Martes, 12 de diciembre de 2017

Elecciones, algo ha cambiado

Muchos han repetido desde hace horas, escribo a las 11 de la noche, que para este viaje no hacían falta alforjas. Y hay razones para acudir a este dicho tan nuestro y tan viejo, pero no me parece del todo exacto, porque aunque parezca que todo ha salido más o menos igual sin embargo el resultado no es el mismo y hay diferencias sustanciales.

Lo resumo en dos razones. Una, de mucho peso y que irá a más en los tiempos que vienen; es la tormenta europea que se viene formando hace tiempo y que acaba de provocar el Brexit, una salida demoledora para casi todo, y que ha constituido sin duda, conscientemente o por ley de gravedad, un elemento nuevo y grave para la decisión de muchos votantes. Es una alarma que llama a la moderación  política, al rigor económico y a mayor conciencia ciudadana al tomar postura y dar los votos. No se puede jugar medio alegremente con cosas medio serias. El contexto decide en buena parte el sentido de cualquier frase y de cualquier acontecimiento. Esto se ha notado y con fuerza en los resultados.

La segunda razón está más repartida pero es consistente. Izquierda Unida asiste a las consecuencias de su error táctico, Podemos y sus Confluencias han visto cortadas sus expectativas hasta nivel de fracaso electoral, el Partido Socialista salva los muebles pero se le cae medio palacio, Ciudadanos se queda en la orilla como notable perdedor, el Partido Popular da un tirón (docena y media más de escaños) que le convierte en verdadero vencedor  a distancia en número de votos y en número de escaños; además de la mayoría absoluta en el Senado.

La situación tiene muchos matices nuevos y quizás no ha sido tan inútil la repetición de las elecciones. Porque queda algo más abierta la posibilidad de gobierno, siempre sobre la base del PP, tanto si se llega a un tripartito como si se arriesgan el PP y Ciudadanos a intentar, con ayudas vascas o de donde sea, la formación de un gobierno estable. La viabilidad está servida. Señores políticos, es su turno.

Estas dos posibilidades son hoy relativamente posibles para unos gobernantes responsables, con cintura mental y sentimental, con miras más allá del partido y con conciencia de estado. Creo recordar lo que le dijo Felipe González a Pujol que le prometía su apoyo para gobernar por encima del PP: España es más grande que todo esto, más o menos si no recuerdo mal. Pues eso.

Y no me parece ni razonable ni posible el otro tripartito entre Unidos Podemos (con el marxismo no declarado pero confesado de Podemos), Partido Socialista (una izquierda moderada que se acomoda bien en zonas de centro) y Ciudadanos (entre el centro y la derecha y a años luz del otro extremo). Si hubiera acuerdo nacería muerto. Y lo mismo sucedería si recurrieran a los partidos nacionalistas en vez de a Ciudadanos. No estamos para perder tiempo y lucidez con estos ensayos para nada. De todas formas es inimaginable la presión que habrá, en distintas direcciones, sobre el candidato del Partido socialista  en las jornadas que se avecinan.

Y en todo caso estos tiempos que ya están y que se ven venir son, necesariamente, tiempos de diálogo, de consenso, de saber estar y saber ser, de mirar más allá y más alto que las propias lindes de partido. Los retos están ahí, al alcance: un gobierno consensuado y estable, reformas constitucionales pendientes, la cuestión de las autonomías todavía no planteada abiertamente y de forma positiva, una ley de educación estable, la reforma fiscal, la defensa de los niveles más bajos y la protección de las clases medias, etc…

Los ciudadanos, aun con la participación en voto más baja de nuestra historia democrática, tenemos derecho a unos gobernantes, solventes, honestos, responsables y eficaces. Y exigimos que se nos cumpla, ¡ya!, ese derecho a ser gobernados como debemos y nos merecemos.