Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Políticos  de nuevo cuño

«Al Estado le corresponde garantizar el ejercicio del derecho a la libertad de conciencia y religiosa, de acuerdo con la Constitución y las leyes». «Lo religioso es un hecho social que configura nuestras sociedades. Incide en la socialización y producción de valores y desempeña un significativo papel en la construcción de identidades sociales y hegemonías culturales». «No es inteligente ignorar el papel de las fuentes morales y religiosas en una sociedad,….. No es erigiendo la religión en adversario, sino creando alianzas transversales entre laicos y religiosos, el modo de aprovechar todas las capacidades espirituales y morales, para el refuerzo de los pilares del Estado social y democrático»

El párrafo anterior está tomado de una conferencia titulada ‘La laicidad del Estado y las relaciones con las confesiones’, organizada por la Fundación Alternativas, en cuyo Patronato figuraban, entre otros personajes, Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Borrell, y Javier Solana.

Según propia confesión de los militantes del PSOE, más del 70% se declaran católicos –aunque la tercera parte  confiesen no ser practicantes-; cifras que concuerdan con las de no pocos votantes de otras formaciones. Si esto es así, tendremos que convenir que el 70% de los españoles, por el mero hecho de ser católicos, estamos jugando con fuego porque, según el Secretario de Organización del PSOE, César Luena,:“el catolicismo es una impronta que parece contaminar incluso la propia esencia de ser español”.  Sinceramente, creo que Manuela Carmena ha perdido la ocasión de fichar al señor Luena como ideólogo del Ayuntamiento de Madrid. Su bagaje deja en mantillas el de Celia Mayer, ¡Manda huevos! Desde luego que a nadie se le debe obligar a ser católico, musulmán, o ateo, pero lo que sí debería estar prohibido es intentar compaginar la profesión de político con la de ignorante.

La Iglesia está en crisis, sí, sí; cada vez asiste menos gente a misa, sí, sí; hay curas pederastas, sí, sí. Pero esta situación no es nueva, ni mucho menos. Todos los colectivos, incluido el católico, están formados por personas de  carne y hueso. Como en toda comunidad, las manzanas podridas se sacan del cesto, sin que nadie deba cortarse las venas, porque la Iglesia es mucho más que todas esas circunstancias. La Iglesia sigue siendo, antes que nada, Amor, misericordia, perdón, alegría, ayuda al necesitado… Muy pocas veces hemos visto a las gentes de la izquierda alabando la labor que la Iglesia lleva a cabo en  hospitales, misiones, orfanatos, comedores para gente necesitada, etc.; sin pedir nada a cambio. Hace dos mil años los cristianos servían de pasto para los leones, y hace ochenta años eran fusilados en España por negarse a seguir siéndolo; y la Iglesia ahí sigue. Por eso, a pesar de los embates de la historia, los católicos siguen siendo mayoría en muchos sitios, también en España, y, por muchas tonterías que digan algunos políticos, la situación no va a cambiar. Es más, reconocidos socialistas que han demostrado cumplidamente su categoría intelectual, política y moral, son de esta misma opinión y también están convencidos de que afirmaciones como la del Sr. Luena  están consiguiendo “espantar” a más de un votante.

Ya es un hecho recurrente en España que los políticos de la izquierda, en las épocas de vacas flacas, se olviden de analizar el “por qué” de sus fracasos y desempolven viejas campañas de ataque a la Iglesia; no importa que sea apoyándose en razones que nada tengan que ver con ella, o que sencillamente sean mentira. Aprendan de compañeros de partido que fueron capaces de conjugar la correcta labor de gobierno con  la costumbre de no ofender a nadie. Ah, y si no quieren saber nada con la Iglesia, no piensen que nos hacen de menos; al contrario, los cristianos siempre tendremos los brazos abiertos para que regresen los hermanos a esa casa que tanto ayuda a los creyentes.