Viernes, 15 de diciembre de 2017

La toma de la consciencia

La toma de la consciencia

Consciencia > 1. f. Capacidad del ser humano de reconocer la realidad circundante y de relacionarse con ella.

Toma >  1. f. Acción y efecto de tomar (‖ recibir).

Tomar > 26. tr. Recibir o adquirir algo. Tomar fuerza, espíritu, aliento, libertad.

Definiciones del DRAE

 

Lo siento, pero me cuesta compartir esas opiniones que podemos leer estos días poselectorales en las redes sociales y en algunos artículos de prensa que, jugando con una cierta pátina que se mueve entre lo humorístico, lo didáctico y lo mayéutico, parecen tratar de culpabilizar al votante, equivocado o ausente, de la situación en la que nos encontramos ahora. Me refiero, naturalmente, al posible análisis que para algunos ofrece el resultado de las recientes elecciones.

No las comparto porque, aun entendiendo su sentido último, creo sinceramente que se vuelve contra todos nosotros, y me temo que para lo único que puedan resulta útiles es para provocar una sonrisa contenida y satisfecha, o una actitud, cuando menos displicente, entre aquellos que piensan aquello de: déjalos, que se peleen entre ellos, y nosotros sigamos con lo nuestro (que era lo suyo).

Los clarividentes párrafos del artículo (La gente ), de la escritora Belén Gopegui, autora que no se caracteriza precisamente por una actitud despreocupada frente a lo que nos está ocurriendo, pueden también resultar provechosos para explicar la posición que sotengo:

La gente, los y las votantes, no somos un terreno neutral. Somos un campo de batalla o un teatro o ambas cosas. En nosotras y nosotros se libran los combates y las representaciones.

[…] Anuncios, programas, noticias y objetos que traen consigo exigencias, obligaciones. Todo eso nos construye tanto como el libro que leímos en silencio o la amistad, como el miedo a perder el trabajo o a no tenerlo. Los contratos hacen conciencia, viajar dentro de un coche construye formas de ver el mundo. Decir que a veces algunas personas se equivocan es más razonable que decir que siempre tienen razón, que aciertan quienes votan a partidos que han legislado contra lo común durante décadas.

Pero, si me lo permiten, uno sumaría, para tratar de entender mejor el perfil de estos falsos culpables, esta otra figura de ciudadano… ¿equivocado?, gente (no lo olvidemos), que nos acerca y muestra espléndidamente una escena de la obra de teatro Alejandro y Ana: lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente, escrita por los imprescindibles Juan Mayorga y Juan Cavestany,  y que puso en escena la compañía Animalario.

Les pongo en antecedentes sobre lo que pueden ver en este enlace: dos camareras recogen los restos del banquete de bodas mientras conversan. Bueno, en realidad habría que decir mientras una de ellas se dirige a la otra con una argumentación in crescendo sobre las ventajas y virtudes de tener una visión conservadora (que no conservacionista) ante la vida, aunque uno sea prácticamente un menesteroso con un sueldo precario.

Comprobarán que el monólogo argumentativo de la camarera de marras (5 m) se apoya en esa terrible y dañina expresión que nos desdibuja un posible horizonte distinto, más esperanzado, hasta hacerlo desparecer como si de una explosión se tratara: esto es lo que hay.  Lo que hay” es la mayor ficción que se ha inventado. Lo que hay no existe sino que está siendo construido ahora mientras escribo, nos dice Gopegui, afinando de nuevo su mirada.

No sé con certeza cuál es el propósito de los autores con este diálogo, pero no olviden que el espectador también tiene sus derechos. Decía, que desconozco aunque puedo barruntarlo, qué buscan y  ofrecen estos dos dramaturgos a sus espectadores, cuando contemplamos el cambio de tono de Petra, cada vez más vociferante y exaltado (¿quizá contra ella misma?) tratando de convencer a Mari, su silente compañera, sobre las ¿intrínsecas? bondades del conservadurismo.  

Los espectadores, viendo y escuchando junto a su atónita compañera Mari, sorprendida ante lo que no es otra cosa que la rabia contenida ante un mundo injusto, de quien se rebela contra él pero sin llegar a admitirse todavía que ella es una más de las humillada, pero constatando que el relato de las agresiones  va transformando, aunque todavía no sea muy consciente del cambio que nosotros y Mari si percibimos.

Esta metamorfosis  me recuerdan las palabras de Antonio Gramsci  cuando decía, y decía bien, en una frase que ya ha hecho recurrente: el viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.

Nuestro personaje se encoleriza y dirige sus sarcasmos contra quienes, sin saberlo todavía, son los suyos, quizá porque inconscientemente está comenzando a tomar consciencia, valga el aparente, solo aparente, galimatías.

Acaso de lo que se trata (uno está convencido de ello) es de tomar la consciencia, al igual que se tomó la Bastilla hace ya unos siglos, y hacerla nuestra, revolucionando nuestro pensamiento mediante la observación y el análisis de lo que nos circunda, y actuando en consecuencia.

Y no entrar en si eran galgos o podencos o un quítame allá esas pajas. Culpabilizar de posibles errores a los que están a nuestro y de nuestro lado, el de la gente (aunque todavía no lo sepan). Cuando podemos ayudarles a comprender que la situación que padecen es la misma que para el resto, la mayoría, y no caer en un enfrentamiento estéril, que otros saludarán con sorna y regocijo.

Posiblemente debiéramos ser más audaces en nuestros razonamientos, aprendiendo a saber ponernos siempre en el lugar por el que transita el otro.

Solo de este modo se harán creíbles estos hermosos versos que le descubrí, en estos últimos días, al poeta Ives Bonnefoy. Vienen, quiero creer, a cerrar o abrir (según se lean) la toma de la esperanza, que siempre comparte toda divergencia crítica:

SOÑAR: que la belleza

Sea verdad, la misma

Evidencia: un niño

Que avanza asombrado, bajo la parra.

 

Se pone en punta de pie y, dichoso

Por la excesiva luz,

Tiende su mano para tomar

El racimo rojo. (1)

 

1_ REVER: que la beauté / Soit vérité, la même / Évidence, un enfant /Qui avance, étonné, sous une treille. / Il se dresse et, heureux / De tant de lumière, / Tend sa main pour saisier / La grappe rouge.

Trad. Arturo Carrera

 

Las imágenes  pertenecen nuevamente al  grandísimo EL ROTO

Rafael Muñoz