueblo, se le dedica una calle.

Actualmente, a sus 84 años,  sigue escribiendo, habiendo finalizado en meses anteriores su última novela aun inédita, titulada provisionalmente como El aguzanieves es un pájaro de invierno, El bueno de un sueño o La espada de la ira. Comparte su residencia entre la casa de Arabayona y la ciudad de Barcelona. Y ahora sale a la luz el libro de relatos ‘Del color de la lluvia y otros relatos’, editados por la Diputación de Salamanca

Entrevista (por Marta Martín)

¿Qué significa para usted escribir?

Es una necesidad que siento. Necesito sentarme a escribir dos o tres horas al día, a veces con disgusto, porque no sale ni renglón y medio. Para mi escribir significa dar testimonio de la época en la que vivo, reflejar otras realidades que me evadan de la realidad  áspera en la que vivimos.

¿Ha pensado alguna vez en dedicarse a la literatura juvenil?

Si, de hecho escribí un libro de relatos que no llegue a publicar. En realidad empecé escribiendo poesía, pero me di cuenta de que no he nacido para poeta. La poesía de Agustín Salgado –refiriéndose a sí mismo- es áspera, le falta el ritmo y musicalidad; es una poesía que como dice Leopoldo de Luis en el prólogo de La espiga y el barro, respira por la abierta herida. Después de esto no volví a escribir poesía porque me merece un respeto enorme; sin embargo, soy un apasionado lector de poesía. Hay magníficos poetas en Salamanca, los recordados Ullan y Aníbal Núñez y los actuales José Luis Puerto, Raúl Vacas, José Antonio González y otros y por supuesto, el ‘’cuasi’’ Salmantino Antonio Colinas y entre los prosistas la extraordinaria Carmen Martín Gaite y Luciano G. Egido  entre otros.

En su época, debido a la censura, ¿pensó alguna vez en alejarte de ciertos temas un tanto conflictivos?

No, no, no. ¡Mira! –dice Agustín Salgado mientras ríe y señala los tomos de sus últimas obras- Y aún sigo escribiendo sobre asuntos de hoy y al final de lo mismo, sobre la realidad que vivimos.

¿Qué le aconsejaría a las nuevas generaciones de escritores?

Les aconsejaría que hicieran lo mismo que hago yo: ser notarios de la realidad que viven. Yo creo que en sus libros se debería reflejar el mundo actual.

Publicaciones:

Poesía:

  • La señal de las palabras (1969)
  • La espiga y el barro (1972)
  • Poemas de otoño (1998)

Relatos:

  • El ábrego y otros vientos (Méjico, 1972)
  • Memorial de vientos (1991)
  • El habitante del aire y otros prodigios (2002)

Novela:

  • Trilogía: Las Tierras
  • Tierra desolada (1974)
  • El Horcajo (1976)
  • Las brasas (1976)
  • La Grama (1981, 2001, 2008)

Ensayos históricos:

  • Arabayona de Mógica y el priorato basiliano del Santísimo Cristo de Hornillos (1995)
  • En torno al Cristo de Hornillos (2002)
  • El Pedroso de la Armuña (2008)
  • En Llanuras de Salamanca, el estudio titulado El silencio de la llanura. La soledad luminosa.

Premios:

  • Premio De Cuentos Caja de Ahorros de León (1972)
  • Premio Cáceres de novela corta (1974) con la novela Tierra desolada, publicada bajo silencio administrativo después de estar prohibida enteramente por la censura.
  • I Premio Iberoamericano de Cuentos (Méjico, 1975) con Las apariciones, censurado por el editor del libro de relatos Memorial de vientos, que aparecería en El Habitante del aire.