Lunes, 11 de diciembre de 2017

Otra de elecciones

He de decir, así de primeras, que la tarde-noche electoral y veraniega ha sido apasionante. Tengo esa sensación de que uno iba a ver una película sosona y demasiado predecible, y al final me ha sorprendido, no quizás por la calidad pero sí por los giros dramáticos.

Primero, incontestable victoria del Partido Popular. Segundo, ganar, lo que se dice ganar lo conseguirá, así de primeras, quien alcance los deseados 176 escaños. Tercero, lo de nuestra ley electoral es de traca, y no es la primera vez que lo tecleo, que se lo digan al castañazo que se ha dado Rivera. Cuarto, el sorpasso se ha quedado en una venerable profesa agustina de nuestra señora de la consolación de origen transalpino.

En términos nacionales creo que ha ganado el discurso fulero y elemental del miedo. Una prédica totalmente táctica que se ha tornado especialmente efectiva. Cocinada y construida con encuestas, tertulias, mensajes y tendencias que han tapado propuestas,  llevándonos a una polarización impostada en la que el PP ha sacado petróleo, eso si, con la inestimable ayuda de la “pérfida Albión” y su “brexit”. Que ha actuado como eyector inestimable.

¿Porque digo esto? Porque el peligro, aunque está ahí, era de tercera. Y me temo que lo sabían.

Ahora el mandato es tan claro como la victoria. Un mandamiento transparente que aumenta escaños para los populares, pero los mantienen en la misma posición anterior, sigue necesitando lo mismo para gobernar. Al PSOE , o un "ménage á trois, quatre o cinq” con Ciudadanos y alguien que le de siete escaños. Pero no olviden que PP más Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria estarían a un escaño, o una abstención, de gobernar.

Mi duda es si Rajoy hará efectivo su éxito electoral intentando el gobierno con proactividad, o pasara turno de nuevo. Pienso que no debía haberlo hecho antes, así que  ahora mucho, le toca señor Rajoy.

Ganar sirve para tomar decisiones, coger el toro por los cuernos ,dar y buscar opciones y presentar soluciones para que España y los españoles tengan gobierno de una santa vez.

También creo firmemente que es momento, con el subidón, el refuerzo y la confianza para pegarle el meneo que el partido necesita, porque no sé si habrá más oportunidades de demostrar que uno no es resultadista si no moralista. Tener claro de donde vienen la victoria y que cosas hay que extirpar. Porque si algunos piensan que Bárcenas les llevó a los 123 escaños hace seis meses, ahora deberían reconocer que ha sido Pablo Iglesias quien les ha aupado a los 137 sillones.

El PSOE acaba reforzado con los peores resultados de la historia de su partido, curioso ¿no creen? Ni le ha castigado vilmente el intentar gobernar, ni la base socialista de este país era tan endeble como nos han hecho creer.

Sánchez respirará soso y tranquilo a la vez. Aguanta el tirón, sigue siendo el segundo, es el “amo del calabozo” y de paso Susana Díaz ha “palmado” frente al Partido Popular andaluz (20 a 23 escaños), Sánchez gana por partida doble o triple tocando fondo, un ejemplo monumental de lo que es ganar en la derrota. Pero lo más importante es que tiene la decisión en sus manos. La de dilucidar que quiere ser de mayor, un social demócrata de verdad, a la alemana. O irse a la esquina izquierda y reafirmarse en el sectarismo inquinoso de Carmena, Colau, Kichi  u Oltra.

Mientras, Unidos Podemos podía llamarse Unidos lo mismo, o uno más uno igual a dos. Pretendían modificar la ley de la aritmética y que en vez de dos la suma les diera veintidós.

Les venía bien la táctica de los extremos porque les ponía en el centro del debate, pero se quedó en eso, en un escaparate opaco. Es cierto que su progresión es espectacular, que se manejan como nadie en el ruedo, pero les ha sobrado aire en el pecho. Y es que al final el rancio comunismo camuflado no reina como segundo, pero su esperanza proletaria de asaltar la Moncloa está ahí, solo que  pasa la varita del  PSOE y los nacionalistas.

A pesar de todo, de los morados me ha gustado una cosa, y no es la primera vez. Que cuando no ganan, o no se cumple con lo esperado lo dicen. No se andan con victorias patéticas, y apelan a la reflexión.

Ciudadanos ha sido el gran fracaso. Castigados por la inmisericorde ley electoral (ocho escaños perdidos que equivalen a un 0.9% de votos menos, demasiada hemorragia). Además los naranjas han pagado entre gran parte de su electorado su pacto con el PSOE. No han sido capaces de dimensionar que ese votante popular desencantado que les apoya tiene el límite en la izquierda y por ahí no pasa, han pagado con intereses el voto prestado. Aún así son imprescindibles para el Partido Popular. Bien como catalizadores hacia el apoyo socialista o por si mismos sumando con vascos, canarios y populares.

Veremos si cumplen o varían su “con el PP si, con Rajoy no” o tiran de responsabilidad y oyen el canto de la urnas. El discurso popular del miedo les ha dado de lleno calificándolos de inútiles en la contienda. Aunque no deben ser tan inútiles para apuntalar numerosos gobiernos locales y autonómicos, ahí si son útiles... Pero no sé porque pero a Rivera parece que se hacen largas las campañas electorales, es lo que tiene la moderación. Se han quedado silbando entre el fuego cruzado.

Una clave importante serán los nacionalistas, sobre todo los vascos. Que con unas elecciones en octubre y superados por Podemos, medirán muy bien sus cinco apoyos. De las demás periferias autonómicas sabemos que estarán con cualquiera que no sea el Partido Popular y suman veinte.

Pero en todo esto ha habido un gran bluf. Un “sindiós” que ya es costumbre y cada vez arma electoral más determinante.

¿Cómo es posible que profesionales de la prospección sociológica, del estudio electoral. Muy bien pagado, por cierto. Coincidan tanto en la previa y se columpien de esta manera en los resultados?

O a los españoles nos gusta tanto mentir a un encuestador como una buena siesta, o aquí hay gato encerrado. Ahí lo dejo.

Creo que el batacazo de las expectativas ha sido un gran protagonista de esta campaña y que ha condicionado de manera fundamental el voto.

¿Y a partir de ahora, que? ¿Habrá acuerdo? Debería haberlo cuanto antes, ya hemos perdido seis meses. Seguro que será distinto, con un Partido Popular de otra manera. No solo por la claridad del mandato ciudadano, también porque los populares  no pueden permitirse unas nuevas elecciones, sería quizás arriesgar demasiado. Porque ya saben que mejor pájaro en mano que ciento volando, o si lo prefieren, haced poleadas y ahorraréis hogazas.

No debo terminar, aunque hoy se me vayan las líneas, sin hablar de Salamanca.

Nuestra provincia ha hecho una oda al bipartidismo dando al Partido Popular un tercer diputado difícil de conseguir, pero alcanzado con las mismas claves con las que se ha jugado el partido a nivel nacional.

La cosa se mascaba, más que nada por el despliegue de líderes nacionales populares por la provincia, no ha faltado ninguno. Aquí las “desencuestas” hablaban de un diputado en pugna entre Podemos y Ciudadanos, una alerta que ha reafirmado el discurso del muro de contención. ¿Resultado? Votos que vuelven de Ciudadanos (sobre los mil) y  abstencionistas populares en lo local movidos por el miedo nacional.

Con menos charros yendo a votar (algo más de siete mil) que hace seis meses, y más abstencionistas (poco más de seis mil). El Partido Popular ha sido el único que ha subido en votos, casi ocho mil.  Pero lo más importante es que ha triplicado en porcentaje de votos a Ciudadanos y se ha quedado con su escaño, otra vez la ley electoral… Los naranjas apenas han bajado un punto en porcentaje de voto pero ha bastado para perder el sillón en el congreso.

El tercer escaño popular se ha dado históricamente en condiciones de mayoría absoluta nacional, pero no siendo este el caso,  la cuestión porcentual ha sido clave.

Y si me permiten, yo también creo que el candidato influye. Y aquí en la cercanía, el bueno de Bienve, tercero en la lista popular, gana por goleada a candidatos más “alejados” como el de Ciudadanos o Podemos.

Creo que ya está bien por hoy, que así a bote pronto no doy para mucho más. Voy a ver si se me quita el canguelo del chavismo del cuerpo, que ya habrá tiempo para análisis más sesudos.