Martes, 12 de diciembre de 2017

El Pitufeo (del PP)

Nadie es tan “suicida” –ni tan patriotero– de facilitar un nuevo gobierno del PP, sin que cambie nada de sus políticas. Si Mariano Rajoy no consigue los apoyos necesarios para la investidura, pues debe irse a casa y dejar gobernar al grupo regeneracionista, alternativa de gobierno con más de 11 millones de votantes. Que le saquen las castañas del fuego sus votantes. A ver qué consiguen.

El “pitufeo” es una de las formas más viejas de lavado de dinero negro, blanqueo de capitales de actividades ilícitas. Consiste en utilizar muchas personas haciendo transferencias bancarias pequeñas a distintas cuentas bancarias de personas físicas o jurídicas. Según investigadores judiciales y la Guardia Civil este ha sido uno de los medios más empleados por el PP para subvencionar ilegítimamente elecciones. Por ejemplo, atribuyen, caja “b” y financiación irregular “continuada” al PP de Valencia desde 2006.

Y, sin embargo, en vez de castigarlos, en algunas provincias y autonomías en las que era más descarado y exagerado el “pitufeo”, los populares sacaron ana proncicaoa y autosmoas enm alproncicaoa y autosmoas enm als quenera descrtadao y exageradp elospliares sacrosn aún más votos.

A pesar de esto, Rajoy ya solo contempla un gobierno en minoría, y asume el riesgo de no conseguir la investidura. Ha abandonado su sueño de la gran coalición y aspira a menos cosas, a casi nada a este paso, según el transcurso de las negociaciones. Pues que gobierne el PP con sus 137 diputados y que deje de marear tanto la perdiz no “cazada” de la mayoría absoluta. Que ha ganado Rajoy las elecciones –y no el PP–, pues que gobierne en soledad. ¿No dice, bobaliconamente, que ha ganado las elecciones –ver imagen y voz, de Rajoy, en la noche electoral desde el balcón de la sede pepera en la calle Génova 13? Pues eso, que lo haga en minoría y ya veremos cuánto dura en la Moncloa. Dicen que unas terceras elecciones serían un horror y una debacle; algo inasumible para España (¿pasó algo especialmente catastrófico en estos seis meses de gobierno en funciones?). Más cataclismo sería dejar gobernar otra vez a Rajoy y a los responsables de las políticas de austeridad, de recortes, de la ley mordaza. Mucho peor que unos terceros comicios, legales, sería que diéramos –o dieran– algunos diputados su confianza a un partido repleto de corruptos y que no quiere regenerarse. Los votantes de la regeneración, de la lucha por el cambio, son más de 11 millones de españoles.

Exigen ahora de nosotros y de los demás partidos eso de ¿“a quién quieres más, a papá, a mamá o al ay ay”? Pues ahí está D. Mariano, que nos pellizca porque en el “ay ay” está su candidatura.

El PP ha ganado las elecciones imbuyéndonos de miedo, miedo atroz a Podemos, a un cambio radical y extremista. Un éxito electoral, inesperado, que muchos expertos achacan a la joven gurú norteamericana, Isabelle Wright, que asesoró muy bien a los de la gaviota azul. Jorge Moragas, responsable de la campaña electoral del PP, se hizo más caso de ella -y de su empresa, la consultora Messina Group- que del viejo gurú Pedro Arriola. Y una de las claves de su asesoramiento electoral fue eso, inculcar en el electorado de centroderecha el miedo de lo malo que es el contrario, en este caso, Podemos. Otra maniobra fue la de buscar el voto indeciso de C´s principalmente. También se centraron con gran ímpetu en “bombardear” 15 provincias –circunscripciones rurales fundamentalmente– donde la ley electoral D´hondt favorecía al PP respecto a Podemos y a Ciudadanos. La segmentación de provincias prioritarias donde andaban escaños en juego fue esencial en ese diseño, caso de Orense, Cuenca, Guadalajara, Badajoz, Zamora, Salamanca, etc. Explotó esta  experta electoral el voto táctico de las redes sociales, inclinándose por Facebook y otras redes más que por tuits (donde Podemos era el líder de los tuiteros). Pero la empresa Messina Group lo bordó con gran experiencia electoral y una millonada de  Big Data. Las llamadas telefónicas de “Hola Don Antonio, soy Mariano Rajoy”  y otras estrategias electoralistas, le costaron al PP unos 300.000 euros que se sepa, quizás algo más.

Otros líderes de la gaviota azul emplearon la vieja táctica del caciquismo rural. Martínez-Maíllo repartió prebendas, favores y subvenciones a troche y moche en las zonas rurales de C y L, donde la estructura territorial, capilar, del PP es muy férrea.

Nadie es tan “suicida” –ni tan patriotero– de facilitar un nuevo gobierno del PP, sin que cambie nada de sus políticas. Si Mariano Rajoy no consigue los apoyos necesarios para la investidura, pues debe irse a casa y dejar gobernar al grupo regeneracionista, alternativa de gobierno con más de 11 millones de votantes. Que le saquen las castañas del fuego sus votantes. A ver qué consiguen.

De todas maneras si gobierna el PP en solitario, sin Rajoy o con él, en cualquier momento que no cumplan con lo pactado y sigan haciendo sufrir a los españoles con reformas y recortes absurdos, pues se les prepara una moción de censura, y a la calle con el PP y con Rajoy, que lo manden a registrar propiedades ajenas. Eso sería lo más natural. La gran mayoría regeneracionista y del cambio, sin miedo, entonces le pasaría  la factura por las mentiras de las promesas de la campaña electoral planeada por la asesora americana Isabelle al abrigo de Moragas y Martínez-Maíllo. Y cantaríamos como en la burla que los de la gaviota azul hacían a Podemos, en la noche electoral: “sí se puede, sí se puede”. Eso es, sí se puede mandar a la calle a Rajoy y al PP. Y que sigan, con el “pitufeo” y con sus trampas y engaños, en sus casas o en sus sedes o en la cárcel. Eso sí, pero ya desde la oposición para regenerarse entre otras muchas cosas.