Sábado, 16 de diciembre de 2017

Por esta vez, no vayas a la Cibeles

Leía “La última confidencia del escritor Hugo Mendoza”, de Joaquín Camps, cuando me interrumpió un griterío, que procedía de la antesala de mi balcón: “¡¡¡Campeones, campeones, olé, olé…!!!” (No decían campeones, voceaban otra palabra). Me asomé al balcón, rogué silencio y pregunté: ¿Qué celebráis?

-¡¡¡Hemos ganado, hemos ganado…!!! Las banderas mecían acariciadas por la brisa suave de la noche. El personal, enfervorizado, seguía con el grito de guerra, de triunfo y de exaltación popular.  A duras penas, conseguí acallar el alboroto, y dar mi veredicto: ¡Hermanos, hemos quedado los primeros, pero no hemos ganado la liga: no hemos logrado los puntos necesarios, conque no ha lugar a que vayamos a la Cibeles a rociarnos con sus aguas!

- ¡Este tío nos ha amargado la noche!

No es hora de echar las campanas al vuelo. La noche del domingo y del resto del tiempo son momentos de reflexión. La vida es eso: reflexión, moderación, cordura, prudencia y respeto al contrario: con estos principios, sí se ganan ligas.

Y ha llegado el momento de abandonar los maletines, el amaño de partidos, las marrullerías, los engaños e intimidaciones,  e intentar, con buena voluntad y la verdad sin tapujos, conseguir los puntos imprescindibles para ganar el trofeo, del que tiene que disfrutar el pueblo, el aficionado fiel, el sufridor masoquista, el que peca de demasiado bueno y tolerante, el que no tiene en cuenta los pecados, aunque sean mortales e imperdonables.

Si nos remontamos en el tiempo, habría que repetir: ¿Qué buen vasallo, si hubiese un buen señor!

A los muchachos estos, el pueblo llano y condescendiente les ha brindado una segunda oportunidad, para que escarmienten, maduren y den sentido social a sus compromisos y responsabilidades.

Esperemos que vaya de esta.