Miércoles, 13 de diciembre de 2017

La evolución de la población dice que vamos “muy bien”.

Las circunstancias permiten que casualmente nada más pasar las elecciones generales conozcamos los datos del Instituto Nacional de Estadística referentes a los residentes en España a 1 de enero de 2016, que se redujeron una vez más, aunque no mucho. Pero cerca de 100.000 españoles (dos terceras partes de nacimiento) abandonaron el país a lo largo de 2015. Es de suponer, si hacemos caso al gobierno, que para conocer mundo y disfrutar de algún paraje idílico, como titulados superiores que nos ha costado mucho formar de la barra de algún pub inglés (claro que no del lado de fuera); la gente se va porque quiere. Si tenemos presente el comienzo de la crisis, tomando como referencia los datos a 1 de enero de 2009, hay 223.528 empadronados menos. Aunque hace pocos días comentaba la prensa que españoles residentes fuera del país había muchos más, incluso que las estadísticas oficiales se contradicen.

Pero lo que más nos interesa es la provincia de Salamanca, que prácticamente lleva todo el siglo XX y el actual perdiendo población. Un problema también de toda Castilla y León. Y la verdad es que ocasiones para revertirlo sí hemos tenido, siendo la más clara el ingreso en la Unión Europea (entonces con otro nombre), que desde 1986 supuso la llegada de ingentes cantidades de dinero en forma de fondos estructurales, transfronterizos y no sé cuántos nombres más. Mucho dinero. Entonces vivían en la provincia 359.285 personas censadas.

30 años después somos 338.694 residentes en la provincia, casi 21.000 menos. Diversos expertos, tenemos un departamento de Geografía en nuestra Universidad, partidos, sindicatos, y otras entidades, han alertado todos estos años del problema que esto supone, y la necesidad de buscar una solución de verdad. ¿Alguien se acuerda de Salamanca Emprende?, la alternativa no ha parecido precisamente una gran solución. Cada vez somos menos y más viejos, se van los más jóvenes y dinámicos, con lo que los servicios públicos son cada vez más caros y difíciles de mantener. Aquellos de origen rural conocen perfectamente, por ejemplo, la evolución del servicio de transporte público en la provincia, por no olvidar los continuos problemas en la atención sanitaria rural. Y entre tanto se pactó una agenda contra la despoblación, de la que nunca más se supo.

Casualmente desde 1986 gobiernan la provincia, salvo corta excepción, los mismos que en Castilla y León, el Partido Popular. Que ha tenido muchos años esa misma responsabilidad en el gobierno central (todavía alguno menos que el PSOE). Y que acaba de ganar nuevamente unas elecciones en nuestra Comunidad y provincia, de forma abrumadora. A pesar de llevar 30 años fracasando en estos territorios.

A los votantes del partido gobernante, ¿qué motivos les empuja a seguir contumaces provocando que la situación sea cada vez más irreversible?. Por otra parte, ¿qué lleva, supuestamente, a parte de la izquierda a no votar elección tras elección y permitir que el tiempo siga pasando inexorablemente engordando el problema?.

Hace tiempo que soy incapaz de comprender los motivos que mantienen la situación actual, empeorando cada vez más. Que los supuestos magníficos gestores fracasen continuamente, que engañen, mientan, despilfarren e incluso permitan por acción u omisión que se desvíen fondos públicos para intereses particulares, y sigan teniendo la confianza de la mayoría. Y hace tiempo que no me vale el argumento de que enfrente no hay nada, que la alternativa no es creíble, desde luego peor no lo podrían hacer puesto que cada vez estamos más cerca del fondo. El futuro no es nada halagüeño, sólo basta, por ejemplo, con bucear en serio en los datos de parados y afiliados a la Seguridad Social.