Lunes, 18 de diciembre de 2017

El peluquero de François Holland

Escribo este artículo desde mi crónica francofilia, cuando aún el dolor por las víctimas del atentado de Niza está en los corazones de los europeos. Pero no voy a escribir sobre Francia o el pueblo francés, sino sobre el actual presidente francés y su peluquero. O mejor, sobre el presidente Holland, su peluquero y el socialismo europeo.

Esta pequeña anécdota sobre la existencia del peluquero del presidente, sus condiciones de trabajo y su exagerado sueldo, es una señal de qué etapa está atravesando no solo el socialismo francés (si fuera solo el francés no escribiría aquí sobre ello) sino el socialismo europeo. También el español.  

Los pequeños detalles, sobre todo si como éste, limitan con el esperpento o la comedia, revelan frecuentemente con mucha más claridad la situación de un fenómeno que análisis sesudos, de alto nivel teórico. Lo humorístico del asunto es no  el narcisismo del  presidente de un gran país, preocupado por su imagen pública, sino su obsesión en el cuidado de su casi inexistente pelo, como si en él estuviera el centro de su fuerza, como un nuevo Sansón. Todos los datos de esta esperpéntica anécdota, ( un peluquero a su servicio las veinticuatro horas del día, pagado con un sueldazo que qué francés medio quisiera para él, el hecho de que el señor Holland salga en sus apariciones con excesiva frecuencia atusándose su menuda cabellera…) confluyen en la obviedad de que al presidente Holland le preocupa más su imagen que los importantes problemas de Francia. Alguien podría objetar que es compatible ese narcisismo individual con una eficaz gestión de los asuntos públicos, pero se equivocaría: una tendencia narcisista tan acusada es incompatible con el interés por la alteridad.

El socialismo europeo está en un punto, o encrucijada, que nadie sabe situar. Como en otro planeta, en un punto de no retorno, en un camino tan desfigurado que ha perdido el norte. Parece que hubiera sido engullido por el neoliberalismo tan absolutamente que si alguien lo intentara definir lo tendría muy difícil.

Y si no que se lo pregunten al señor Sánchez, del Partido Socialista español. ¿Cuál es su programa? ¿Cuáles sus aliados? ¿Qué contenidos más allá de criticar a su derecha y a su izquierda? Los ciudadanos no nos enteramos de qué queda del socialismo de los siglos pasados. Quizás quedan cuatro pelos, y unos cuantos equipos de peluqueros, especialistas en imagen, que suplen la ausencia de ideas de los actuales responsables.

Toda Francia se ha movilizado contra la nueva ley de reforma laboral que ha redactado el gobierno; solo se ha quedado en casa el peluquero del presidente. Que, al parecer, hace virguerías con la calva de su jefe.