Martes, 12 de diciembre de 2017

Debido proceso

No hay, no puede haber “debido proceso” bueno y “debido proceso” malo. O lo hay, o no.

En México parece haber un problema con este concepto. En mi modesta opinión, creo que tiene que ver con una relación cuando menos extraña de mucha gente con la ley y lo legal que se podría resumir en: “si creo que no me van a ver (o a atrapar), lo hago”.

He oído a opinadores y políticos muy progres decir frases como “a ver qué dirán ahora los santones [los gurús] del debido proceso”, cuando, por ejemplo, alguien que parece a todas luces criminal, sale de la cárcel porque quien tenía que llevarlo no hizo las cosas bien.

Me parece tan de Perogrullo que me cuesta escribirlo. No hay, no puede haber “debido proceso” bueno y “debido proceso” malo. O lo hay, o no. Y si no lo hay, no hay ley, porque el debido proceso es la base del imperio de la ley, de una ley igual para todos. Y que la ley sea igual para todos es justicia; lo contrario de eso es el fascismo, en cualquiera de sus caras, la “ley” del más fuerte, llámese capo del narco o líder religioso.

El debido proceso nos protege a todos; claro que jode ver en la calle a quien estuvo involucrado en crímenes porque los encargados del proceso fueron descuidados, negligentes o corruptos; pero lo que aplica ahí es juzgar a esos responsables, no ir contra la ley.

Parecerá cursi, pero un inocente en la cárcel nos daña a todos… Sobre todo a los que intentamos ser inocentes siempre. Y para la ley, inocente es el que, según ella, no es culpable. Insisto, es perogrullada, pero demasiada gente no parece tenerlo claro.

La ley es aburrida… y en no pocas ocasiones, parece volverse contra quien la respeta; porque es más fácil escuchar a quienes parecen darnos todas las respuestas… Que esforzarnos nosotros en seguir haciéndonos preguntas… y llegando a nuestras propias conclusiones.

@ignacio_martins

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