Lunes, 11 de diciembre de 2017

Votando lo que nos da la soberana gana

A mí mi señora madre me enseñó que era de mala educación preguntarle a uno qué iba a votar. Y es que los votantes tienen ideología o simpatías. Al que tiene ideología solo le falta pedirle el voto a la familia, al que tiene simpatías, esconderlo hasta de sus íntimos porque vota con poco convencimiento o con resignación cristiana. Es decir, como todos son iguales, vamos a los de siempre, que ya sabemos cómo respiran. Lo cierto es que el pueblo español así, casi en bloque, ha votado lo que le ha dado la soberana gana y se ha pasado las encuestas por ahí. Es más, estoy convencida de que no nos gusta el triunfalismo más que en el fútbol, por eso en vez de votar a favor de o a votamos contra… y es que las preposición es son muy traicioneras, y las simpatías más. A mí me ha crecido la poca que le otorgaba a Pedro Sánchez, lo reconozco, soy más de Madina, pero viendo cómo ha sudado la camiseta esta última campaña, uno hasta se lo piensa. Y qué decir de la ponderación y el saber estar de Garzón, vamos, que yo hubiera hecho un remix que ni la presidenta en funciones haciendo prácticas de DJ por si tiene que dejar la Moncloa y no le apetece volver al funcionariado o estrenar su respectiva puerta giratoria.

         En este país somos prepotentes y lo criticamos. Sabemos alienar equipos de fútbol y votamos lo que nos da la gana sin contárselo a nadie. Debe ser que nos gusta la sorpresa y a veces, castigamos al que nos hace gracia porque nos cansamos de oírle bobada y media. Con nosotros es difícil hacer predicciones, la verdad, y menos, encuestas. Por eso nos metemos en la cabina de las papeletas como si esta fuera la de porno duro y salimos con el sobre bien cerrado, por si acaso te asaltan a pie de urna y te hacen una encuesta, que te dé tiempo a mentir. Que somos muy nuestros, vamos, no castigamos la corrupción, sino quizás la gracieta que ya nos cansa; no consentimos ni la posibilidad de un referéndum de independencia y más ahora con esto del Brexit, que las urnas las carga el diablo. Es decir, que estamos un poco al verlas venir y que, si no tienes una consolidada ideología, te lo piensas un mínimo y hala, a darte la vuelta dejando la urna ahí, llena de esperanzas de cambio, de falta de soluciones, de carencias y miedos. Y te marchas. O quizás has meditado muy bien tu decisión y sales de casa con la lección bien aprendida, con convicción y hasta con esperanza… y luego, pasa lo que pasa. Que en este país no hay quien haga una encuesta fiable, carajo. Y ni falta que nos hace.