Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Sociedad abierta

A diferencia de sociedades cerradas donde la vida pública de los ciudadanos está determinada por el estado y las administraciones públicas, las sociedades abiertas son aquellas donde la vida pública de los ciudadanos está en sus propias manos, en sus propias iniciativas y en sus propias instituciones.

En el modelo básico de la democracia liberal europea, el intervencionismo de las administraciones públicas y el estado puede impedir la espontaneidad y vitalidad de las sociedades. Así lo describió con simplicidad Karl Popper después de la Segunda Guerra Mundial cuando publicó su libro La sociedad abierta y sus enemigos. Aunque era conocido por sus trabajos en filosofía de la ciencia, con la publicación de este ensayo no sólo iniciaba su trayectoria en la filosofía moral y política, sino que se convertiría en una referencia básica en el liberalismo de la posguerra. Esto lo saben los socialistas españoles más ilustrados cuando Felipe González nombró Ministro de Economía a Miguel Boyer, un socialista popperiano que promovió e impulsó el liberalismo económico, político y social.
 
Aunque el PSOE histórico no asimiló bien este nombramiento, sus votantes lo agradecieron y el partido integró este liberalismo económico porque sabía que se alimentaba de un liberalismo político al que ellos, tradicionalmente, habían dado la espalda. Con ello, un partido que mayoritariamente había promovido una sociedad cerrada consolidaba su compromiso con una sociedad abierta. A partir de entonces, los grandes cerebros del socialismo español no se avergonzaban de promover un socialismo liberal. Esta expresión les gustaba más que la del “liberalismo social” que habían manejado los democristianos o socialcristianos europeos.
 

La expresión de socialismo liberal ha desparecido progresivamente de los programas y discursos porque los nuevos líderes socialistas no quieren perderse en las turbulentas y oscuras aguas del liberalismo. Prefieren reivindicar la socialdemocracia, en lugar de clarificar sus deudas con cierta tradición liberal. Y en esta reivindicación, los grupos de tradición estalinista, anti-liberal y bolivariana, están a punto de asaltar los cielos del socialismo democrático español. Aunque aparezcan con la piel de cordero del populismo emocional, su reivindicación de la socialdemocracia es cosmética, ocasional y oportunista. Por una razón muy sencilla: promueven sociedades cerradas y desprecian sociedades abiertas. A los líderes de estas tradiciones populistas les preocupa muy poco los mimbres morales de la sociedad, solo quieren todo el poder. A nosotros como ciudadanos debería preocuparnos esta encrucijada donde el liberalismo de Popper ha sido sustituido por el comunismo de Gramsci.