Miércoles, 13 de diciembre de 2017

In memoriam Armando Sánchez Rodriguez, fotógrafo

 

 

Cuando un fotógrafo muere dejamos de percibir una parte de luz, es como si una lámpara de nuestra vida se apagara. Hoy, Armando, tú recuerdo viene hacia mi en esa forma de luz con la que retratabas los instantes de vida de la ciudad. Siempre tu cámara, siempre tu mirada ... que hoy dirigirá su objetivo a otros paisajes, a otros jardines interiores

 

 

 

Hay momentos en que todo es apacible,

cuando la ciudad amanece entera y feliz,

mirando las torres de los vientos.

Momentos en los que una lágrima huérfana

me dice que las cosas pasarán por encima

de todo y no serás nada más que un rumor de raíces,

alguna nave olvidada en la costa,

o la llovizna que moja la piedra,

cuando te acuna piadosa la muerte

en la ciudad sin luto y sin tristezas,

cuando llega tu hora  justa, aquella del vuelo de polvo

y nadie deja flores y, lejos, alguien llora

a pesar de que la vida continúa sin ti.

 

 

En la eternidad de la luz nadie vendrá a nombrarte

con plegarias de compasión y en el libro de los prodigios

nadie hablará de ti

importa poco si tu piel tuvo sabor a mar,

a tierra o paraíso.

Porque una gran calma puede arrasar nuestra vida                                                                                 y, en un segundo, dejarnos huérfanos por siempre.

La calma no siempre será la calma.

 

 

Hay momentos en que nada reconforta,

ya no es encantador un día primaveral,

cuando parece que todo ha muerto, que todo es quieto,

y la prosa de la vida golpea los sentidos,

bloquea nuestros nervios, tapona arterias, congela células.

 

Hay momentos que nos rodea un silencio inmenso,

tan inmenso que no encontramos manera de escapar

y nos dejamos deslizar en su marejada de muerte, de nada,

como una nada irreal, pero tan presente, como cercana.

 

No hay sitios perfectos, no hay dónde llegar,

siempre arrastrando carencias, dolores y cobardía;

esa cobardía que nos atormenta y nos reitera,

en cada vuelta del camino, que lo real no lo es,

que las máscaras caen y se destrozan cuando el conocimiento las enfrenta.

Hay momentos en que todo pierde significado

y la vida, carece de palabras.

y quedamos sumidos en un mundo vacío, etéreo,

quedamos como platillos suspendidos en el aire.

 

Para esos momentos hay también una Palabra que nos ayuda

que nos detiene al borde del abismo y nos grita y nos seduce

Palabra con significado de vida y de Luz, en la esperanza.