Sábado, 16 de diciembre de 2017

Sin necesidad de orgullo ¡viva los gays!

Se está celebrando estos días la semana del “orgullo gay”, y no me siento feliz con el nombre, quizá porque soy un anticuado que ha vivido muchísimo años el régimen de cristiandad impuesta, pero me gusta que haya gays y que se manifiesten y así digo viva los gays, poniendo su bandera en la torre de la iglesia. Así lo digo en cuatro proposiciones y en unas reflexiones posteriores:

a. No me gusta el orgullo gay, como no me gusta ningún otro orgullo, ni machista ni heterosexual, ni clerical ni anticlerical, ni de varón ni de mujeres. Cada uno es lo que es, y ha de serlo con gratitud y con respeto hacia los otros, pues el ser humano se dice de muchas formas, y no hay ninguna que sea absoluta, ni mejor que las otras.

b. No me gusta el orgullo de los gays, aunque los entienda, tras un tiempo en que muchos han tenido y tienen que vivir encerrados en el armario, ridiculizados, excluidos… Todavía hoy se les excluye de los ministerios cristianos, en nombre de Jesús, con un pecado inmenso, no de los homosexuales, sino de aquellos que les excluyen por miedo, por ignorancia, por falta de humanidad y de evangelio. Entiendo pues que haya un orgullo gay, y que haya gente que salga a la calle para decirlo. Pero me gustaría que no fuera necesaria este “procesión” de gays al comienzo del verao.

c. Éste es un tiempo de pedir perdón y de dar gracias. De pedir perdón, porque muchos grupos sociales (y cristianos) han marginado y perseguido a los gays, les han hecho sufrir, les han menospreciado y le menosprecian, como si fueran enfermos o apestados a los que se debe tener encerrados en la calle. Es tiempo de pedir perdón por haberles hecho sufrir, y de dar gracias a Dios porque hay gays, personas y grupos de sensibilidades distintas. Quede este dicho.

d. Pienso que ha llegado el momento en que los gays pueden y deben ofrecer su aportación creadora a la Iglesia y a la sociedad. Por eso he puesto su bandera sobre la torro de mi iglesia. Dejo a un lado el tema social, pues ahora no me importa, me fijo en lo propio de la Iglesia. A pesar de sus grandes fiestas de orgullo, los gays siguen siendo una inmensa minoría oprimida, han sido y siguen siendo víctimas, por eso tienen una capacidad especial para entender el evangelio de Jesús, que es el evangelio de las víctimas.

Un tipo de Iglesia que quiere ser machista, centrada en el poder de sus “buenos” ministros, está perdiendo en general la capacidad de entender el evangelio (secuestra en parte desde el poder de la vieja Europa…). Ha llegado la hora de que otros, desde otros lugares personales y sociales, nos enseñan a vivir el evangelio. Entre esos otros (no como único, pero sí como importantes, aunque sin orgullo) han de estar los homosexuales.

De ellos tratan las ocho proposiciones que siguen, tomadas en parte de mi libro La familia en la Iglesia.

Ocho tesis sobre los homosexuales y la Iglesia cristiana

1. Hay una “ley natural”, como tiende a decir el Magisterio Católico,

pero el tema es que la naturaleza no es “uniforme”, de manera que no todos los seres humanos son varones-varones que aman a hembras-hembras, sino que, al lado de esa franja que puede ser mayoritaria de heterosexuales, hay unas franjas que pudiéramos llamar “borrosas”, relativamente extensas, de personas con tendencias “naturales” que no van en la línea de la hetero-sexualidad.
Cuando digo franjas borrosas no quiero decir emborronadas, ni oscuras, sino todo lo contrario, en la línea de la lógica de los conjuntos “borrosos”, que no son una cosa ni otra, pero que son fundamentales para el funcionamiento del conjunto. Hace mucho tiempo me enseñaron a conocer y respetar esos conjuntos y sistemas borrosos, cuyo conocimiento ha hecho posible la ciencia moderna. Así me lo decía el Prof. V. Muñoz, de la Universidad Pontificia de Salamanca, maestro de lógicos, de feliz memoria.

2. La hetero-sexualidad, es mayoritaria por número, tiene una función importante,

vinculada no sólo con la con la reproducción, como a veces se ha pensado en algunos círculos eclesiales, sino también con el conocimiento y despliegue de las polaridades de la vida, en un plano de sexo y de género. Hay un tipo de amor hetero-sexual que es muy rico, bendecido por Dios desde los años de Adán y Eva, un amor que ha podido estar en el fondo de las hondas imágenes de la vinculación cósmica y de mística espiritual de los grandes poetas y pensadores.

Sin un inmenso canto a la heterosexualidad no puede haber tampoco un canto a la homosexualidad. Pero, siendo mayoritaria y en un sentido necesaria, la heterosexualidad no es la única forma de amor y de encuentro personal, de forma que no puede imponerse por “naturaleza” sobre las otras opciones y tendencias, pues esa imposición iría en contra de la misma naturaleza y del mismo Dios (conforme a la visión de los creyentes).

3. La Biblia Judía ha una opción preferente por las distinciones claras

y por las separaciones netas. Por eso ha creado una taxonomía de animales “rectos” (conformes a su naturaleza), que se pueden comer… y animales “híbridos” (que no son de una única naturaleza) y que no se puede comer… Los animales “rectos” (puros) son macho-hembra, bien definidos y determinados… Pero eso les ha llevado a expulsar y condenar por impuros a los animales que los judíos consideraban híbridos (por ignorancia de la vida, por cuadratura mental.

Muchos quieren aplicar una distinción como ésa a los sexos-géneros en la especia humana, olvidando que la realidad tiene unos confines que he llamado “borrosos”, pero que ahora llamo pregnantes de vida, unos espacios fundamentales, que no son macho-macho ni hembra-hembra, sino que son personas de otra forma, con todos los derechos. Los que siguen esa "separación clara" de la Biblia deberían cumplir todas las normas del Levítico (cosa que nadie defendería hoy, ni judío ni cristiano).

4. La filosofía griega ha buscado también las dualidades falsamente claras,

a partir del esquema de la materia-forma (el hylemorfismo de Aritóteles, con su lógica de la contradicción y del tercero excluido): todo es materia o forma, todo es macho o hembra... Aristóteles fue un inmenso investigador, pero no pudo descubrirlo todo, ni tampoco Platón, por grande que fuera.

La realidad no funciona como él pensaba, pues hay cientos de formas/materias intermedias, límites difusos, contornos aabiertos... que marcan precisamente el sentido de la realidad que es multiforme y supra-polar (no bipolar) para ser más claramente clara, como el arco iris. Los sexos no son sólo para acoplarse al modo masculino-femenino, sino que tienen otros rasgos y funciones, que no van en una línea mala de “ideología de género”, sino de búsqueda múltiple de la personalidad

5, Frente a la simplicidad del macho-macho y hembra-hembra

surge así la riqueza de formas distintas, que no simplemente mestizas híbridas, pues no existen dos colores primos, de forma que todos los demás sean derivados. Nada es híbrido, todo es verdadero en sí, a no ser que se quiera decir que todo es híbrido, todos somos una mezcla del universo de Dios.

Por eso, expulsar de la normalidad de la vida y del amor (de la naturaleza) a esas formas “distintas” de ser persona (ser humano) es ir en contra de la naturaleza, ir en contra del don de la vida de Dios, de la gran profusión y riqueza de especies y formas y tendencias de la vida. Esas formas "híbridas"... son híbridas sólo si se comparan con las formas "dominantes", pero en sí no pueden considerarse híbridas ni mestizas, sino que ha de estudiarse su propia realidad, con su valor, aunque sea minoritaria. Si se empieza a negar a las minorías se acaba destruyendo todo.

6. En esa línea, aquellos que no son macho-macho o hembra-hembra son un “lujo” de la naturaleza

pero no en el sentido de una curiosidad propia de museo, sino en la línea de la riqueza de formas de la vida. Eso significa que debermos tener gran cuidado en respetar la variedad de las formas de amor de la vida, en nombre del Dios Creador… y en nombre de Jesús, que ha venido no a sancionar la ley de las identidades cerradas (cierto tipo de ley del AT, interpretada por ciertos rabinos), sino abrir espacios para todos.
En esa línea se sitúa la gran comparación de Pablo en 1 Cor 12 donde dice que el cuerpo de Cristo (es decir, el gran cuerpo humano de Dios) es múltiple, de forma que unos deben alegrarse de la existencia de otros que sean distintos, sabiendo que así se enriquecen mutuamente. Más aún, aquellos que están en peligro de extinción, los más débiles son los más importantes (los pobres, los excluidos…). No quiero decir que hay que querer a los homosexuales por ser sólo unos “pobrecitos”, nada de eso, hay que respetarles y quererles como personas, pidiéndoles que aporten a todos su riqueza personal.

7. Y cuando he dicho que los homosexuales (en general) puede situarse en esa franja borrosa de la realidad

no estoy condenándoles o minusvalorándoles, sino todo lo contrario… Conocí hace tiempo, con V. Muñoz, a uno de los grandes formuladores de la lógica de las realidades borrosas (un brasileño llamado Newton da Silva, que ha enseñado en USA)… y desde entonces guardo un gran respeto por las formas menos clasificables de la realidad, las que no entran en el código dual del macho-hembra, materia-forma…
Hay otras claves de riqueza y vida en la realidad humana... claves que no entran en la taxonomía que algunos han querido imponer a todos. Entre esas claves está la de la experiencia gay, que no tiene por qué ser orgullosa, pero que puede y debe ser aceptada en la Iglesia y en la sociedad.

8. Y finalmente, lo que importa no es ser homo- o hétero,

sino ser persona en el sentido profundo del testimonio de Jesús y del mensaje de Pablo, cuando dijo que ya no importa ser judío ni gentil, ni señor o siervo (al modo antiguo), ni hombre ni mujer, en el sentido de macho y hembra (léase bien el texto: ni arsen ni thely… ; Gal 3, 28). Hay otra cosa mucho más importante que ser arsen o thely, es ser persona.

En el fondo de la vida a nadie se le va a preguntar si es arsen/macho o thely/hembra, sino si ha sido persona. Ésta es la categoría que importa, aunque algunos parecen que aún no lo han entendido (o, mejor dicho, no están queriendo entenderlo).