Miércoles, 13 de diciembre de 2017

¿Terceras, cuartas, quintas… elecciones?

El leitmotiv de todos los partidos el pasado 26-J fue que esta vez sí, que ahora iba en serio y que si de ellos dependiese no habría unas terceras elecciones. Ya ven qué poco creíbles son las promesas de los partidos.

Seis meses antes, el 20-D, también habían reconocido que el mandato electoral de los ciudadanos fue que se entendiesen entre ellos, que el reparto de votos había sido una llamada al consenso y al diálogo y que ellos harían caso a ese mandato.

Que si quieres arroz, Catalina.

Visto lo visto, en este momento estamos más cerca de unas absurdas y ridículas terceras elecciones que de la formación de un Gobierno, cualquier Gobierno. Y es que el egoísmo de los partidos políticos, de todos, sigue primando sobre el interés general de los ciudadanos.

¿Unas terceras, unas cuartas, unas quintas elecciones… van a cambiar el sentido del voto para que beneficie definitivamente a algún partido en perjuicio de los demás, que parece ser lo que todos pretenden? A tenor de los resultados en las segundas elecciones, no parece nada probable.

Unas elecciones sucesivas hasta que lloviese a gusto de alguien lo que provocarían es una mayor abstención del personal, harto de que su voto no sirva para nada, un cabreo generalizado entre los ciudadanos y dejar la política en manos de los fans irreductibles de los distintos partidos, es decir, de la gente más extremista y fanática, más devota de su partido político que de cualquier religión.

Para evitar eso, gente tan experimentada como Alfonso Guerra ya ha dicho que su partido, el Socialista, debe dejar gobernar al PP. Por múltiples razones: por haber sido el más votado; porque para hacerle oposición parlamentaria es preciso que antes gobierne; porque ya lo está haciendo de hecho mientras sigue en funciones, y porque unas nuevas elecciones posiblemente le darían más votos por el desistimiento de los electores de los otros partidos.

Ni por ésas. Haya o no finalmente algún tipo de acuerdo, está visto que los partidos están dispuestos a hacernos la vida imposible a los ciudadanos hasta el último minuto.