Lunes, 18 de diciembre de 2017

Razón, derecho, trascendencia, experiencia y emoción

Cada época histórica ha puesto énfasis en aquello que, al menos para una parte de sus ciudadanos, era importante. La educación y el control social se encargaron en cada periodo de ser los transmisores de lo políticamente correcto, de la norma socialmente impuesta.

El mito, el temor a lo oculto y no explicable, centró los primeros pasos de la evolución humana sobre la tierra. Los chamanes cumplían con la misión de ser los depositarios de la sabiduría acumulada en cada tribu. Aunque nos parezca mentira, esa cultura del mito, de lo tabú  y misterioso, sigue presente en cada hombre y en cada sociedad humana. Cada día construimos mitos que se convierten en dogmas de lo políticamente correcto y los aceptamos sin ponerlos en tela de juicio.

Los griegos se cuestionaron toda la existencia desde el juicio de la razón. Platón, Aristóteles y Sócrates aportaron la reflexión, el diálogo como método de conocimiento de lo real y de aquello que se puede deducir mediante la razón razonada. Los griegos fueron los primeros en hablar de lo bueno, lo bello y lo verdadero como algo esencial a la unidad. Si bien, como en todas las épocas y en todas las ciudades, surgieron vendedores de aire que con artimañas diseñadas sabían obnubilar a aquellos que se les prestaban como fieles seguidores.

La romanización trajo el derecho escrito como norma del imperio de la ley. Los conflictos no zanjados encontraban así un cauce de solución a través del dictamen de aquel que ostentaba la autoridad; siempre con referencia a la ley escrita. Si bien, es verdad, que en nombre del derecho, desde la norma escrita y consensuada, hay quienes han interpretado el código civil en beneficio propio, desposeyendo de derechos a los indefensos, oprimidos o a los que no tienen voz.

La oscuridad de la edad media impuso el dogma de la fe como adoctrinamiento obligatorio para toda la sociedad. La transcendencia del ser humano era el modus vivendi et operandi que ayudó a franquear la barrera del primer milenio de la humanidad. La Teología se consideraba como la única fuente de conocimiento fiable y la interpretación lineal de la revelación divina era el camino para lograr la justicia. De este modo, el escarnio público y la Inquisición amedrentaron y mataron a los que se atrevían a disentir, razonadamente, de lo políticamente correcto de la época. También hoy descubrimos inquisidores, que como Torquemada, pretenden oprimir, callar la voz de los indefensos y se encargan de vilipendiar mediante la humillación mediática a aquellos que no se someten al dictamen del pensamiento único obligatorio.

El renacimiento y el siglo de las luces proyectaron la claridad del imperio de la razón sobre lo evidente y experiencial. Descartes, Hume, Locke, Montesquieu… consiguieron remover las tinieblas del mito, la oscuridad del dogma, la esclavitud de la letra escrita del derecho para que el hombre y su experiencia, visible y palpable, tomaran las riendas de la modernidad. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Desechar todo aquello que no se someta al método científico objetivable y  experiencial ha llevado a cometer muchas injusticias. Aún hoy, en nombre del avance científico se perpetran atropellos, desmanes y atrocidades.

Nuestra sociedad coetánea ha puesto en el centro de la educación la Inteligencia Emocional. Desde que en 1995 Goleman rescató los postulados de la EI de Mayer y Salovery o a través de las propuestas del Premio Príncipe de Asturias, Howard Gardner, sobre las Inteligencias múltiples están plagando todo tipo de experiencias innovadoras del currículo escolar de las futuras generaciones. Y es que, si alguno cargado con todas las evidencias científicas, avalado por el derecho y lleno de razones razonadas, carece de capacidad comunicativa a través de las emociones, nunca será escuchado, el oprovio del pueblo cae inquisitorialmente sobre él.

Pero, ¿qué es educar? ¿Qué es lo prioritario en la educación? ¿Podríamos hablar de una educación integral y de un desarrollo global de la persona sin contar con la información, la formación, los aprendizajes, los conocimientos, habilidades y destrezas en cada uno de estos aspectos que he venido mencionando?

Educar a los hijos en casa, a los escolares en centro educativo, al universitario en la facultad… ha de contar con la formación en el mito (conocer qué es el mito, su función educativa, los mitos y tabúes de hoy…), la educación de la razón (aprender a argumentar, a descubrir los motivos de vida, a entrever las falacias y sofismas que nos presenta la sociedad actual por doquier…), la cultura de lo transcendente (el hecho religioso, la vinculación del ser humano con lo divino o su desvinculación ha de encontrar su lugar en la escuela, en toda escuela) el aprendizaje de lo experiencial (el conocimiento científico y la investigación humana, técnica, biológica, médica…) la destreza en el conocimiento de las emociones propias y del otro son clave para el desarrollo íntegro y equilibrado de la persona humana… 

TODO HOMBRE ES UNA INTEGRAL. En matemáticas, el concepto de integral se define como una suma infinita de infinitos sumandos infinitamente pequeños… ¡Qué difícil es educar! ¡Qué grandes son todos los maestros que logran esculpir en cada alumno el perfil de estos cinco rasgos de la persona humana que he descrito de forma rápida!

Queridos maestros, ¡felices vacaciones!

Imagen de https://pixabay.com/es/bola-de-cristal-bola-reflejo-prado-1485031/