Viernes, 15 de diciembre de 2017

Contra la pena de muerte

Condenas a muerte y ejecuciones en 2015: Informe global de Amnistía Internacional

Autora: Jessica Oliveira Nascimento.

   Analizando la situación de los Derechos Humanos a día de hoy, debemos poner el foco en profundidad sobre la realidad en que se encuentra la pena de muerte en el mundo.

   El informe global de Amnistía Internacional sobre las condenas a muerte y ejecuciones nos sitúa en un escenario un tanto desconcertante, pues a lo largo de 2015 podemos constatar una realidad de extremos, por un lado hablamos de más de un 50% de incremento de las ejecuciones llevadas a cabo, mientras que por otro lado, se ha logrado que cuatro países más aboguen por la abolición de esta pena.

   La mayoría de las ejecuciones sucedidas en 2015 tuvieron lugar en China, Irán, Pakistán, Arabia Saudí y Estados Unidos, por este orden. Aunque debemos destacar que Amnistía Internacional ha dejado de publicar sus estimaciones sobre China, dado que la información es mantenida como secreto de Estado y las autoridades tienden a tergiversar las cifras que ofrecen, pues la organización, con la información que ha sido posible recopilar, sabe que son miles las personas ejecutadas cada año en ese país.

   En concreto, ha habido 1634 ejecuciones de condenas a muerte; detrás de esta cifra se esconden las ejecuciones de un total de 577 personas más que en 2014, de las cuales destaca el hecho de que en apenas tres países se concentra casi el 90% de los mismas, países éstos, encabezados por Arabia Saudí con un 76%, seguido de Irán con un 36% y Pakistán. Se trata de la cifra de ejecuciones más alta de los últimos 25 años.

   El total de estas ejecuciones se ha llevado a cabo en 25 países, lo que supone tres más con respecto de 2014.De esos números resulta desesperanzadora la palpable insensibilidad de los Estados con respecto a la dignidad de sus ciudadanos al imponer dichas penas condenatorias.

    Desde Amnistía Internacional se aboga por la abolición de la pena de muerte sin excepción, con independencia de las circunstancias.Sin embargo, vivimos en un mundo en el que se han llevado a cabo a lo largo de este último año condenas a través de juicios injustos, en los cuales no se cumplen las normas internacionales. Esa es la situación en países como Bangladesh, Bielorrusia o Irak, en este último, por ejemplo, se ha llegado a transmitir las “confesiones”, conseguidas mediante medios dudosamente legales, a través de la televisión antes de celebrarse el juicio correspondiente, como medio de influir anticipadamente en la condena.

   En algunos países el incumplimiento de la normativa internacional es tal, que se han llevado a cabo ejecuciones de menores de edad, en concreto, 9 personas menores de edad o siendo menor de edad en el momento de cometer el delito han sido ejecutadas a través de esta pena en Pakistán e Irán. En otros no se quedan atrás, y se condena y/o ejecuta a personas con discapacidad mental o intelectual, este es el caso de Estados Unidos, Indonesia, Japón y Pakistán.

   Desde Amnistía Internacional intentamos transmitir que las condenas a muerte son contrarias al derecho internacional, pues en muchos casos no ofrece la posibilidad de tener en cuenta la situación de la persona acusada ni las circunstancias del delito.

   La inobservancia de tratados internacionales es innegable, el artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos es pasado por alto por muchos países que imponen esta gravísima pena a delitos en los cuales no había intención de matar, es decir, no se aplica a los delitos más graves.Hablamos de la implantación de la pena de muerte para delitos de secuestro, corrupción, actos contra la seguridad nacional, delitos de adulterio en las Maldivas y Arabia Saudí, delitos de drogas en EEUU, apostasía en Arabia Saudí, y un largo etcétera. Y además que cabe recordar que no hay pruebas que demuestren que la pena de muerte tenga más efectos disuasorios frente a la delincuencia violenta que una condena de prisión.

    No obstante, como hemos dicho, estamos en un escenario de dos extremos. A pesar de la desoladora situación de aumento de ejecuciones y penas, encontramos también un aumento de países abolicionistas: Fiyi, Madagascar, República del Congo y Surinam se han unido a los que forman ya más de dos tercios de países en el mundo que rechazan el uso de este denigrante instrumento de condena.

   Lo cierto es que la tendencia a lo largo de los últimos años se inclina hacia la abolición, siendo un total de 102 países abolicionistas para todos los delitos y 8 abolicionistas para delitos comunes y abolicionistas en la práctica.

   Además algunos países han dado pasos para amortiguar la imposición de esta pena y abolirla mediante adaptaciones de delitos y reformas.

   En Mongolia se aprobó un nuevo Código Penal que prevé la abolición de la pena de muerte para septiembre de este año. En Pensilvania se ha decretado la moratoria de las ejecuciones. Órganos legislativos de Burkina Faso, Corea del Sur, Guinea, India y Kenia debatieron proyectos de ley para abolir la pena de muerte. En China se eliminó nueve delitos de la lista de delitos punibles de esta forma y en Malasia se anunció reformas legislativas para revisar la pena de muerte preceptiva en el país. Belice y Jamaica conmutaron la pena de muerte a las últimas personas que seguían en espera de ejecución.

    Por lo tanto, podemos afirmar que la humanidad se está encaminando a suprimir lo que Víctor Hugo ha denominado el signo peculiar de la barbarie, algo que ya debería ser inconcebible en la sociedad actual.

https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/temas/pena-de-muerte/