Martes, 12 de diciembre de 2017

No es religión, sino frustración

Qué tiempos aquellos en los que el verano no estaba teñido de sangre y nos aburríamos con las noticias desvalidas, los gobiernos de vacaciones y las niñas de los entonces príncipes en Marivent posando medio resignadas. Eran veranos sin sangre, sin golpes de estado que nadie critica en un primer momento, sin salidas de la UE, sin gobiernos en funciones y contactos que suenan a huecos. Era todo previsible, caluroso y lánguido, como debería ser un verano, letárgico y medio amodorrado… pero vivimos tiempos duros y en Turquía no solo se detiene a los refugiados sino que entre ellos viven una situación de violencia y corrupción, de una democracia tan falsa como la religiosidad del terrorista de Niza o de Orlando. Vamos a reconocer que entre tanta frustración, tanta desidia y tanto miedo existen esto seres inadaptados que lo mismo se apuntan al ISIS como a Frente Nacional. Lo siento, no los considero fanáticos religiosos sino gentes que se vuelven hacia el lado oscuro porque la sociedad no sabe gestionar esa frustración atroz que nos posee. Y que conste que no es culpa de la sociedad, ni siquiera de la religión, vaya.

         Al ISIS lo mismo se le une un homosexual frustrado que un maltratador medio zumbado, en dos minutos se hacen religiosos y hala, a pensar en cómo quitar de circulación –nunca mejor dicho- al mayor número de infieles, es decir, a seres que más o menos gestionan su vida con mayor o menor alegría y resilencia. Puede que ese sea el problema, saber salir de tu país, de tu cultura y asumir que vives en otra bien distinta, ni mejor ni peor. Emigrar para encontrar algo peor debe ser el culmen de la más absoluta desdicha, pero convertir ese sentimiento en religiosidad extrema en dos minutos y lanzarte a conseguir el paraíso abatido por los disparos de la policía es una locura. Una locura que nace de la desesperación en los países de origen que provocan una inmigración hacia ese lugar donde nada es lo que parece y donde una vida ingrata nos manda directamente a Siria a convencernos de que lo mejor es un billete rápido al paraíso eso sí, llevándose a un montón de gente por delante. Gente que pelea por esa felicidad que a muchos parece negársele pero que no es culpa de nadie, ni del estado europeo –esa chapuza- ni de Hollande ni de Le Pen, la única beneficiada de todo este complejo problema donde la religión quizás sea el menor de los ingredientes. Ni el asesino de Orlando ni el de Niza eran religiosos, eran hombres frustrados, vencidos y a los que se les regaló un billete a la inmortalidad por parte de una maldad superior que nada tiene que ver con el Islam. Qué pena de verano aburrido y renqueante, por mí como si forman gobierno los Lunnis, lo importante es otra cosa, lo importante es llamar a las cosas por su nombre. Playa, verano, calor, fiesta, amor… qué pena de verano, domage.

        Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez