Jueves, 14 de diciembre de 2017

El miedo ¿solo a lo nuevo?

Despues del 26-J,  le queda a Podemos, o a Unidos Podemos, el análisis autocrítico y objetivo de las elecciones y la reconducción de la alianza. Habrá que hacer algo más que hablar solo del miedo a lo nuevo  de los electores. Por ejemplo, construir pueblo es, precisamente, crear esa mayoría hegemónica que viene de sitios diferentes, que piensa diferente, que ha votado diferente pero que comparte objetivos comunes de sentido común. 

Varios millones de españoles, de la izquierda, derecha y centro, votaron al PP o se abstuvieron el 26 J. La campaña del miedo lanzada por Rajoy surgió efecto en todos los electores y en los partidos políticos. Unos por temor a un mayor radicalismo de Podemos, o a un cambio revolucionario con las confluencias (Unidos Podemos); otros, decepcionados, a un cambalache más descafeinado y demasiado moderado.

El caso es que el ciudadano medio, o se ha abstenido, o ha vuelto a votar al PP como valor refugio frente al miedo. El “pueblo”, en palabras de Rajoy, ha preferido la estabilidad frente al miedo que él mismo ha provocado. O sea, eso de que más vale lo malo conocido que lo “bueno” por conocer. El problema es que, aunque el PP por los resultados electorales, tiene más autoridad moral que en el 20-D para formar gobierno, no tiene la mayoría absoluta, y los pactos de la gran coalición de derecha y centro (PP, C ´s  y PSOE) no están ni estarán claros.

Unidos Podemos no ha crecido porque parece que tenían razón las voces que decían que una parte de los votantes de Podemos no votaría a una coalición con IU y que muchos votantes de IU jamás votarían a una coalición con Podemos. Las cosas son así. Un millón doscientos mil votos se han quedado por el sendero pedregoso de las urnas y no por el maquillado y fácil de las encuestas. Y que es probable que no puedan recuperarse fácilmente, aunque todo va a depender de lo que se haga en la oposición y cómo se reestructure la coalición Unidos Podemos. Siempre con una sana pero autocrítica objetiva, que en algunos sectores podemitas y de IU se presume muy dura. El miedo a la abstención de la Izquierda –que muchos prevenimos hace un mes– se ha producido. Y además, esto ha beneficiado, por las normas electorales, al partido de la gaviota azul.

La incompetencia del PSOE en la crisis económica, su viraje al centro-derecha en los últimos años, y en la negociación para la investidura después del 20-D, ha propiciado el resurgimiento de Podemos tras el 15-M. Ahora el PSOE “es un partido suicida y necesita urgentemente una terapia emocional y sociopolítica”. Pero el PSOE, para regenerarse, debe girar 180 grados en sus planteamientos sociales y económicos. Varios líderes socialistas –más allá de los viejos sociatas y exdirigentes- afirman que con 22,6% de votos, tardarán mucho tiempo en gobernar el país. Y que tienen que reconstruir el proyecto socialista. No tanto es un problema de líder, dicen, sino de liderazgo social e ideológico. Además confirman:  “hemos vivido estos vivido esto últimos años fuera de la realidad social del país, pues nuestras propuestas no llegaba a todos y nos hemos equivocado”. Hablan también de su incapacidad de sintonizar con los verdaderos problemas de los españoles. Y aseguran que se han salvado del “sorpasso” de Unidos Podemos, por la estructura territorial, capilar, del partido en algunas autonomías, y en las circunscripciones rurales.

 Mariano Rajoy, fiel a sus “bobaliconadas”, afirmó el mismo día de las elecciones que “España sería lo que los españoles quieran que sea”. Sí, sí; pero la interpretación de los votos y pactos o acuerdos ya es harina de otro costal. Y España será eso, con permiso de Ibex 35, la Troika, la UE y algunos barones y viejos sociatas.

Aunque es pronto para hacer valoraciones serias y objetivas, diremos que el batacazo de C´s, PSOE y Unidos Podemos, ha sido morrocotudo. Para los socialistas el peor resultado de su historia, aunque lancen cohetes de alegría por haber superado el “sorpasso” podemita. Ciudadanos ha facilitado el aumento de papeletas para el PP. Más bien votos a Rajoy que al PP, ganando el canguelo y el conservadurismo. La abstención, también, ha castigado a las fuerzas del cambio, entre otras razones como castigo por hartazgo y por haber sido incapaces de buscar acuerdos que impidiesen seguir gobernando a Mariano Rajoy.

También podríamos decir de Podemos, Unidos Podemos, que se ha desinflado en las zonas rurales, territoriales, conservadoras y arsenal de votos, en muchos años, del PP y del PSOE.

Y en lo local, Salamanca, una ciudad –y provincia– que se desangra, se repiten las mismas causas que a nivel estatal han hecho que suba la abstención de la izquierda. Podíamos añadir que aquí, en Salamanca, también el factor cunero –candidato foráneo– ha influido en los malísimos resultados electorales –mucho peores, 7.814 votos menos que en el 20-D. Pero no lo creemos así, sino más bien unas estrategias nefastas para la campaña diseñadas desde el Comité de Campaña podemita salmantino. Es posible que el mal ambiente entre la militancia por la nueva Gestora, impuesta, y que no representaba a todas las sensibilidades de Podemos Salamanca, y formada en exclusiva por personas enfrentadas a la anterior SG y CCM, haya influido en la desmovilización del electorado. No se ha buscado, en ningún momento, personas independientes que buscaran la integración del Círculo y de los electores de  Unidos Podemos. La candidatura formada no tenia peso suficiente y era muy desconocida por el electorado salamantino. Se ha abandonado la campaña en los barrios y en el pequeño comercio. Ha habido una desastrosa campaña sectorial a pesar de tener, en Círculos de Salamanca, un equipo muy sólido en Educación, Sanidad y Cultura. A pesar del ingente trabajo de militantes y apoderados, no se han tratado adecuadamente los movimientos sociales, las asociaciones de vecinos, sindicatos, plataformas diversas, etc., ni en la capital ni en la provincia.

Después del 26-J, le queda a Podemos, o a Unidos Podemos, el análisis autocrítico y objetivo de las elecciones y la reconducción de la alianza. Habrá que hacer algo más que hablar solo del miedo a lo nuevo de los electores, Por ejemplo, construir pueblo es, precisamente, crear esa mayoría hegemónica que viene de sitios diferentes, que piensa diferente, que ha votado diferente pero que comparte objetivos comunes de sentido común.